Los aviones y los niños

¡¡Hola!!

Hoy traigo un post que quería escribir desde los orígenes. Los aviones y los niños. Y es que, por el hecho de que Papá G. no es español y por tanto tenemos parte de familia en otro país y el hecho de que somos bastante correzapatillas y en cuanto juntamos unos días tratamos de emigrar, somos algo expertos en esto del los aviones. De hecho, ahora nos vamos por el cumple de Pequeño G. a pasarlo a casa de la familia de Papá G..

Bien, paso a contaros mis indispensables en un avión con un bebé (los míos, pero no tiene por qué coincidir con los del resto, que ya se sabe que cada niño es un mundo).

  1. Jersey bien gordo y pantalón largo. Este verano, con 45 grados en la sombra que hacía en Madrid, nosotros en el aeropuerto bien abrigaditos. Y es que el aire acondicionado que ponen en el avión no sé por qué pero es helador, así que se agradece mucho tener un jersey o una chaqueta y llevar las piernas cubiertas.
  2. Sus juguetes pequeños favoritos. Y es que un bebé en un avión se aburre cual piojo en la cabeza de un calvo si no le distraes en condiciones. A los bebés (salvo rara excepción) no les apasiona estar sentaditos, buenecitos y sin decir ni mu atados con su cinturón hasta llegar al destino. Así es que nosotros siempre salimos con sus juguetes favoritos, para que vaya jugando distraído.
  3. Una teta (o un chupete o biberón en su defecto). Los oídos de los bebés muy bebés pueden ser más sensibles que los nuestros a los cambios de presión que sufre el oído medio dentro de la cabina, por lo que es recomendable que el bebé trague, así ayuda a eliminar dicha presión.
  4. Llevar poco equipaje. Esto es importante. Un niño genera mucho equipaje (un niño bebé bastante más), pero es importante no hacer demasiado caso a los “por si acaso”. Es preferible tener las manos más libres para maniobrar con tu hijo más fácilmente que llevarte la casa encima y no poder atenderle cuando le da un berrinche, pide algo, o simplemente tiene hambre… Salvo que uno se vaya a dar voltios por el desierto del Gobi, es preferible pensar que si acaso pasa algo, ya comprarás lo que necesites en el país de destino.
  5. Ojo con el carrito! Está claro que se puede viajar con un carrito armatoste, pero siempre es mucho mejor con una sillita de paseo. Nosotros dejamos nuestro carrito aquí por no desmontarlo para facturarlo y porque sabíamos que para andar todo el día por allí un carrito más ligero iba a darnos la vida! Y acertamos! Aprovechando que Pequeño G. ya tenía edad de estar en un carrito más básico, adquirimos un Chicco Litteway. Desde mi punto de vista ha sido un acierto. Es muchísimo más manejable que nuestro anterior carro y se pliega en una sola pieza, no ocupando nada, ideal para facturar en el avión y para andar por la ciudad, subiendo y bajando de buses, trenes para ir de una ciudad a otra, escaleras de metro…no pesa nada! Y está homologado desde los cero meses, así que la hora de la siesta, Pequeño G. tumbado totalmente y bien tapado. Todos tan contentos.

Estos han sido nuestros aciertos a la hora de viajar en avión.¿Y vosotros? ¿Cómo lo hacéis? ¿Coincidís en alguno? ¿Tenéis algún otro truco para compartir?

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Mi primer premio: PREMIO FT!

premioft

Pues sí, pues sí! Buenas nuevas que una recibe un lunes después de desconectar un finde! Olé! El premio viene de la mano de un blog que os recomiendo a toda costa: Alma de Mami.

Los pasos a seguir son los siguientes:

  • Agradecer el premio al blog que me ha nominado.

Gracias Alma de Mami por leerme, por comentarme, por compartir tus experiencias conmigo y por acordarte de mí al recibir este premio. De verdad es una alegría enorme ver que hay gente detrás de todo esto, animándote a que sigas! Y desde aquí, quiero recomendaros que os paséis por su blog (si aún no lo habéis hecho), es un blog muy cercano y muy sincero, además, ahora está muy interesante, que está haciendo una recopilación de sus comienzos!! No os lo podéis perder!

  • Contar cinco cosas sobre mí o sobre el blog.
  1. Siempre voy corriendo a todas partes. Nunca voy con suficiente tiempo a ningún sitio.
  2. Me encantaría escribir un libro. Tengo muchos relatos cortos escritos desde que era bien pequeña.
  3. Me encantaría vivir en una casita de campo lejos lejos de la ciudad (al menos por un tiempo, no sé si me acabaría cansando).
  4. Me gustaría mucho tener familia numerosa, pero necesito tiempo para dedicárselo, a día de hoy paso muchas horas en la oficina.
  5. Leche con cereales. Mi pasión. A todas horas, para desayunar, después de comer, después de cenar…! Siempre me vienen bien!
  • Responder a las siguientes preguntas.

¿De qué hablas en tu blog?

Hablo sobre mi (corta) experiencia en esto de la maternidad. De mis pensamientos sobre la misma, de mis aventuras con mi familia.

¿Por qué creaste tu blog?

Porque me encanta escribir, porque me encanta mi hijo, y porque me encantan los blogs de maternidad y crianza, los cuales leo desde que me quedé embarazada. Es una forma de aprender maravillosa, a través de la experiencia de otras mamás.

¿Cuál sería la banda sonora de tu blog?

Difícil pregunta. Me encanta la música, y tengo muchas favoritas, pero probablemente Banana Pancakes, de mi adorado Jack Johnson, por las millones de veces que la habré escuchado embarazada, me recuerda a esa etapa de mi vida y me transmite mucha paz.

¿Cuál es el post más íntimo que has escrito?

La crisis que vivimos, ese día lo escribí especialmente sensible y creo que fue una manera de desahogarme, de poner con palabras los sentimientos que me invadían en ese momento.

  • Nombra a tres blogs que recomendarías a quienes están empezando a escribir el suyo.

Padres en Pañales, por todo lo que se aprende, Lydia, la artífice del blog, te explica todo todito perfectamente, tiene posts sobre todo lo que quieras encontrar y más. Un gustazo leerlo.

Días de 48 horas, por el sentimiento que transmite. Soy seguidora de este blog desde hace mucho tiempo y consigue que te involucres en su historia. Genial.

Mamá puede, porque, desde el anonimato igual que yo, nos hace partícipes de su vida diaria con sus dos nenes. Me encanta además que detalla mucho cada post, puedes encontrar hasta comparativas de precios. Da gusto.

  • Agrega una gif/imagen que te defina en este momento.

gracias

Así es como me siento! Agradecida! Gracias por este premio Alma de Mami, y gracias a los que formáis parte de El día que llegaste.

  • Nominar a siete blogs.

And the winners are…:

Que viene Mamá Pata. Porque me encanta y porque ha sido genial ver crecer a la Patita desde el otro lado de la pantalla.

Travesuras de una Mamá Joven. Porque ha sido todo un descubrimiento. Me encanta su cercanía y su manejo con sus dos hijos! Olé!

Mi mamá vive en Normandie. Por la de cosas que tenemos en común y porque me encanta leerte!

La mamá de Álvaro. Porque lo sigo desde hace mucho y estamos todos emocionados con la llegada del «nuevo»! Que venga ya!!

Mamá ríe. Porque Carol tiene un don para esto, porque me encanta lo madraza que es y porque me encantan sus secciones especiales!

Mi pequeño mundo gira. Porque me encanta desde hace mucho la filosofía de Sonia, y porque he visto crecer a Izaro desde el otro lado de la pantalla y esto es lo bonito de los blogs!

No soy una drama mamá. Porque es genial, te partes con ella y además tiene unas narices increíbles, mamá de tres y tan airosa ella siempre! Olé!

Muchas felicidades a todos!

Un beso enorme!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

La habitación del bebé que no es tan bebé

¡Hola chicos!

Qué alegría, que alboroto…LUNES! Vaya M….

Bueno, no pasa nada, deportividad, ya queda menos que ayer para que vuelva el finde (lo sé, está fatal vivir pensando en el finde ya, pero una, que se pasa mil horas al día en la oficina, prefiere estar de fin de semana…).

Hoy vengo a contaros lo que deberíamos haber hecho este finde y no hemos hecho: dar vueltas y más vueltas para encontrar cositas monas que nos gustaran para cambiar un poco el cuarto de Pequeño G. Queda pendiente para la próxima ocasión.

Y es que Pequeño G. se acerca peligrosamente al año de edad…y eso significa que ya no es tan bebé como a mí me gusta pensar…él gatea que se las pela por todas partes, pero no sabemos por qué siempre tiende a ir a la misma esquina del salón a jugar. Mira que es grande el salón oye, pues sólo va a esa esquina, donde además (oh, casualidad de la vida) se concentran dos de los picos más peligrosos del mueble grande… En fín, que ya que se pasa la vida en el suelo jugueteando a sus cosas, se nos ocurrió (más a mí que a Papá G.) cambiar un poco su cuarto, porque a día de hoy, no vale para nada.

El cuarto ahora mismo tiene los siguientes elementos a eliminar:

  1. Un cambiador: ya es muy mayor para cambiadores de mueble, y dicho mueble sólo me vale para guardar sus cosas del baño, el resto de cosas que hay no me valen para nada ya (creo que hay hasta compresas post-parto que me dieron en el hospital…tela). Cuando le cambie, a partir de ahora le cambiaré en el maravilloso cambiador portátil que Carmen, de Nosoyunadramamá ya elogió como se merece aquí. Así gano mucho espacio en el cuarto.
  2. Una mesa y una silla monísimas: en los orígenes las cogí prestadas de Mamá de Mamá G. para poner la lamparita de mesa y la silla cómoda para darle el pecho. ¿Qué pasó? Que las habré utilizado dos veces en total en mi vida…porque creo que le he dado el pecho en todas partes menos en su cuarto. Así es que ambos muebles serán devueltos a Mamá de Mamá G. para hacer más espacio también.
  3. Un mueble que nos regaló Tía de Mamá G. cuando amueblamos la casa. Al ser blanco lo quisimos poner en el cuarto de Pequeño G. (antes de existir el proyecto Pequeño G.) pero no nos vale para mucho porque no es muy grande, y además es estrecho, así es que no puedes almacenar muchos juguetes.

Una vez eliminados estos elementos, vamos a incorporar los siguientes:

  1. Una mesa y una silla de niño. Desde hace tiempo quería una mesa para que Pequeño G. pudiera trastear y experimentar a gusto con distintos materiales, texturas… Sí, sé que es muy pequeño, pero como no tengo intención de volver a cambiar el cuarto hasta el día en que meta una cama dentro, pues lo quería poner ya.
  2. Un mueble de almacenaje en condiciones: Pequeño G. tiene una cantidad ingente de juguetes que no hay manera de ubicar. Así es que necesitamos un mueble en condiciones, donde meter cajitas para ir colocando sus juguetes. Este mueble tiene otra importante función y es que, es abierto y las cajitas están a la vista, con sus juguetes, luego él mismo, sin nuestra ayuda, podrá sacar y recoger sus juguetes solo (olé toque Montessori que he metido aquí).
  3. Una pequeña biblioteca: los libros de Pequeño G. aún no son tantos como para llenar una biblioteca, pero poco a poco, todo se andará, y me gusta que tenga una biblioteca a la vista donde poder ver sus libros expuestos.

Pues bien, todo esto es lo que deberíamos haber hecho y no hemos conseguido hacer este fin de semana (muy mal, fatal), así es que queda pendiente! Si es que los findes son muy cortos…no da tiempo a hacer nada!!

¿Qué os parece? ¿Cómo tenéis los cuartos de vuestros pequeños?

Ánimo con el lunes, que la fuerza os acompañe!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

El tiempo no pasa por mi casa…

Hola! Ya es viernes!! Por fin!! Cómo me encantan los viernes!! Dos días de respiro vienen por delante, dos días de engancharme a mi Pequeño G. y no soltarlo para nada!

Hoy, por ser viernes, traigo un post reflexivo, me gustaría de verdad saber qué opináis, saber si alguna me puede dar algún tip, porque yo no sé por vuestras casas, pero por la mía por lo menos, el tiempo no para, ni se asoma vamos.

Una de las expresiones que más he usado siempre es “no me da la vida”, siempre. Cuando estudiaba no me daba la vida, cuando era verano y no estudiaba, no me daba la vida tampoco, cuando empecé a trabajar pero aún vivía con mis padres es que no me daba la vida para nada, cuando trabajando ya me independicé me daba la vida para menos todavía, pero es que ahora que somos tres, no me da, pero de verdad. Ahora he comprendido que a lo mejor antes sí me daba un pelín

Imagino que me creeréis si os digo que soy consciente de que escribir estas líneas será el único momento del día que tenga para mí. El resto de momentos para mí están formados por actividades que no pasan del primer escalón de la pirámide de Maslow (olé la Wikipedia)

Soy consciente de que soy mamá de un bebé de casi 12 meses, soy consciente que estoy fuera de casa por trabajo hasta bien tarde, de acuerdo mis posibilidades de practicar hobbies se reducen a cero entonces, sí vale, pero también sé de gente (no sé si es una leyenda urbana o es cierto) que también es madre, incluso de más de un hijo, y que también trabaja, que llegan a todo.

Y yo me pregunto, ¿cómo hacen esas mamás-organizadísimas? ¿por qué ellas sí y yo no? ¿qué estoy haciendo mal?

Luego te encuentras, como yo el otro día, con la entrevista de una directiva de una empresa extranjera, que tenía dos niñas, y contaba todo lo que hacía, y a mí se me caía la baba según iba leyendo: “y escribo no se qué y colaboro con la universidad, y participo en tal y cual y el fin de semana acudo a no se qué cosas”,…pero ¿cuándo? y ¿cuándo trabajas entonces? y ¿cuándo eres mamá entonces? y ¿cuándo pasas tiempo a solas con tu pareja entonces? (tampoco es que yo pase mucho, todo sea dicho, pero intención no falta,…) No sé, de verdad que yo no entiendo sus días, ¿tienen más horas que el mío?

Cuando quiero consolarme pienso: bueno, al fin y al cabo, ser mamá y trabajar fuera de casa ya es bastante difícil de compatibilizar, con que imagínate pertenecer a la fundación tal, acudir a los actos de no se qué, colaborar con una universidad,…inevitablemente, creo que la única manera de llegar a todo es estar a todo y a nada, y la verdad es que estar a todo a medias nunca me gustó.

A lo mejor es preferible centrarse en lo importante, en lo primordial, la vida es larga y va por épocas, y cuando ahora nos “quejamos” de que no tenemos tiempo para nada, de que no descansamos, en alguna otra fase de la vida nos quejaremos de que descansamos demasiado, de que nuestros pequeños ya son mayores y campan a sus anchas, y no les vemos lo suficiente, de que no paran en casa,…así es que, a lo mejor la filosofía es: ya habrá tiempo.

¿No os pasa igual? ¿Lo conseguís vosotras? ¿Llegáis a todo lo que os proponéis?

Bueno muchachos! Pasad un fin de semana genial!! Desconectad mucho y disfrutad del tiempo con los vuestros!!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

El bilingüismo en un niño

¡Hola de nuevo!

Hoy traigo un tema que me afecta personalmente como es el bilingüismo.

Ya expliqué aquí que Papá G. no es español, por lo tanto, nosotros en casa hablamos a Pequeño G. en el idioma de Papá G.

El problema es que Pequeño G. pasa todo el día en casa de Mamá de Mamá G., pues al no ir a la guardería todavía, es ella quien se encarga de cuidarle mientras Papá G. y yo trabajamos. Así es que durante todo el día habla español.

Entro eso y que vivimos en España, ando algo angustiada pensando que no sea suficiente el tiempo que Pequeño G. interactúa con el idioma de Papá G.

Así es que, como sé que muchas tenéis la coyuntura del bilingüismo también presente, pensé en escribir sobre ello a ver si me aportáis luz al tema.

Lo que he leído al respecto no me alienta mucho, pues veo que el idioma que predomina en el niño es el que llaman el “idioma social”, es decir, el idioma en el que interactúa con los demás una vez que aprende a interactuar, se entiende. Esto es, el español, pues vive en España, durante el día habla con mi familia en español, sus amigos del cole serán españoles,…y solamente en casa hablará el idioma de Papá G.

Obviamente, siempre se puede reforzar “académicamente” acudiendo a clases extraescolares y demás técnicas, pero sería preferible si lo sacara de casa de manera natural a tener que andar yendo a clases para reforzarlo…

El problema es que cuando yo estoy sola con él, hablo español,…y aquí entono un mea culpa, porque debería hablarle exclusivamente en el idioma de Papá G. pero me sale así, me sale hablarle a mi hijo en mi idioma, aunque hago el esfuerzo cuando estamos los tres, de hablar el otro idioma, cuando estoy sola no me sale, mi cerebro piensa en castellano.

Otro problema: las salidas con amigos. Tenemos un par de parejas de amigos muy cercanos: Amiga del Alma 1 y pareja, y Amiga del Alma 2 y pareja. Cuando salimos con ellos (Pequeño G. siempre se apunta a estas quedadas), hablamos castellano con él. Aquí entono yo el mea culpa de Papá G. porque no tiene perdón, siendo él no-español, que hable en español a su hijo cuando estamos fuera con amigos (sí, cariño, es así).

En definitiva, que me consta cuales son los dos puntos que tenemos que mejorar, pero aun así, si Papá G. y yo le habláramos exclusivamente en el idioma de Papá G. (con amigos, sóla, acompañada y de cualquier manera), no sé si sería suficiente viviendo aquí y pasando el día entero en casa de Mamá de Mamá G…

¿Qué opináis? ¿Algún consejo que me podáis dar? ¿Cómo lo hacéis vosotras?

Muchas gracias.

Nos leemos pronto.

Mamá G.

La crisis que vivimos

Hoy vengo con una temática distinta a la maternidad y crianza, y disculpadme, por favor. Pero he creado este blog para expresar mis pensamientos, tal y como reza mi cabecera, y mi pensamiento hoy es este. Yo dejo mis cinco posts semanales escritos el fin de semana, durante las siestas de Pequeño G. y durante la semana, los edito y los publico, así es que hoy no tenía pensado hablar de esto, tenía preparado otro post, pero esta mañana, mientras desayunaba, he leído algo que me ha enfadado.

Estoy triste, mucho. Estoy avergonzada, mucho. No es posible que abra dos diarios digitales distintos y dos de sus noticias comiencen con la siguiente frase que me avergüenza: “la crisis humanitaria llama a las puertas de Europa”.

Ante esto, ¿qué piensas? ¿qué significa esta frase? Menos mal que llega a Europa porque si no ni me enteraría, es lo que se me ocurre pensar a mí, o, tiene que llegar hasta la puerta de mi casa para que la gente empiece a darle importancia al tema.

Vergüenza es lo que siento por el mundo en el que vivo, por el mundo al que he traído a mi hijo. Bueno no, miento, no es vergüenza por el mundo, sino por muchas de las personas que viven en este mundo y que, lamentablemente, lo manejan a su antojo. Llamadme ilusa, pero aún quiero pensar que el mundo tiene salvación.

Amigos, Siria vive en una guerra civil desde hace cinco años. Con esto quiero decir que lo que hoy ocupa todas las portadas de los diarios, de lo que todo el mundo habla, gracias a la foto de un pobre niño de tres años que nos puso los pelos de punta a todos, lleva mucha historia atrás. ¿Y no ha sido hasta ahora cuando Europa se ha enterado?

Sé que nada voy a solucionar con este post, y sé que acabo de comenzar la historia de mi blog y no sé a cuánta gente le llegará este mensaje, pero mi fin es simplemente invitar a todo el que lea esto a reflexionar unos minutos, a salir de nuestra ajetreada agenda un segundín y pensar en que el mundo te necesita, nos necesita a todos. Porque no quiero pasarme el día en la oficina, haciendo mi trabajo y pensando que es lo más importante y urgente del mundo, y llegando a casa, cansada, y jugar con mi hijo abstraída de la vida fuera de mi maravillosa burbuja. Quiero ser consciente de lo que hay, quiero saber relativizar, y quiero que todo ello lo aprenda Pequeño G.

Simplemente quiero hacer un apunte, quiero brevemente explicar qué es un refugiado. Desde el punto de vista legal, un refugiado es distinto a un emigrante. No se trata de gente que sale de su país para buscar otra oportunidad laboral, o simplemente “cambiar de vida” no. Se trata de una persona que no quiere morir bombardeada, que no quiere ver morir a sus hijos y que deja su casa, deja su trabajo, deja su formación (sí, muchísimos de los refugiados son universitarios, excelentes alumnos que hubieran sido los candidatos perfectos en las más exigentes de las entrevistas laborales en un país sin conflicto como el nuestro), y huye, huye simplemente porque quiere sobrevivir. Y entonces llega a Europa, en muchos casos, cruzan andando, recorren el Mediterráneo a pie, ¿te imaginas hacer eso con toda tu familia? ¿sin nada?…sólo espero que Europa esté a la altura y les sepa devolver el sacrificio que han hecho.

Buceando un poco por la red para ver cómo podía colaborar, me he topado con ciertas iniciativas que me llenan el corazón de esperanza: los barcos de rescate por el Mediterráneo de Médicos sin Fronteras me parece que realizan una labor fundamental, han ayudado a más de 10.000 personas a bordo de embarcaciones, Save the Children, una ONG con la que me siento identificada especialmente, quizá por aquello de que su objetivo principal son los niños, y una tiene su corazoncito, trabaja también en distintos países europeos para ayudar a niños refugiados y a sus familias, una iniciativa que me parece genial, viene de la mano de Amazon (siempre tan genial), se llama “lista de deseos” mediante la cual puedes comprar objetos de primera necesidad para enviarlos directamente al campamento de refugiados de la ciudad francesa de Calais. Los objetos donados se van a enviar a Francia el día 17 de septiembre.

Y acabo diciendo una cosa (perdón por el post tan largo) la clave está en la educación. Es la esperanza que me queda, las generaciones que ahora tenemos niños pequeños tenemos una grandísima responsabilidad, debemos concienciarlos de que el mundo tiene problemas y que no nos pueden ser ajenos, para que ellos, que gobernarán el mundo mañana, sepan hacerlo bien.

Muchas gracias por leer mis pensamientos.

Nos leemos pronto.

Mamá G.

La tecnología, ¿sí o no?

¡Hola!

Hoy vengo con un post bastante clásico, pero no quería dejar de dar mi punto de vista al respecto porque me parece un tema muy preocupante, ¿a favor o en contra de la tecnología?

En mi opinión, la tecnología es claramente un avance. Nos permite hacer cosas impensables hace unos años. A día de hoy, si quieres hablar con alguien al otro lado del charco, y además, gratis, sólo tienes que dar a un botón de tu Smartphone, si quieres buscar piso, no tienes que recorrerte las calles como se hacía antes, basta con seleccionar tus favoritos en la página web correspondiente e ir a visitarlos directamente, si quieres buscar trabajo, sólo tienes que bucear por las distintas ofertas y dar al botón de “aplicar”…y así podríamos seguir con una lista enorme. Claramente nos facilita la vida.

Entonces, ¿por qué hay tanto debate? Pues en mi opinión, porque como todo lo bueno, es adictivo, y eso conlleva que estemos haciendo un mal uso de la tecnología, con graves consecuencias, desde mi punto de vista, en nuestra forma de interactuar con los demás y en nuestro carácter.

Y para comprobarlo basta con ir en autobús un día, o ponerte en la puerta de un colegio a la hora de salir. Al despedirse los chicos (los más mayorcitos, me refiero), lo primero que hacen es coger su móvil (vivo enfrente de un colegio y al volver de trabajar al mediodía paro en dos semáforos frente al cole, así es que creedme, es algo en lo que me vengo fijando desde que tenía pensado escribir sobre esto).

Esto es algo que me preocupa especialmente. Muy bien que hayamos avanzado, muy bien que se nos facilite la vida cada vez más, pero muy mal que nos apartemos de todo el mundo que tenemos alrededor, que sabemos más de nuestro amigo que vive en el Chicago, que de nuestra propia abuela que vive tres casas más arriba…

Y esto es lo que no es posible y esto es contra lo que trato de luchar en mi casa. Porque sé que los niños son esponjas, sé que en sus primeros años de vida copian lo que ven y sé que no quiero que vean unos padres sentados en el sofá cada uno mirando su correspondiente dispositivo electrónico, sin interactuar con los demás miembros de la familia. Tan cerca, pero tan lejos.

Y entonces es cuando me cabreo un poco conmigo misma, y me autoregaño: no mires el Instagram nada más salir del trabajo, no repases la vida de tus Facebook-amigos cada vez que te sientas en el sofá después de dormir a Pequeño G., no te quedes en el sofá mirando noticias en el móvil cuando ya viste el periódico por la mañana,…

Y es por eso que llego a la conclusión de que no es la tecnología la que nos “aparta de la sociedad” si no el mal uso que hacemos de ella. ¿No os pasa que viajáis al extranjero y os sentís perdidos, olvidados, cuando desconectáis vuestros datos? ¡No es posible que eso pase! ¡No es posible que hayamos generado una dependencia tan grande!

Pero claro, hacer de un niño un “no adicto a la tecnología” no es fácil a día de hoy…por lo menos en mi caso…tanto Papá G. como yo trabajamos con ordenadores durante todo el día, estamos en contacto con nuestros amigos gracias al móvil, tenemos nuestros portátiles todo el día a la vista, Pequeño G. tendrá amigos con móvil desde los 8 años (conozco gente, lo aseguro, a mi prima pequeña le regalaron una Black Berry por su comunión, y esto era hace años ya, con lo que ahora…no quiero ni pensarlo), y manejarán las tablets desde los 4, si no antes.

Lo que sí sé, es que, con independencia de lo que Pequeño G. se encuentre fuera, en casa trataremos de fomentar y reforzar más otro tipo de visión de la vida. Veremos cómo se nos da.

¿Y vosotros? ¿Cómo lo estáis haciendo? ¿Creéis como yo que el mal uso de la tecnología puede llegar a ser peligroso? ¿Cómo hacéis en casa?

Nos leemos pronto!

Mamá G.

Hay vida más allá de las 9 de la noche

¡Hola de nuevo!

¿Qué tal el fin de semana? Espero que hayáis desconectado y hayáis cogido fuerzas para la semana, que siempre son necesarias.

Hoy vengo a contaros mi reflexión sobre lo que yo llamo el trasnocheo gratuito.

Trasnocheo gratuito: dícese de la acción de trasnochar sin mediar fiesta o celebración de por medio y con obligación de madrugar el día siguiente.

Creo que ya os he contado que hasta el día que llegó Pequeño G. yo he sido siempre de dormir bien, y ciertamente, como a todo el mundo, de vez en cuando me ha gustado trasnochar (no siendo yo ave nocturna con asiduidad, todo sea dicho), pero la constante que se repetía en todos mis trasnocheos “pre Pequeño G.” era que al día siguiente me podía levantar tranquilamente a la hora que me apeteciera.

La situación ha cambiado, y nuestras noches están llenas de trasnocheos gratuitos, esto es, de acostarnos a las tantísimas y de tener que levantarte a trabajar pronto prontísimo. Esto no gusta a nadie en el mundo, ni aquí ni en ningún país conocido, a la gente le gusta levantarse tarde si se acuesta tarde, y si madrugas, de toda la vida, uno se ha intentado ir a la cama pronto, por aquello de poder levantarte al día siguiente siendo medio persona al menos.

Y esto ¿por qué sucede? ¿por ser madre? No amigos, no es este el problema, porque he hablado con otras mamás que no lo tienen. Sus adorables hijos se acuestan a las nueve de la noche (con la última con la que hablé a las ocho y cuarto), y ellas tienen un poco de vida para dedicar a lo que les apetezca, léase marido, película en el sofá, leer, cocinar, escribir,… Pues bien, yo no, señoras. Mi Pequeño G. se acuesta cuando le entra el sueño, que normalmente es a una hora bastante más cercana a horario de adultos que a horario infantil.

Por una parte estoy muy contenta por sus horas tardías de acostarse, porque así le veo más, dado que Papá G. y yo tenemos jornadas laborales continuas y partidas, y bastante extensas, todo sea dicho, yo llego a casa bastante tarde, así es que, si mi Pequeño G. se acostara a las ocho y cuarto no le vería el pelo más que por la mañana cuando le doy el pecho y el tiempo del mediodía cuando voy a comer a casa. Así es que me hace feliz saber que llego y él está por ahí en acción para poder disfrutarle unas horas más todavía.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es oscura: al día siguiente yo madrugo para irme a trabajar, y muero del sueño por todas partes, sentada, de pie, cualquier sitio me vale para cerrar los ojos unos segundos…y es entonces cuando recuerdo a esas mamás que han conseguido que sus hijos se acuesten a las nueve de la noche.

Hablando el otro día con mi Amiga del Alma 1, me decía que su sobrino se acostaba a las nueve de la noche todos los días del año porque su madre lo había acostumbrado a ese horario desde pequeño, lo metía en su cuna y le dejaba llorar hasta que se dormía. Así, dicha mamá ha conseguido que el bendito de su hijo, a sus nueve meses que tiene actualmente, se rascase la oreja él solito a las 8, indicando que ya va siendo hora de dormir…así es que, la mamá coge al bebé, lo mete en la cuna, cierra la puerta y hasta el día siguiente, porque por supuesto, duerme del tirón.

Yo nunca he querido gastar muchas energías en dormir a Pequeño G. a una hora en concreto, nunca he creído mucho en eso. Pequeño G. siempre da señales de cuando está cansado (supongo que como todos los niños del planeta), así es que, es en ese momento en el que le dormimos. Me parece fenomenal que los niños tengan rutinas, pero no creo que sean relojes suizos, creo que son personas e igual que yo, hay días en los que estoy más cansada y me caigo de sueño a las 10.30 de la noche, hay otros en los que me apetece por lo que sea seguir la marcha hasta más tarde.

Así es que Pequeño G. tiene sus ritmos, sus rutinas, pero no medidas al dedillo, y desde luego lo que no voy a hacer es dejar a mi niño en la cuna a las 9 de la noche llorando desconsolado porque a lo mejor ese día le apetecía seguir jugando hasta las 10.

Que conste que no estoy haciendo ninguna crítica contra la gente que ha optado por este método sino que estoy dando mi opinión como madre. Yo siempre he entendido que si lloraba era porque necesitaba algo, comer, compañía, jugar, vestir más fresquito, ropa de más abrigo,…y creo que es importante que el niño sienta que cuando necesita algo están sus padres cerca. Siempre he sido de las que ha creído que un bebé de meses no llora para manipular a sus padres ni para chantajearlos, como dice mucha gente por ahí (llora para que lo cojas, así lo malacostumbras…lo que hay que oir…), yo creo que llora porque es su única forma de expresarse, llora porque tiene una necesidad no cubierta, puede que un abrazo, una caricia, sea algo tonto en la ajetreada vida que llevamos los adultos, pero a lo mejor, ese abrazo o esa caricia es todo lo que tu hijo necesita ahora, tu brazo rodeándole, a lo mejor ese era todo su problema, y si sólo es eso, ¿por qué no concedérselo? Ojalá todos los problemas se solucionaran tan fácilmente durante toda la vida, ojalá todo lo que necesitáramos en la vida para estar bien fuera una mano amiga, una mano de mamá y papá.

Nos leemos pronto.

Un beso y ánimo con el lunes.

Mamá G.

Dime cómo duermes y te diré quién eres

¡Hola!

El otro día (yo soy muy de esta expresión y a lo mejor se trata de un día de hace dos meses y medio, pero bueno, ya me iréis conociendo…) leí un artículo que me hizo gracia, pues indicaba que según cómo duermes con tu pareja, un señor, que dice ser experto en el tema, puede venir y decir cómo vais como pareja en ese momento.

Ya…comprendo…pues a ver, yo, de toda la santa vida he dormido y duermo y dormiré de lado y mirando hacia fuera de la cama. Nunca miro hacia la cama, ¿por qué? Por la misma razón por la que me gusta más el color naranja que el amarillo…o sea por nada en especial, porque la vida es así y punto. Duermo así de toda la vida, desde que dormía en mi camita de casa de mis padres, siempre de lado mirando hacia fuera de la cama.

Papá G. duerme igual que yo más o menos, pero él pertenece a una facción más radical porque literalmente tiene que tener la cabeza fuera de la cama, poco más y le cuelga un día…

Así es que ni nos rozamos ni nos rozaríamos por muchas ganas que tuviéramos porque dormimos bastante lejos el uno del otro (tampoco tan lejos, mi cama es de 1.40 m).

Vamos que según este artículo, si ese señor tan experto viene a mi casa mientras dormimos (no por favor, ¡vaya susto!), diría que nuestra relación está en sus últimas, es muy mala posición para dormir una pareja porque, parece ser que necesitamos poner distancia de por medio.

Bueno vale, ¿y esta tontería? estaréis diciendo…pues nada, que a raíz de leer este artículo se me ha ocurrido contaros como son nuestras rutinas por las noches desde el día que Pequeño G. llegó.

Hasta ese día yo siempre he sido de dormir (y Papá G. más casi…) pero de dormir dormir, o sea, de despertarte del dolor de cabeza que te ha producido dormir 13 horas (se sobrentiende que este lujo, porque es un lujo, lo hacía los fines de semana, vacaciones y fiestas de guardar) y juntar casi el desayuno con la comida.

Una vez que empezamos a ser una familia de tres, la fiesta cambió de temática. Pequeño G. como todo niño pequeño, se despertaba cada tres horas a comer y allí estaba su madre (una servidora) con su teta para darle de comer y volverle a acostar. Pero siempre en su cuna. ¿Por qué? Por dos razones: (i) Pequeño G. siempre ha sido de dormir de maravilla, sólo se ha despertado por las noches a comer, y se despierta dormido y come dormido, así es que no requiere ningún esfuerzo acostarle de nuevo, vamos que no abre ni el ojo, todavía a día de hoy es así, y siempre ha dormido y descansado de maravilla en su cuna, nunca se ha quejado para nada, entonces ¿por qué poner a dormir al niño en nuestra cama cuando en su cuna duerme fenomenal, despertándose para comer las veces que necesite, comiendo estupendamente y volviéndose a quedar frito al instante?, y (ii) porque me daba pánico no, lo siguiente, meter a Pequeño G. tan tan tan tan tan tan chiquitirritín en nuestra cama, me imaginaba una escena en la que aplastábamos a nuestro Pequeño G. o le hacíamos daño o vete tú a saber cuántas historias más.

La cosa cambió un poquito. Todo empezó en una escapada que hicimos los tres cuando Pequeño G no había cumplido aún los cinco meses. El hotel nos proporcionó una cuna que dejaba bastante que desear y el frío que hacía en la habitación era muy considerable, vamos, que tuvimos que sacar las típicas mantas gordas marrones que están en los altillos de los armarios de los hoteles para añadir una capa más a la cama. Os estoy hablando de finales de enero. Así es que me moría de la pena de ver a mi Pequeño G. en esa cuna, tan tan bajito, casi a ras de suelo, y con tan poca ropa de cama que le pusieron. Así fue como le metí en nuestra cama gigante bien tapadito entre los dos. Ni que decir tiene que esa noche no dormí prácticamente, dormí a cabezadas, despertándome cada rato, dada mi inexperiencia en esto del colecho y mis miedos rondándome la cabeza en cuanto al aplastamiento se refiere.

La siguiente noche, ni intentamos meterlo en su cuna, directamente se durmió con nosotros y algo mejor dormí yo al ver que de la experiencia de la noche anterior, mi Pequeño G. había salido airoso sin ningún hueso roto.

Total que a día de hoy nunca dormimos toda la noche los tres juntos porque siempre lo acostamos en su cuna (la cuna está en mi lado de la cama a un palmo y medio de mí), pero muchas veces cuando se despierta para comer, lo meto en nuestra cama, porque no sé si hay muchas más sensaciones tan bonitas para comparar…la verdad es que si no me diera pánico (me sigue dando un poco) lo metería más a menudo (contribuiría mucho el hecho de tener una cama más grande…), despertarte con su mano en tu cara es una cosa inexplicable, y sí, cuando él está en el centro de la cama, duermo mirando hacia dentro de la cama, a lo mejor significa que nuestra relación es mucho más bonita ahora que somos tres…

¿Y vosotros? ¿Practicáis el colecho? ¿No os da miedito como a mí?

Pasad un muy buen fin de semana!! Nos leemos pronto.

Mamá G.

Nuestra experiencia con la lactancia materna

¡¡Hola!!

Ya pasado el periodo de presentaciones, vayamos al grano. Comienzo mi blog con una de las partes que más me encantan de la maternidad, o de mi maternidad al menos: la lactancia materna, así es que vamos allá con nuestra experiencia.

Mi parto fue una cesárea programada a las 38+3 semanas de embarazo (ya explicaré el por qué algún día), por lo tanto, en aquel momento, ni mi cuerpo ni mi Pequeño G. estaban pidiendo un parto precisamente. Imagino a Pequeño G. tan tranquilo en su “casita”, se levantaría como otro día más, jugaría como todos los días a sus cosas,… (¿a qué cosas? Pues no sé, a agarrar el cordón umbilical y darle vueltas, a ensayar llaves de kárate…las cosas que les gustan a los bebés intrauterinos vaya…) total que de repente, supongo que sentiría que algo pasaba, algo que no era habitual, una mano cubierta por un guante de látex le agarraba y le sacaba de allí. Así sin más, sin él comerlo ni beberlo.

Correcto, así fue como mi Pequeño G. vino al mundo, por lo tanto, la leche tardó en subirme un poquito, fueron 6 días.

Si a este hecho añadimos que no pudimos hacer piel con piel por encontrarme yo en la sala de recuperación, nada más y nada menos que casi 4 horas y media (¿Hola? Sí, esto lo explicaré en otro post también), pues nuestra lactancia materna empezó francamente mal, vamos, que Pequeño G. se alimentaba a base de fórmula (esto de “se alimentaba” es mucho decir porque cuando Pequeño G. nació era más o menos misión imposible hacerle tomar 30 ml de leche, echábamos una hora de reloj en esta ardua tarea, y aseguro que no estoy exagerando, y aun así nunca los tomó enteros, siempre siempre se dejaba).

Como antecedente, diré que yo nunca había tenido ninguna duda sobre la lactancia materna, siempre pensé que era la única opción para mi hijo y para mí. Durante todo el embarazo lo tuve clarísimo, cuando la gente me preguntaba si le pensaba dar el pecho, mi respuesta era siempre un sí rotundo.

Total que, pese a que aquellos días hubo bastante poco de lactancia materna, yo nunca desistí y nunca jamás pensé que no iba a poder, simplemente pensaba que era cuestión de tiempo, es que ni siquiera me agobié porque tomara biberones, sabía que tarde o temprano la leche acabaría por subir y que dejaríamos los biberones, nunca, ni un solo segundo, lo puse en duda. Así es que yo, cada tres horas, cogía a Pequeño G. de su cuna y me lo ponía en el pecho, a veces no hacía nada, sólo dormitaba, otras veces, trataba de succionar y poco cogía de ahí el pobre…pero era cuestión de intentarlo y de ir poco a poco. Después de media hora en el pecho, y sin comer, porque allí no había ni leche ni calostro ni nada que se le pareciera, Pequeño G. recibía su ración de biberón.

Ya en casa (el tercer día en casa), la leche me subió en condiciones y Pequeño G. poco a poco, con el pecho fue saciándose cada vez más y necesitando cada vez menos el complemento de biberón de después, hasta que finalmente, llegó el día (aproximadamente a las dos semanas de haber nacido) en que ya no necesitó biberón nunca más.

A los cinco meses y una semana, momento en el que yo me incorporé a trabajar, Pequeño G. abandonó la lactancia materna exclusiva para pasar a tomar dos tomas de fórmula con cereales (con todo el dolor de mi corazón, me veis a mi compungida en el trabajo sabiendo que mi Pequeño G., con lo a gusto que había estado siempre con su tetita, estaba tomando papillas de fórmula, sí así de dramática era en los comienzos). Las dos tomas de fórmula con cereales coincidían con los momentos en los que yo no estaba en casa, las de media mañana y de media tarde, porque yo también tengo jornada completa y partida como le sucede a Díasde48horas. Los primeros días intenté sacarme leche, pero he sido absolutamente nula en este tema, lo he intentado con dos tipos de aparatos (de esto también hablaré en otro post) y no ha habido manera de sacarme suficiente leche, siempre salía pero no lo bastante.

Y así han pasado los meses, y tras la introducción de la alimentación complementaria, y a sus casi 12 meses de vida, nada ha cambiado (qué orgullosa estoy de ello ji ji, nuestro empeño le hemos puesto), Pequeño G. sigue con su ración de teta después de cada comida, salvo las dos que no estoy en casa de lunes a viernes, pues los fines de semana y vacaciones hace el mismo número de tomas que cuando era un bebé, unas 8, después de cada comida, teta, cuando no toca comida, teta, por las noches se despierta a por su teta, y así seguimos y ojalá sigamos muuuucho tiempo más.

He de decir como apunte final dos cosas: (i) gracias Pequeño G. porque has sido un niño muy muy ordenado, has demandado la teta como si tuvieras un reloj dentro, haciendo todo mucho más fácil y habiendo contribuido muy mucho a nuestra continuación con la lactancia materna después de mi incorporación al trabajo, y (ii) la lactancia materna para mí está siendo una de las experiencias más alucinantes de la vida y cada día me asombro más del cuerpo humano y de lo que es capaz de hacer, así es que me quito el sombrero ante la Madre Naturaleza por darnos estas maravillas.

Y vosotras, ¿cómo lo habéis hecho? ¿ha supuesto un problema en vuestra lactancia materna la incorporación al trabajo?

Nos leemos pronto.

Mamá G.