Celebración de cumple (Parte III)

Buenos días de miércoles!

Hoy traigo la tercera y última parte de la celebración de cumple de Pequeño G.

Cómo ya os adelanté la semana pasada, el sábado quedamos a tomar algo por la tarde con nuestros amigos, con aquellos a los que consideramos “cuasi-tíos” de Pequeño G: con mis Amigas del Alma, que ya os presenté aquí, (todas salvo una, que es la que vive en el extranjero) y con otros amigos, no tan del alma, pero amigos también, estos últimos, con hijos.

Habíamos quedado por la tarde para tomar algo en un pueblecito a las afueras de Madrid, y, por supuesto, llegamos tarde. Pero cuando digo tarde, digo tarde tarde. Yo nunca es que haya sido muy puntual, no, para mí, al igual que para Einstein, el tiempo siempre ha sido relativo, y salvo para llegar a clase, exámenes, trabajo, y demás citas donde la relatividad del tiempo no es excusa, para el resto de momentos de mi vida, siempre he llegado un poco a mi aire cuando he ido pudiendo/queriendo.

Esta vez no iba a ser menos: entre la teoría de la relatividad del tiempo que vengo aplicando desde que soy persona y que una cuando una es madre y va con su bebé a algún lado la hora no está asegurada nunca, pues llegamos bastante más tarde de lo previsto, pero bueno, mis Amigas del Alma me lo entienden y consienten todo! Cuánto valen!

Ese día puse a Pequeño G. de estreno con ropita nueva que le compré el martes pasado, es de Gocco, una firma cuyo estilo me encanta, ya colgué una foto en Instagram del correspondiente modelito.

Cuando llegamos, primero dimos una vuelta para ver el pueblito y charlar un poco (sí, cuando los niños están en el carro y el carro en movimiento es el único momento de los adultos para hablar de algo que no sea niños) y después nos sentamos en una terraza a tomar algo, así es que en esta ocasión no hubo tarta ni velas, simplemente quisimos tomarnos algo juntos, y qué mejor excusa que esta para vernos?

Pequeño G. se portó fenomenal! Estuvo jugando muy contento, con el hijo de nuestros otros amigos y con sus juguetes, que tenemos por costumbre llevarlos a todas partes, además, abrió sus regalos (con mi ayuda, obviamente), y, que todo sea dicho, le gustó más el papel de envolver que los regalos en sí.

La fiesta acabó antes de lo que nos hubiera gustado porque estuvimos en una terraza, y ya a medida que se iba acabando la tarde, iba refrescando cada vez más, así es que decidimos recogernos relativamente pronto.

Cuando llegamos a casa, le bañamos, cenó, jugamos un rato, y a dormir! Con esto dimos por concluido sí que sí el cumple de mi Pequeño G! Ya tiene un añito!!!!!!

Ánimo con la otra mitad de la semana! Ya no queda nada!!

Nos leemos pronto!

Mamá G.

Reto Supermami: cosas que cambian tras la maternidad.

supermami_

Buenos días! Hoy vengo con el reto que acepté el viernes pasado y que nos proponía Liela de Desde Tú. Aquí lo tenéis.

El reto consiste en escribir un post contando qué es lo que ha cambiado en nuestra vida una vez que hemos sido mamás (para el caso de las que lo somos) y qué es lo que creen que va a cambiar para el caso de las que aún no lo son.

Pues bien, en mi caso, suscribo todas y cada una de las cosas contadas por Desde Tú y por Almademami que se sumó al reto ayer, y además añado las siguientes:

  1. Dormir del tirón: Desde hace algo más de 12 meses que Pequeño G. llegó, no duermo del tirón. Ya comenté aquí que no sabía si era por la lactancia materna o no, pero el caso es que es bastante bebé todavía y se sigue levantando a por su ración de teta un par de veces cada noche, por lo tanto, eso de levantarte después de dormir 13 horas y juntar el desayuno con la comida…se acabó!
  2. Ver una peli seguida después de cenar: si dormir del tirón lo echo de menos esto ya lo echo muuucho de menos. Me encanta el cine, y siempre he sido de las que después de cenar se ponían una peli mientras me tomaba mis cereales con leche que tanto me encantan. Pues bien, esta estampa ha pasado a mejor vida, y es que, como contaba aquí, Pequeño G. es de naturaleza trasnochadora, por lo que, normalmente, después de cenar, todavía tiene cuerda para rato, así es que hemos sustituido las pelis por los cuentos, los coches y las carreras por el pasillo detrás del campeón de los 100 metros lisos en gateo.
  3. Leer: Ya sabéis que me encanta leer. De toda la vida me he devorado libros uno tras otro. Tengo mis géneros favoritos, pero no creas que he sido muy exquisita, he leído de todo. Pues desde hace un año estoy estancadísima. No leo nada de nada. A veces, ingenua de mí, hago el intento, cojo un libro y a los dos minutos de reloj, mis ojos se han caído. Estoy roncando casi…y es que estoy muerta del sueño, no puedo leer, y lo poco que leo ahora se centra en la crianza.
  4. Ir al cine: esto se puede hacer extensible a cualquier otra actividad, ir al teatro, ir a un museo, ir de compras para una misma…y es que Pequeño G. hasta ahora ha sido muy bebé y no he podido hacer nada de esto. Cuando yo estaba de baja, no me he podido ir al cine y dejarlo porque si pedía teta ¿qué? Y ahora que no estoy de baja no le dejo con nadie los findes porque son mis dos días para disfrutar al 100% de él, por lo que, en definitiva, la última peli que vi en el cine es El Niño, el día de nuestro primer aniversario de boda, embarazada yo de 37 semanas…
  5. Cocinar algo elaborado: ayyyy esto también lo echo de menos! Me encanta cocinar, me encanta inventar cosas nuevas, hacer platos que no había hecho antes, tengo mis libros de cocina, tengo mi cocina, tengo todo, pero no tengo tiempo para hacer nada. Veréis, yo trabajo durante todo el día fuera de casa, y cuando llego, ya bastante tarde, no me da tiempo más que para bañar a Pequeño G., darle sus cereales, y darle la teta, cuando acabo de hacer estas tres actividades ya es la hora de cenar de los adultos, por lo que no me voy a poner a hacer nada, primero porque Pequeño G. sigue despierto y me gusta jugar con él, ya que durante el día no estamos juntos, y segundo porque nos pondríamos a cenar a las 12, algo que no es viable, así que nuestras cenas son de lo más ligeras y simples.
  6. Monotema, yo??: sí sí, no me digáis que no! Nos hemos convertido en las petardas que antes mirábamos como diciendo…y esta pesada no tiene otra cosa en su vida para que sólo hable de sus hijos? Exacto, desde que te conviertes en mamá sólo hablas de tus hijos (hay raras excepciones, pero vamos a generalizar) y es que quedas con alguien (ja! nunca quedas con alguien) o hablas por teléfono con alguien, y el tema se centra en más de un 70% en tu hijo.
  7. Tener todo: no existe esto. Es una ficción. Cuando ves en las pelis americanas a una mamá mega rubia con el pelo planchado y fijado con laca, alta, delgada, vestida con un traje ajustado de falda lápiz y americana a juego de Armani Prive, unos stilettos Louboutin y una manicura francesa perfecta en sus delicadas y cuidadas manos con las que sujetan una taza rebosante de café humeante y un iPhone con el que no para de atender llamadas de la oficina porque es una súper mega ejecutiva imprescindible sin la cual la empresa no toma ni una decisión, pero luego llega a buscar al colegio a sus hijos, a llevarles a sus actividades extraescolares, a preparar una cena riquísima, a cenar todos en familia, a acostar a sus maravillosos hijos, a estar en el sofá abrazada a su marido (que suele ser un buenorro de libro) junto a una chimenea humeante, y a acostarse a las 10 de la noche. Esto es lo que vemos en las pelis, y la realidad es otra muuuuuuuy distinta, la realidad la forjas a base de decisiones. ¿Quieres ser una mega ejecutiva brillante? No verás a tus hijos más que en las fotos del móvil que te las irá mandando quien se quede a su cuidado. ¿Quieres recoger a tus hijos del cole y llevarles a sus actividades extraescolares y hacerles la cena? Pues no serás ninguna mega ejecutiva agresiva, y así sucesivamente. La maternidad es una elección ya de por sí, y su desempeño conlleva elecciones también. Triste, pero cierto.
  8. Los abrazos mañaneros: oye, pero no todo van a ser cosas que he dejado de hacer, porque la vida te cambia para mejor, y porque estar profundamente dormida y que antes del despertador oigas a Pequeño G. en su cuna hablándote y extendiendo su mano para tocarte la cara…eso sí que paga todo lo que dejas de poder hacer. Todas las mañanas lo cojo y lo meto en la cama con nosotros un rato hasta que suena el despertador, y desde luego, es mi rato favorito del día, que los fines de semana dura mucho más.

Muchas gracias a Desde Tú por iniciativas como esta, y que paséis un día estupendo!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

La magia de la maternidad

Buenos días! Lunes again…Pero hoy, para darle al lunes un toque bonito vengo con una historia que me ha llegado al corazón, la historia de Amel.

La contaron en la radio el viernes pasado y ha salido en los periódicos, así que imagino que no estoy contando nada nuevo, pero dejadme, por favor, que la recuerde, porque merece un hueco en un blog dedicado a la maternidad.

Yo iba en el coche, de camino a casa, después de trabajar y la escuché en la radio, me quedé muda, con lágrimas en los ojos, entonces lo apunté en mi libretita de El día que llegaste para que no se me olvidara escribir sobre ello.

Según contaron, el 18 de septiembre hubo un ataque aéreo en la ciudad de Alepo, Siria (Alepo: una de las ciudades más antiguas de Siria y con más referentes culturales, hay textos históricos de 1.800 a.C que ya la mencionan, una pena destruir lugares como este, llenos de historia, y privar de ellos a las generaciones venideras. Para que os hagáis una idea del background cultural de esta ciudad, Alepo ha estado ocupada por asirios, persos, griegos, ha formado parte del Imperio Romano y posteriormente del Imperio Bizantino, hasta que pasó a manos de Saladino y perteneció a los árabes hasta ser conquistada por los mongoles, más tarde perteneció al Imperio Otomano…fue nombrada capital de la cultura islámica en el año 2006. Ahora mismo está destruyéndose.)

Pues bien, dicho bombardeo llegó a la casa de Amira. Tanto ella, como tres de sus hijos, resultaron heridos, así es que les trasladaron a un hospital cercano. El pequeño detalle es que Amira estaba embarazada de 9 meses y comenzó a sangrar como consecuencia de las heridas.

Le practicaron una cesárea de urgencia. La sorpresa de todo el mundo fue mayúscula: la bebé, a la que pusieron el nombre de Amel, “esperanza” en árabe, nació con una herida de metralla en la frente, justo encima de su ceja izquierda. La metralla había atravesado el vientre y el útero de Amira y había llegado, ya con muy poca fuerza, a la frente de Amel.

Decían en la radio que los médicos se preguntaban quién de las dos había salvado la vida de quién. El caso es que por separado, hubieran muerto. Si la metralla alcanza la cabeza de Amel, si no llega a estar en el útero de Amira, hubiera muerto, e igualmente, si Amira no llega a tener a Amel en su barriga, la metralla le habría alcanzado un órgano vital y probablemente hubiera muerto.

Y aquí se demuestra, en mi opinión, cómo la maternidad tiene mucho de mágico, y cómo los lazos que unen a la mamá y al bebé desde el útero son invisibles pero fuertes y de por vida.

Yo no creo en las casualidades, para mí todo lo que llamamos casualidad es una lección que la vida quiere darnos, una enseñanza, algo por lo que quiere llamar nuestra atención y que estemos alertas. Desde mi punto de vista, el caso de Amira y Amel es una de esas lecciones que nos da la vida, o que nos recuerda más bien: la magia de la maternidad.

¿No os parece preciosa? ¿La habíais escuchado?

Mañana me sumo al reto que Desde Tú propuso el viernes!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

¿Será por la lactancia materna?

Ay amigas…sí! Literalmente no puedo más. Pero nada de nada más. Me voy arrastrando por las esquinitas…

No puedo tener más sueño, y hoy quiero saber si os ocurre lo mismo o es cosa únicamente mía.

Os cuento. Pequeño G. no duerme del tirón de nunca de los nuncas, sólo hace mucho tiempo, cuando era bebé empezó una racha en que dormía unas 6 o 7 horas seguidas. Yo era feliz. Pero claro, dicha racha acabó. Y es que yo me reincorporé al trabajo después de mi baja y Pequeño G. parece que lo olió y dijo: “ah, que no estamos juntos durante el día, pues estaremos durante la noche”, y dicho y hecho. Desde entonces, Pequeño G. no duerme de un tirón, su media es despertarse cada 3 horas aproximadamente. A veces más horas, a veces menos horas, pero por lo general, son 3 las que aguanta dormido sin despertarse a comer.

Cuando se despierta, lo hace medio dormido, y es sólo para comer, así que le pongo en la teta, y en cuanto come los dos pechos le vuelvo a poner en su cuna porque está roque ya.

Significa ello que la interrupción de mi sueño no es muy severa, es cuestión de 10 o 15 minutos y no tengo que hacer nada que conlleve un esfuerzo, pero despertarte un par de veces o tres durante la noche, aun siendo poca la interrupción, durante un año seguido, hace que una empiece a notar sus efectos…

Los hijos de mis compis del trabajo duermen del tirón todos, y todos han acabado ya con la lactancia materna, o han sido criados sin ella. Por lo que me hace intuir que nosotros seguimos como seguimos por el “enganche” de la teta.

Y aquí es donde necesito vuestra opinión. ¿Estoy en lo cierto? ¿Significa esto que mientras sigamos con la lactancia materna seguiremos sin dormir seguido?

Os agradezco enormemente cualquier contribución para esclarecer el asunto!

Y con esto y un bizcocho, me despido hasta el lunes. Pasad un finde estupendo, y disfrutad cada momento!! Un beso fuerte!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

La salida de los dientes

Ayyyyssss, qué dura es!

Hasta ahora, nunca nos hemos enterado prácticamente de cuándo le salían los dientes a Pequeño G. Y es que ha sido un bendito, de bebé babeaba algo más cuando le iban a salir y punto, ni se me ha quejado, ni le ha dado fiebre, ni nada de nada.

Comparado con los hijos de otras compis mías, mi bebé siempre ha sido más bueno que el pan! Hasta ahora!

Ahora sí nos estamos enterando bien. Dos motivos:

  1. Rabia contenida. Mi pobre bebé está tan tranquilo y de repente coge el primer objeto que tiene a mano (oh, casualidad de la vida suele ser mi hombro – como veis nunca está en brazos vaya…) y le pega el mordisco más grande que podáis imaginar, acompañado de un gruñido digno de un dinosaurio.
  2. Irritabilidad. A Pequeño G. se le nota cuándo está dolorido con sus dientes porque llora de repente por cualquier cosa, está más irritable, sin venir a cuento. De repente está jugando y zasca, empieza a llorar, aunque le dure un microsegundo el llanto.

El caso es que ya llevamos un tiempo así, los colmillos ya le han roto las encías y seguimos así todavía.

Por lo que he estado leyendo por ahí, es un proceso que depende del niño, pero puede durar hasta que tienen toda la boca completa!!! ¿¿¿¿Qué???? Mi pobre bebé así hasta que tenga la boca completa?

Dicen que si los dientes nos salieran ya siendo adultos sería insoportable el dolor, así es que imagino la que tiene que estar pasando…y la verdad es que da mucho coraje ver al pobre con esa rabia queriendo morder lo que sea con tal de aliviarse.

¿Cómo llevan la salida de los dientes vuestros niños? ¿Hasta cuándo han estado así? ¿Dura tanto como he leído?

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Crisis de lactancia

Hola!

Llegados al ecuador de la semana y superadas las dos primeras entregas de la trilogía “Celebración de cumple”, hoy os traigo otro tema: una crisis de lactancia.

Este fin de semana que hemos estado en casa de mis suegros nos ha acontecido una crisis de lactancia, bueno en realidad empezó el viernes aquí en los madriles.

Ya antes habíamos pasado por esto, y no ha supuesto nunca el fin de nuestra lactancia, pero ahora me ha preocupado especialmente porque en las anteriores crisis, Pequeño G. se alimentaba de manera exclusiva con la lactancia materna, sin embargo ahora ya come muchas más cosas y ya tiene un año, así que me da qué pensar…

Yo siempre he dicho que no quiero un destete impuesto por mí, que el destete sería espontáneo y llegaría cuando Pequeño G. decida un día que no quiera más teta. Pero el problema es que no quiero que llegue!!

Se nos llena la boca diciendo todo lo que nuestros hijos hacen, aprenden, dicen, y muchas veces, cuando otras mamás te cuentan lo que hacen los suyos que ya son algo más mayores, piensas, ay, a ver cuándo gatea y se mueve sólo por ahí, ay a ver cuándo anda, a ver cuándo habla…y no nos damos cuenta (o si nos damos pero no lo queremos pensar mucho) de que cada cosa nueva que van haciendo, les hace cada vez más autónomos y hace que cada vez nos vayan necesitando para menos cosas.

De alguna forma, la lactancia, para mí, supone que seguimos unidos como mamá y bebé, no como una mamá y un niño mayor, de alguna manera, en mi cabeza pienso que mientras tengamos la teta en común, esa etapa de bebé no acabará.

Y angustias y melancólica que es una de naturaleza, eso es lo que corría por mi cabeza desde que comenzó nuestra crisis de la lactancia.

Ya comenté aquí que Pequeño G. toma teta después de cada comida, soy yo la que se la ofrezco, porque, salvo que esté muy cansado él no la suele pedir, y él la acepta gustosamente. Cuando acabamos con un pecho, se inquieta un poco y te gruñe hasta que le das el segundo y se queda tan tranquilo.

Pues bien, desde el viernes me está haciendo la de negarse a tomar teta cuando yo se la ofrezco, y cuando la coge, toma un poco y enseguida se retira y desde luego no quiere la otra. Sólo cuando está cansado o ha comido menos es cuando pide teta y la acepta tan gustoso.

Ya os digo que no ha sido la primera vez que me hace esto. Ya hemos pasado por este tipo de situaciones antes, así es que espero que todo esto quede en una crisis, que acaba pasando, y volvamos a ser los de siempre con nuestra lactancia.

¿Habéis tenido crisis de lactancia vosotras? ¿Cuánto han durado? ¿Ha vuelto todo a la normalidad?

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Celebración de cumple (Parte II)

Buenos días de martes! Que ni te cases ni te embarques (seguro que estaba en los planes de todos nosotros al menos una de las dos opciones…vaya con el refranero español…).

Hoy vengo a contaros la segunda celebración del cumple de Pequeño G., que tuvo lugar el sábado, y es que el viernes por la tarde cogimos un avión rumbo a casa de mis suegros. Llegamos por la noche, pero aun así nos dio tiempo a bañar a Pequeño G., darle de cenar y cenar nosotros en familia charlando un rato.

El sábado no madrugamos porque Pequeño G. no madrugó y yo me sumé a su causa…desayunamos, y dedicamos toda la mañana a jugar, a explorar los juguetes de Papá G. de cuando era pequeño, que no tenía fichados, y a flipar con el acuario lleno de peces de colores que hay en el salón. Después comimos, y tras la siesta de Pequeño G., comenzó la fiesta.

Vinieron dos amigos de la infancia de Papá G., más mis suegros, la mamá de mi suegra y mi cuñado. Pasamos un rato genial. Todos los regalos estaban colocados en la mesa (parecía Navidad) y, de nuevo, cámara en mano, Pequeño G. fue abriendo todos.

Hubo regalos geniales (cuentos que a mí me encantan) pero el que más me encantó fue un burrito de peluche, traído de Córcega, donde trabaja uno de los amigos de Papá G. Nada más abrirlo, a Pequeño G. se le iluminó la carita, y le dedicó un abrazo y muchas caricias.

Después de los regalos, llegó el momento de la tarta. En el país de Papá G. es muy común celebrar los cumpleaños, bautizos, comuniones, bodas, y demás festejos, con lo que llaman una “Pièce montée”. Para que nos entendamos, viene a ser como una pirámide de una especie de profiteroles (llamados “choux”), rellenos de una crema algo especial, que no es exactamente crema pastelera pero se parece mucho y tiene un ligero sabor a vainilla, por fuera están bañados con glaseado de caramelo.

En esta ocasión fue mi suegra quien encargó una para Pequeño G. Como veis en la foto, estaba preciosa decorada, con su nombre escrito en un corazón almendrado y caramelizado bien rico que decía “Feliz cumpleaños”. ¡Nos encantó!

Preciosa! - El día que llegaste.
Preciosa! – El día que llegaste.

Mi suegra encontró la vela del primer cumpleaños de Papá G. y se la pusimos al lado de la tarta para soplarla, así es que cantamos el cumpleaños feliz y a soplar la vela, como está mandado.

Después de la tarta, fuimos a dar un paseo por el barrio, tomamos un poco el fresco y bajamos la comida, que falta hacía, y ya nos recogimos. Cenamos y a dormir.

El día siguiente hizo un tiempo maravilloso, así que pudimos aprovechar para dar un paseo, ir al parque, y hasta para jugar al ping pong en el jardín después de comer. Lástima que el fin de semana dure tan poco…

Lo hemos pasado genial, Pequeño G. pudo disfrutar de la otra parte de su familia (y ellos de él), y hemos cambiado mucho de aires y desconectado que da gusto!

Prometo no hablar más de cumpleaños hasta el lunes, que cuente la celebración con los amigos!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Celebración de cumple (Parte I)

Hola!!

Vengo con una trilogía: “Celebración de cumple”. Hoy, contaré la que he llamado Parte I, que será la celebración que hicimos el jueves, el mismo día del cumple de Pequeño G. La Parte II vendrá mañana y versa sobre la celebración en casa de la familia de Papá G, que tuvo lugar el sábado. Y la Parte III vendrá la semana que viene porque el sábado celebramos el cumple con nuestros amigos.

Así es que nos situamos en el jueves, ya os conté aquí, que intenté salir todo lo pronto posible para llegar a casa y preparar un poco. Y como siempre que uno anda con prisas, las cosas no salen bien. Así que conseguí llegar a casa a las 20.45 horas, prontísimo!

Habíamos quedado con los invitados (mis padres, mi hermano, mi cuñada, mis tíos, mis primos y mi abuela) a las 21.00. Como veis, llegué con mucho margen.

Así es que empecé por bañar a Pequeño G. (que todavía estaba sin bañar, porque desde que Papá G. lo recogió de casa de Mamá de Mamá G. habían estado jugando con nuestros regalos y hablando con la familia de Papá G. por Skype para felicitarle el cumple).

Cuando lo desvisto para meterle al agua llaman al timbre. Mis tíos y primos. Fenomenal, un gusto bañar a Pequeño G. con público. A los cinco minutos, llega mi abuela, a los diez minutos mi hermano y mi cuñada, a los quince, mis padres, total, que Pequeño G. cenando sus cereales con todo el mundo por ahí ya.

Todo muy ordenado, como veis, y así llegó el momento de abrir los regalos. Como Pequeño G. siente pasión por todo lo que lleve ruedas y haga “brum brum” como él dice, pues todos los regalos versaron sobre eso, desoyendo absolutamente mis “consejos de regalo” que les fui dando cuando me preguntaban. Esta vez primó el ver a Pequeño G. emocionado con un nuevo vehículo motorizado, antes que atender al raciocinio de su madre…

Así es que tuvo una moto para que monte encima y se estampe contra todos los muebles, como está mandado. No le pudieron hacer más feliz, un coche que hace todas las músicas habidas y por haber (no sé dónde vamos a meter tanto vehículo) y varios libros sobre vehículos (para variar), muy interactivos y bastante chulos, que le han encantado!

Además, también colaboraron económicamente, porque ya os conté aquí que lo que nos traemos entre manos ahora es remodelar el cuarto de Pequeño G.

En definitiva, tras la apertura de regalos (veis a Pequeño G. en pijama ya pero luchando contra su propio sueño porque quería jugar con todo lo nuevo) nos pusimos a cenar.

Para la cena, escogimos la pastelería de mi barrio que más nos gusta. Es una pastelería pequeñita, pero realmente merece la pena, encargas con un par de días de antelación lo que quieres y te lo preparan todo fenomenal. Todo muy rico y con una presentación preciosa.

Nosotros encargamos una empanada de atún, unos croissants rellenos (qué buenos estaban, rellenos de salami, chorizo, queso con anchoas, salmón con pepinillo…), unos brioches rellenos de ensaladilla rusa, de ensalada de col y de ensalada de cangrejo y unos mini hojaldres de ternera y de atún.

Estaba todo muy bueno, y los platos quedaron prácticamente vacíos. Cuando acabamos la cena, vino el momento más especial, soplar la vela, su primera vela! Así que, con cámara de video en mano, apagamos la luz y la tarta entró con una velita de un 1 y todos cantamos el cumpleaños feliz.

Al principio no sabía qué pasaba, ni por qué no había luz de repente, ni por qué todos cantábamos a la vez y hasta puso un puchero (mi pobre bebé), pero en cuanto encendimos la luz y todos aplaudimos, se lio a aplaudir con nosotros y a partirse de la risa, así es que repetimos la canción (esta vez con la luz encendida) y cada vez se reía más. Soplamos la vela tres o cuatro veces!

Así dieron las 11 de la noche, y pese a que Pequeño G. estaba animado y por él hubiera seguido una hora más jugando con su moto y su coche y aplaudiendo el cumpleaños feliz, yo decidí llevármelo para acostarle.

Por último nos comimos la tarta a la salud de mi Pequeño G. (el año que viene la comerá él también). La preparó Papá G. por la tarde, era un bizcocho de yogur, que nos encanta, cubierto de chocolate que preparó él mismo también y pusimos unos mini smarties encima escribiendo el nombre de Pequeño G.

Primera tarta de cumple, casera y riquísima! - El día que llegaste.
Primera tarta de cumple, casera y riquísima! – El día que llegaste.

Al final, quedó bastante bien, para el poco tiempo del que dispusimos para prepararlo, y lo más importante, que toda la familia junta pudimos ver a Pequeño G. cumpliendo su primer añito y disfrutando muchísimo con sus regalos!

Mañana os contaré cómo fue la celebración del sábado, en casa de la familia de Papá G.

¿Y vosotros, cómo celebráis los cumples de los más pequeños? ¿Separáis familia y amigos también?

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Los amigos sin hijos

¡Hola!

Hoy quiero hablar sobre esas personas que todos tenemos en nuestras vidas y que a veces padecen comportamientos raros, que a veces hablan idiomas que no entendemos, que a veces frecuentan sitios que no sabíamos que existían, o si lo sabíamos, los habíamos olvidado! Sí, ellos son los amigos sin hijos.

Y es que las amigas que una tiene (Amiga del Alma 1, Amiga del Alma 2 y Amiga del Alma 3) no tienen hijos, ni parece que vayan a tenerlos en un futuro próximo (cosa que me entristece muchísimo porque son mis amigas desde que jugábamos con nuestros nenucos…o sea que una se hace a la idea de que íbamos a tener bebés a la vez, vivir al lado, trabajar en lo mismo, irnos de vacaciones juntas siempre siempre…) y resulta que nada más lejos de la realidad…qué feliz era yo de niña en la ignorancia más absoluta.

Pues resulta que no ha sido así. Ni siquiera hemos estudiado las mismas carreras. De hecho, una de ellas se ha ido a vivir a otra comunidad autónoma (ohhh nooo) siguiendo el trabajo de su pareja y otra a otro país (toma ya).

Os las presento:

Amiga del Alma 1 es la que vive en otra comunidad. Tiene un trabajo más relajado que el mío, llega a casa pronto por la tarde, y vive con su pareja, pero ni están casados ni tienen hijos.

Amiga del Alma 2 vive en mi mismo barrio, su trabajo es también bastante exigente y su horario es infinito también, así que en este punto hablamos el mismo idioma. Tiene pareja pero tampoco tiene hijos ni ganas de tenerlos en un futuro próximo.

Amiga del Alma 3 se marchó hace ya cuatro años a otro país a la aventura. Le salió medio bien y allí sigue. No tiene pareja, ni ganas de tenerla, bastante feliz está ella de un lado para otro con quién le apetece.

Pues bien, aquí las tenéis. Imagino que me creeréis si os digo que las quiero con locura a las tres, que hemos crecido juntas, y que hemos compartido todos los mejores momentos de nuestras vidas (y los menos mejores también), pero el tema es que yo un día decidí quedarme embarazada y tener un hijo.

Ese hecho cambia por completo la perspectiva de vida de una mujer, cambia sus prioridades, y por ende sus problemas (lo que antes era un problema ahora puede que ya no lo sea más y viceversa). Cambia sus horarios, cambia sus hábitos de vida…cambia la vida vaya.

Esto hay quien lo pilla y lo entiende y hay quién no, hay a quien le cuesta más y a quien le cuesta menos.

Ya os digo que con la que mejor me entiendo es con Amiga del Alma 2, siempre son ellos los que hacen el “esfuerzo” de acoplarse a nuestro horario. Amiga del Alma 1 más o menos, a veces te dice algo que a tus oídos les suena a chino mandarín, pero vaya, normalmente bien.

Ahora bien Amiga del Alma 3…no sé si sabe que tengo un hijo. Esta conversación telefónica es verídica, preparando su llegada en verano:

  • Amiga del Alma 3: chicas voy a Madrid del 14 al 21, a ver si organizamos algo.
  • Amiga del Alma 1, Amiga del Alma 2 y yo misma: vale sí sí genial.
  • Amiga del Alma 3: es que había pensado en que deberíamos irnos a la playa unos días las 4, que hace mucho que no vamos! A recordar viejos tiempos.
  • Yo (pensando): ¿qué? Y ¿qué pretende que haga con mi hijo (lactante total) y mi marido?
  • Amiga del Alma 2 (que ya me conoce muy bien): ja ja y qué hacemos con Pequeño G.?
  • Amiga del Alma 3: ah, bueno, se puede venir eh, también lo podemos hacer así.

¿¿Hola?? ¿¿También lo podemos hacer así??

Estas cosas, puede que estén hechas con buena intención, pero a mí me molesta que mi Amiga del Alma 3 no piense en mi hijo para un plan, sí me molesta, porque es mi amiga del alma, no es una cualquiera, me conoce y sabe que entre semana bastante poco le veo y lo que me gustan los findes para estar juntos, ¿lo sabe y aun así me dice esto?

Pues esos momentos me hacen enfadarme un poco, pero luego pienso, son amigos sin hijos…los amigos sin hijos a veces proponen planes a los que no te puedes unir, otra vez planes que tienes que modificar por la presencia de un bebé, en fin. Que no es con mala intención seguro, pero a ver si la gente va a acabando de entender o al menos intuir lo que significa tener un hijo!

¿Os pasa a vosotras parecido? Qué hacen vuestros amigos sin hijos?

Pasad un finde estupendo disfrutando de los vuestros!! Y recargad pilas, que la semana que viene, más y mejor!!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Feliz cumple al amor de mi vida

Hola!

Hoy no tengo mucho tiempo, estoy tratando de ir a tope en la oficina para poder salir prontito porque hoy es el cumple de Pequeño G.!

Así es que mañana vendré con un post normal, puede ser que si me da tiempo cuente la celebración de hoy. Si no, queda pendiente para la semana que viene.

Hoy solamente quiero compartir con vosotras, mis amigas mamás 2.0, la inmensa felicidad que siento por ver crecer a mi Pequeño G, me entendéis perfectamente 😉 es lo que más realizada me hace sentir!

Y para acabar, yo me quedo con una frase, ellos vienen al mundo a ser felices, y es eso en lo que nos esforzamos día a día, en hacerle feliz, y nada más. Y después de este año, puedo decir que si nosotros hemos intentado poner todo de nuestra parte para hacerle el niño más feliz del mundo, él, sin proponérselo, nos hace cada día los padres más felices del mundo.

Muchas gracias Pequeño G. por escogernos! Te queremos mucho!

Hasta mañana!

Mamá G.