Cuando no todo llega tan rápido como te gustaría

Siento no tener tiempo.

Lo siento por mi comunidad 2.0, que sabéis que me encanta leeros y siempre me divierto mucho y aprendo cositas nuevas con vosotras. Me encanta escribir y tengo mi libretita de El día que llegaste llena de temas.

Lo siento por mi hijo, que su madre tiene un trabajo absorbente hasta decir basta.

Lo siento por Papá G, que cuando Pequeño G se duerme, no puedo ni dedicarle 1 minuto más de mi tiempo. Tengo que irme a dormir desesperadamente para madrugar al día siguiente.

Lo siento por mí misma, que sólo vivimos una vez y, pese a que me gusta lo que hago y mi carrera tiene importancia para mí, necesito más tiempo con mi familia.

Ha llegado el momento. Cuando entré a trabajar a mi oficina, sabía a lo que me atenía,  salario muy competitivo y horarios extensos. Entonces era una recién licenciada. Sólo quería aprender, formarme, y trabajar en aquello para lo que me he preparado tanto. Nunca me ha importado trabajar horas y horas.

Cuatro años después, no puedo seguir este ritmo. No existe la conciliación (al menos a mí me lo parece). Hay que renunciar a algo.

¿A que renuncio? Una tiene respuesta inmediata para esta pregunta. A mi hijo no, desde luego. Es una lástima este país. Las jornadas horrorosas (en los países nórdicos dejan de trabajar cuando yo todavía estoy haciendo la digestión de la comida y me quedan 4 o 5 horas por delante de trabajo), las lamentables bajas por maternidad que te obligan a dejar en casa a un bebé de 16 semanas (quién quiera que haya establecido estas 16 semanas, se nota que nunca tuvo un bebé propio al que dejar), y las pocas ayudas de las empresas, donde quedarte embarazada ya es motivo de cuchicheos, y por parte de mujeres también (olé sus narices).

Es lamentable todo. Pero es el sistema en el que vivimos, y una tiene que vivir dentro de él.

¿Es fácil encontrar trabajo?

No lo sé. Pero desde luego, es difícil encontrar el trabajo que quieres. Necesitas encontrar una oferta de un perfil como el tuyo, con tus años de experiencia, con un salario que te cuadre…no es fácil. Los salarios son a veces algo bajos y las horas de trabajo muchas (al menos en mi sector).

Y los días pasan y yo me voy agobiando más. Mi hijo crece. Yo quiero tener más tiempo para él. Quiero ampliar la familia. Quiero viajar con mis hijos, quiero enseñarles el mundo, quiero ver sus caras de emoción disfrutando de la vida con sus padres. Todo ello cuesta dinero, es así. Pero también se necesita tiempo.

¿Dejarlo todo?

Quiero pensar que no. Quiero pensar que hay una solución. Que hay un término intermedio.

He estudiado, he trabajado como becaria en varios sitios para tener experiencia, me he formado en idiomas (y sigo en ello). He trabajado mucho jolines! Igual que mi hermano, igual que cualquier hombre.

¿Por qué yo tengo que renunciar a parte de mi vida? ¿Por qué yo tengo que escoger? ¿Por qué al hombre no se le ocurre escoger entre su hijo y su trabajo? ¿Por qué al hombre no le miran raro y cuchichean cuando dice que va a ser padre? Una baja de paternidad equiparada a las 16 semanas de la madre es lo que se necesitaría para que hubiera igualdad en este país.

Tengo mi propia respuesta a estas preguntas, pero no es objeto de este post entrar en este debate.

Sólo quería deciros que me paso a leeros, aunque no tenga tiempo de comentar, que vivo al 300%, a toda prisa, y deseando el fin de semana como nada en el mundo. Que estoy trabajando para solucionar este problema, y que ojalá pueda decir pronto que lo he solucionado!

Besos!

Mamá G.

Mi estado anímico

Buenos días de martes!

Hoy traigo un post algo reflexivo, quizá. Y es que ayer, en Madrid hizo un día muy lluvioso y muy gris.

Cuando salgo de trabajar al final de mi jornada, ya no hay luz, así que no me entero de si está nublado o despejado. Sin embargo, cuando salgo a la hora de comer para ir a casa un par de horitas, veo el cielo y ayer lo vi tan gris, tan triste, que me influyó en mi estado anímico y acabé por estar como el día, gris y triste.

Al final llegué a mi casa por la noche con una especie de sensación de angustia, desesperanza,…y todo esto por el tiempo que hizo!

Hoy sin embargo, ha llovido durante la noche, pero cuando he salido de casa esta mañana, el cielo estaba abriendo y el sol aparecía, tímido, tras las nubes, mostrándonos su grandeza, su alegría, y yo tan contenta. Por eso me  pregunto, ¿qué tendrá el sol que nos hace sentirnos tan bien? ¿Por qué, por regla general, cuando vemos el sol nos sentimos más alegres, con más energía, con más armonía con nuestras vidas?

Investigando un poco sobre el tema, he llegado a saber que, por lo visto, está demostrado que la exposición al sol nos aporta vitamina D, que afecta a nuestro sistema hormonal, aumentando los niveles de serotonina, la “hormona de la felicidad”. Así, cuanto menores sean los niveles de serotonina, más apáticos, melancólicos y tristes nos encontraremos, y al revés.

Además encontré algo que me hizo gracia, se trata del llamado trastorno afectivo estacional. Por lo visto, los angloparlantes suelen bromear cuando este término sale en una conversación pues en inglés este trastorno se llama Seasonal Affective Disorder, cuyas siglas son SAD (triste, en inglés).

Así es que vi que esto era algo que realmente existía, que se trataba de una especie de trastorno, que hace que quienes lo padecen se sientan particularmente afectados por la falta de luz durante los meses de invierno o los días más grises. De hecho, los estudios han encontrado que cuando estas personas se exponen a la luz del sol, y especialmente durante las horas de la mañana, tienden a sentirse mejor.

Pero, ¿yo padezco este síndrome? Por lo visto no hace falta padecerlo para sentirse mal en un día gris, pues se ha demostrado en un estudio realizado a 100 individuos que un día de rutina normal (no un día de fin de semana, donde haces lo que te apetece) se convierte en un día peor si el tiempo no acompaña, que un día de rutina soleado y luminoso.

Volvemos a cerrar el círculo, de nuevo la serotonina, tan necesaria para la vida, para el ser humano. Concluía el estudio diciendo que los climas templados generan personas más felices, que se ha demostrado que en los lugares con inviernos más suaves y veranos no excesivamente calurosos, la gente es más positiva.

Por lo tanto, como conclusión a mi pequeña investigación, podemos afirmar que el clima es un factor más que afecta a nuestro estado anímico, pero ¡ojo! no es el único. Porque, estando de vacaciones, disfrutando de algo que te gusta, o simplemente en tu sofá calentita con una manta un día gris, frío y lluvioso, puede parecer una gozada. No es el clima el que nos hace felices o no, sino que es tan sólo un factor más, pues nuestro estado de ánimo se ve influenciado por muchas variables, como las personas con las que nos relacionamos, las actividades que solemos realizar, los lugares que frecuentamos, o nuestra situación personal, entre otros.

Sin embargo, cuidado, porque no siempre el estado de tristeza y melancolía que te genera un día gris es negativo. Este sentimiento es necesario en el desarrollo de una persona. Tened en cuenta que los cambios que provocamos en nuestra vida, vienen motivados desde una situación de incomodidad, desde un estado de desesperanza, desde una sensación de vacío o de tristeza, por lo tanto, este momento, es un momento bueno para reflexionar, donde estamos más agudos y atentos a lo que falla a nuestro alrededor, a lo que podemos o debemos cambiar, es un momento de introspección y reflexión, necesario en la vida de una persona para seguir avanzando.

¿A vosotras os afectan los días grises tanto como a mí?

Besos.

Mamá G.

Nuestro primer taller de estimulación musical temprana

Como sabéis, el sábado por la mañana fuimos a nuestro primer taller dentro de un ciclo de varios talleres, de estimulación musical temprana. Y hoy, os quiero contar cómo fue, qué tal lo pasamos, y qué impresión tuvimos.

Nada más llegar (llegamos los últimos), ya nos dio muy buena impresión. Cuando entramos al aula, todos los papás con sus niños estaban ya sentados rodeando la clase. Nosotros nos sentamos en un huequecito que nos tenían reservado. Empezó a sonar la primera pieza de música clásica (todo fue música clásica), y dos monitoras abrieron un baúl moviéndose al ritmo de la música, y fueron sacando unas pelotas pequeñitas y a ir lanzándolas por toda la clase, también al ritmo de la música. Todos los niños dejaron a sus padres atrás para ir a por pelotas y jugar con ellas.

Al llegar, Pequeño G no se movía mucho de nuestro sitio, quería estar con nosotros, pero poco a poco, fue ambientándose y empezó a gatear a por las pelotas, a traerlas, las tiraba, le daban más…

En cuanto acabó ese tema, un hombre pasó alrededor de todos nosotros tocando una tromba. No os podéis imaginar cómo fliparon todos los niños. Pequeño G enseguida echó las manos y el hombre, simpatiquísimo, nos la dejó para que Pequeño G la tocara y la viera de cerca.

Después, empezó a sonar otro tema, este más intenso que el anterior. Para este tema, las monitoras utilizaron unas cintas amarillas, que nos dieron a cada uno, la actividad consistía en moverlas todas, unidas entre sí por el centro, al ritmo de la música. Fue, sin duda, la actividad que más me gustó. Muy enérgica, Pequeño G con su cara de emoción no paró de mover la cinta, igual que hacíamos nosotros.

Después, un tema más relajado sirvió como trasfondo de una historia de marionetas, la historia era preciosa, el sol hablaba a una pequeña ranita a través de la música. Mágico.

A continuación otro tema, este muy alegre, muy sonoro, las monitoras cogieron un palo de agua cada una, y se pusieron a hacerlos sonar al ritmo de la música, los niños no les quitaban ojo, seguramente no habían visto muchos palos de agua. Y estos eran gigantes! Después de que captaran su atención, nos repartieron un palo de agua a cada familia, y Pequeño G se dedicó, delicado que es él, a intentar darle patadas y moverlo rodando de un lado para otro. Cada niño actuaba de una forma, ahí estaba lo bonito, en no guiar la actividad del niño, cada uno hacía lo que le salía hacer.

Finalmente, el último tema trajo consigo una tela de seda enoooorme, que cubría toda la sala, cada familia cogíamos la tela por extremo y la hacíamos mover, hacia arriba o hacia abajo, según la intensidad de la música, era divertido ver cómo había niños que cada vez que subíamos con la tela, ellos aprovechaban a meterse debajo y cada vez que la tela bajaba, les cubría enteros, unos reían, otros querían salir. Pequeño G no estaba en este grupo, él decidió que quería moverla como nosotros, así que cogió la tela con nosotros y empezó a moverla con su cara de emoción. Para finalizar, las monitoras echaron unas pelotas chiquititas por encima de la tela, y era precioso ver cómo se iban moviendo de un lado a otro según nosotros hacíamos mover la tela. Ni que decir tiene que todos los niños dejaron de prestar atención al movimiento de la tela para dedicarse a intentar coger las pelotitas.

En definitiva, mi impresión: una maravilla. Un trabajo muy bien hecho, con mucho amor por la música y por los niños, con muy buenas ideas, y muy bien preparado todo. Se notaba la experiencia y se notaba que tanto las monitoras como el chico que tocaba la tuba eran músicos y aquello era su pasión, porque ya se sabe, cuando algo se hace con pasión, siempre sale bien.

También el tiempo que duró el taller estaba muy bien dividido. Lo justo para que todos los niños disfrutaran y ninguno llegara a cansarse. Cambiaban de actividad con cada uno de los temas, los temas no eran excesivamente largos como para tener a un niño con la misma actividad demasiado tiempo. Las monitoras eran muy respetuosas, dejando que cada niño hiciera en todo momento lo que le saliera del cuerpo, tocara cualquier material del aula y fuera hacia donde quisiera ir. 45 minutos de sesión muy bien repartidos y muy bien aprovechados.

Cuando salimos del taller, salimos los tres como sonrientes, contentos, hacía un día precioso, eso también ayuda, era sábado y teníamos todo el finde por delante, vale, eso también, pero el taller nos generó un “buen rollo” que no sé explicaros demasiado bien. Nos fuimos al parque el resto de mañana, y cuando llegamos a casa escribí al centro para decirles que habíamos quedado encantados y que habíamos decidido apuntarnos al resto de talleres del ciclo. Así es que tenemos nuestra segunda clase en 3 sábados.

Estoy encantada de repetir no por todos los beneficios que tiene en un niño la estimulación musical temprana (que también), sino porque Pequeño G dibujó una sonrisa en su cara nada más entrar, que se le quedó permanente durante toda la clase, y ver disfrutar a un hijo es lo más bonito que hay en la vida.

¿Os ha gustado el taller? ¿Las que habéis hecho algo de este estilo, ha sido parecido?

Besos!

Mamá G.

¿Bebés a la carta? ¡NO!

Buenos días de viernes! Ya sabéis lo que me encantan los viernes!! Tanto que están dentro de mi lista de La Felicidad.

Bueno hoy vengo con una noticia que leí ayer mismo: Kim Kardashian y Kaney West han elegido el sexo de su bebé. No es una noticia nueva pero yo no estaba al tanto (tampoco es que siga yo mucho al clan Kardashian) y llegué a ella a través de otra. Os la dejo aquí, por si os interesa.

Y como siempre que leo una noticia relacionada con la maternidad, que, de algún modo, me hace reflexionar sobre algo (al igual que en este y este post) os la cuento para conocer vuestras opiniones.

La revista Us Magazine decía que esta peculiar pareja fue sometida a un proceso de selección del sexo de su bebé, del que ella todavía está embarazada, a través de la fecundación in vitro.

La pareja tiene una niña ya, y claro, querían la parejita. Por lo visto, a ella sólo la implantaron embriones masculinos.

También he leído en otra publicación que el precio de este tratamiento, que imagino que lleva incluida la selección de embriones, les costó alrededor de 17 mil dólares.

Para mí una de los derechos más importante y más preciados de los que disfrutamos es la libertad, y no seré yo quien me meta en lo que cada uno quiere o no hacer con su vida.

Pero dejadme, por favor, apuntar algo. Me da miedo.

Me da miedo pensar hasta dónde podemos llegar. ¿Cuál es el tope de las ansias del ser humano por controlar todo en la vida? ¿Acaso no tiene tope? La selección embrionaria tiene un tinte moral y bioético, que tiene mucho que decir en esto. Se empieza por seleccionar el sexo de tu bebé y se acaban realizando controles de calidad genética de embriones. Miedo.

Yo siempre creo que hay algo que existe, llámalo X, llámalo casualidad, llámalo Dios, llámalo como quieras, (a mí me gusta llamarlo Madre Naturaleza), pero siempre he creído que las cosas pasan por algo, y más aún desde que he sido mamá. Sé que fue Pequeño G quien nos eligió, no nosotros a él. Nosotros quisimos tener un hijo, y de entre todos, el que estaba preparado para venir, el que quería estar con nosotros, el que quiso llegar a nuestras vidas para iluminarlas, fue Pequeño G. ¿Y por qué él y no otro embrión prosperó?

Hay quién puede responder que se trata de la rapidez del espermatozoide, ya está, el espermatozoide que traería a Pequeño G era el más rápido, y el óvulo que sólo puede ser fecundado una vez, en cuanto lo admitió, listo el bote, empezó a surgir el proceso.

Sin embargo, yo creo que si lo llaman milagro de la vida es por algo, y de verdad a mí me parece que la concepción de un bebé, el cómo el cuerpo de una mujer puede cambiar, cómo sus órganos vitales pueden moverse y seguir funcionando en otros sitios distintos para dejar hueco al bebé, cómo la mamá y el bebé pueden conectarse antes de conocerse, cómo una persona puede crearse dentro de otra, eso me parece un milagro, y me parece magia la mirada de un niño y su madre, y el amor tan grande que siente una madre hacia su hijo, que hasta darías tu vida si con ello consiguieras librarlo de problemas. Eso es algo que trasciende la física, la ciencia y la biología. Eso es algo mágico.

Y yo me pregunto, ¿por qué algo tan mágico, hay quién se empeña en alterarlo? ¿Por qué elegir el sexo del bebé?

Me preocupa el hecho de que esto se empiece a generalizar, que la gente se crea que puede manejar este tipo de cosas, no me gustaría que acabáramos eligiendo a nuestro bebés a la carta, ¿rubio o moreno? ¿más listo? ¿con menos disposición a padecer no sé qué enfermedad? No me gusta pensar que pueda llegar el día en que la selección genética de embriones esté a la mano de todos y la usemos porque constituya “lo normal” en nuestra sociedad. Creo que alterar genéticamente así a nuestros embriones se puede convertir en un arma de doble filo. Puede ser peligroso. Puede acabar en una selección perversa.

Indagando sobre el tema, leí un comentario del prestigioso genetista Jacques Testard, que venía a decir que este tipo de selección embrionaria conduce a la “exclusión indolora” de posibles niños gracias al examen de concebidos, y que al final, en cifras, es decenas de veces más numeroso que el de los fetos sometidos al diagnóstico prenatal. Por lo tanto, resumía diciendo que la selección embrionaria está evitando el nacimiento de niños con características genéticas que no justifican oficialmente el aborto (si es que un aborto se entiende justificado alguna vez).

Sobre los controles de calidad genética de embriones, Michael Kirby, miembro del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO parece que piensa igual que yo y lanza esta batería de preguntas: ¿Dónde comienza y dónde acaba este proceso de eliminación de la vida humana? ¿Puede admitirse este intento de erradicación de cualquier mínimo defecto genético eliminando al mismo ser humano? Me tranquiliza saber que no soy la única a la que le da miedo. Y es que es verdad, parémonos a pensar, un segundo, por favor, la ciencia lo conseguirá, llegará el momento en que tengamos nuestro ADN en una placa petri y que podamos seleccionar: no enfermedades de ningún tipo, no problemas de conducta, no alteraciones mentales, rubio, ojos azules, alto, guapo, chico. ¿Qué va a pasar entonces? Que la raza humana acabaría extinguiéndose, porque no somos más listos que la Madre Naturaleza. Porque hay que mantener un equilibrio, entre chicos y chicas, entre gente con unas enfermedades y gente sin ellas, porque así es la vida, porque así tiene que ser para poder preservar la raza, ¿qué pasa si todos queremos niños? Pues que no habría tantas niñas como para convertirse en madres y preservar la raza, porque habría una superpoblación de niños. Y así con todo. ¿Qué pasa si ya nadie muere? Pues que no podríamos tener cabida en nuestras ciudades, la raza humana no encontraría espacio en la Tierra como para seguir viviendo, que los mayores no tendrían dinero tras jubilarse, porque no habría jóvenes suficientes para pagar pensiones (ya casi no hay…), el sistema nunca funcionaría así.

Por eso decía lo de la selección perversa. La Madre Naturaleza hace su trabajo, y lo hace bien. Todo está relativamente equilibrado y pensado para que podamos seguir viviendo, para que podamos seguir reproduciéndonos, y para que podamos seguir criando a nuestros bebés para convertirlos en adultos con principios y moralmente responsables.

¿Qué pensáis? ¿Os parece, igual que a mí, un arma de doble filo? ¿Hay que tener cuidado con la selección genética de embriones?

Que paséis un finde estupendo!! El lunes os cuento nuestro taller de estimulación musical temprana de mañana!! Qué ganas!

Besos!

Mamá G.

Complementos vitamínicos durante la lactancia: ¿necesarios?

Buenos días amigas!

Hoy vengo a comentar un tema que el otro día, en una conversación con una compañera salió. Los complementos para mamás lactantes. A raíz de eso, y de que yo consumo estos complementos, me puse a investigar y hoy quiero contaros los resultados de mi búsqueda.

Hay varias marcas que comercializan complementos vitamínicos para mamás en periodo de lactancia. Por todos es sabido que la leche materna proporciona todos los nutrientes que necesita el bebé durante la primera etapa de su vida y le provee de los minerales y vitaminas que requiere para su desarrollo.

Por eso, si es tan importante, y esta responsabilidad recae sobre las mamás que damos el pecho a nuestros hijos, muchas veces nos planteamos, ¿es necesario un aporte extra? ¿un complemento alimenticio? ¿nuestra leche va a ser mejor si tomamos unas pastillas que nos proporcionen minerales y nutrientes extra? ¿va a estar mejor alimentado nuestro bebé?

Entre el abanico de respuestas que nos podemos encontrar hay de todo, como en botica.

Lo cierto es que durante el periodo que dure la lactancia, la mamá debe llevar una dieta sana, equilibrada y variada, para que pueda obtener los micronutrientes necesarios, tanto para ella, como para el bebé.

Según establece la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (AEDN), la alimentación, así como el aporte de vitaminas, durante la lactancia no tiene que ser muy distinta a la de otras etapas, porque, salvo casos extremos, como de desnutrición clara, el estado nutricional de la madre no interfiere en la producción de su leche ni en la calidad de la misma.

Esto tiene sentido si lo contrastamos con lo que dice al respecto el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP), y es que, por lo visto, la glándula que produce la leche tira sobre todo de las reservas de la mamá, por lo que  la composición de la leche materna “guarda escasa correlación con la dieta de la madre

Concretamente, los micronutrientes más importantes son el hierro, el calcio, el yodo y la vitamina A, fundamentales para un correcto desarrollo físico del pequeño.

Así es que si la dieta de la madre es correcta (por correcta entendemos variada y saludable), no tiene por qué producirse ninguna deficiencia de estos nutrientes en el niño, y por tanto, la mamá no tiene por qué tomar ningún suplemento específico.

Sin embargo, si bien tanto el hierro, como el calcio, o la vitamina A son importantes para el correcto desarrollo del bebé, el yodo es especialmente importante.

Si un bebé no obtiene suficiente yodo de la leche materna, puede provocarse un aumento del tamaño de la tiroides, y por consiguiente, ocasionar problemas respiratorios o de deglución. Además, la carencia de yodo puede provocar también retraso en el desarrollo del Sistema Nervioso Central así como en el crecimiento y la maduración de los huesos del bebé.

Como vemos, los niños necesitan ingerir una ración de yodo a diario para un correcto crecimiento y desarrollo intelectual. Los estudios demuestran que una cucharadita de las pequeñas de sal yodada al día es suficiente para cubrir estas necesidades y evitar problemas (sobre todo de tiroides) en los bebés. Sin embargo, el bebé no toma sal, todo el yodo que necesita, le viene a través de la leche, por eso es tan importante asegurarse de que la mamá cubre correctamente la ingesta diaria de yodo

 ¿En qué alimentos encontramos yodo (además de la sal yodada)?

Vegetales marinos (como las algas comestibles) son riquísimos en yodo, pero por lo menos yo, nunca los suelo consumir.

Pescados y mariscos (como el arenque, las gambas, los langostinos, el bacalao, los mejillones, el salmón o el lenguado). Es de aquí de donde más posibilidades tenemos, en una dieta normal, de cargarnos de yodo las mamás. Pero, ¿tomamos pescado a diario? Porque nuestro organismo necesita un aporte determinado de yodo al día.

Frutas rojas (fresas y arándanos sobre todo). Son estupendos antioxidantes además de ser ricos en yodo.

Leche y yogur. También son alimentos ricos en yodo.

¿Cuál es la conclusión?

Como conclusión a mi estudio, creo que la respuesta más acertada es que no es necesario un aporte vitamínico extra para la mamá durante el tiempo que dure la lactancia. Su leche es buena de todas formas, y alimentará estupendamente a su bebé. Siempre y cuando se ponga atención en comer de todo, variado, y cocinado de la manera más saludable posible.

Ahora bien, también creo que si crees que no consumes suficiente yodo, o para casos extremos como anemias o desnutriciones, o mamás adolescentes que están en pleno desarrollo, es importante suplementar tu dieta con algún complemento, siempre y cuando antes consultes con un médico y te recomiende uno, en caso de creerlo conveniente.

        ¿Cuál es mi caso?

Cuando fui a mi primera revisión ginecológica después de dar a luz (Pequeño G tendría un mes), mi ginecóloga me recomendó consumir una pastilla de Natalben Lactancia. Pongo la marca deliberadamente porque no me gusta hablar de lo que no conozco pero esto lo conozco bien, llevo tomándolas 1 año. Me la recomendó porque según ella, es el único complemento con la mayoría de nutrientes necesarios para una mamá lactante, concretamente me dijo que le interesaba el ácido fólico y el yodo, y a mí me pareció razonable. Igual que durante el embarazo tomamos ácido fólico o incluso se recomienda tomarlo tiempo antes de la concepción, pese a que muchos alimentos contienen ácido fólico, no me pareció disparatado complementar tu dieta durante la lactancia.

Pequeño G no se ha puesto malito ni una sola vez y yo sólo una, de un virus de tripa horrible que cogí. ¿Hubiera sido igual sin tomar mis suplementos? Puede que sí, seguramente sí, pero no lo sé. Hay gente que no los toma y gente que sí. Yo, porque me lo recomendó la doctora, porque lo he visto lógico, y porque no me ha ido mal, los seguiré consumiendo hasta nueva orden médica.

¿Qué os parece? ¿Habéis tomado o estáis tomando complementos?

Un beso.

Mamá G.

Reto para leonas

NuestrasLecturas

Buenos días! Preparadas para el post más largo que jamás hayáis leído? (Si tenéis que ir al baño, aprvechad ahora, porque una vez que empecéis ya no será fácil).

Hoy me sumo al reto que Desde Tú nos propuso la semana pasada: el reto para leonas. Se trata de poner un libro de los que hayamos leído por cada una de las 20 categorías que Liela nos indicaba en su post. Así que sin más dilación, ahí van mis 20 libros:

1. Un libro cuyo título tenga una sola palabra.

Rayuela.

Autor: Julio Cortázar.

Es una novela muy difícil de resumir por lo especial que es, narrada en introspectiva, es la historia del protagonista, Horacio Oliveira, y de su amante, la Maga, de nombre Lucía, que se desarrolla en París y posteriormente en Argentina.

Durante toda la narración, Horacio trata de alcanzar una especie de cielo, que le llevará a la locura prácticamente.

2. Un libro sin texto.

Adult Coloring Book: Relaxation Templates for Meditation and Calming (Volume 1).

Autor: Cherina Kohey.

Es un libro para colorear para adultos. Me lo regalaron recientemente. Me relaja mucho colorearlo, lo que pasa, es que siempre que encuentro un momento libre acabo encontrando alguna otra cosa que hacer…y desde que tengo el blog, coloreo más bien poco…

3. Un libro de poesía.

Entre el clavel y La rosa.

Autor: José María Plaza.

No acostumbro a leer mucha poesía yo…pero no me ha costado nada encontrar un libro en esta categoría. Esta antología de la mejor poesía española se presenta en un formato tan pedagógico que es ideal para niños. De hecho yo lo leí cuando era una niña, debería tener unos 9 años aproximadamente y se me quedó grabado de lo bonito que es.

4. Un libro en el que los protagonistas sean animales.

Poquito a poco.

Autor: Amber Stewart.

Es una historia entrañable de una nutria pequeñita que no sabe nadar y por lo tanto no puede jugar con sus amigos del agua. El trasfondo es una historia de superación, donde la nutria poco a poco aprende a nadar y a conseguir lo que quiere. Me gusta mucho el mensaje que transmite a los niños, con esfuerzo y tiempo, si luchas por lo que quieres, lo tendrás.

5. Un libro con el que haya aprendido cosas.

La crianza feliz.

Autor: Rosa Jové.

Una maravilla, este es el último libro que me he leído. Me ha encantado, he aprendido mucho a entender al niño, a saber actuar de manera consciente y respetuosa con él y con sus circunstancias, además la lectura se hace muy sencilla. Muy recomendable.

6. Un libro con pop-ups.

¿Dónde está? Los vehículos.

Autor: Dawn Sirett.

Por todos es sabida la pasión de Pequeño G por los vehículos, así que este regalo que nos hicieron fue todo un acierto. Se trata de un cuento con varias solapas que al levantarlas aparecen pop-ups con cada tipo de vehículo. Le encanta!

7. Un libro ilustrado para adultos.

Segunda Guerra Mundial, atlas ilustrado.

Autor: Flavio Fiorani.

Este libro no es técnicamente mío. Es de Papá G, que es un aficionado a la Segunda Guerra Mundial. Pero lo he querido meter en la lista porque me parece una maravilla, muchíiisimas fotografías que recorren la historia de la gran guerra plagan las páginas de este libro.

8. Un libro en otro idioma.

L’élégance du hérisson (la elegancia del herizo).

Autor: Muriel Barbery.

Este libro forma parte de una pequeña colección de obras que leí en francés hace algunos años (cuando tenía tiempo, vaya), y es una historia que me fascina. Renée es la portera de un edificio elegante de París y Paloma es una niña de 12 años, que vive en dicho edificio, ambas tienen una vida aparentemente bastante común y aburrida hasta que un misterioso hombre aparece en la vida de ambas y hace que se unan, resultando ser almas gemelas, así las dos protagonistas descubren la magia de las pequeñas cosas y hacen que sus vidas vayan adquiriendo otro tono gracias a los placeres de lo cotidiano. Precioso y muy recomendable.

9. Una colección, saga o serie de libros.

Harry Potter.

Autor: J.K. Rowling.

Ay! Harry Potter!! He crecido con ellos!! Mi saga por excelencia. Siete libros plagados de imaginación y magia, en el colegio de magia y hechicería Hogwarts. No tuve ninguna duda en cuanto leí esta categoría. Poca explicación puedo dar sobre el niño mago más famoso de todos los tiempos! Más que recomendable! Para mayores y pequeños!

10. Un libro personalizado.

Caillou. Así soy yo, así es Caillou.

Autor: Chouette Publishing.

Este lo tenía muy claro, básicamente porque es el único libro personalizado en la casa, y como no puede ser de otra manera, es para Pequeño G. En la portada del libro aparece el bueno de Caillou sujetando una foto de Pequeño G. El libro en sí está gracioso aunque no lo hemos usado mucho todavía, a decir verdad, casi nada, porque Pequeño G está en fase de adoración de los vehículos y los cuentos a por los que va son tres que tenemos de vehículos. Los demás, no les hace mucho caso aún. Pero tiempo al tiempo.

11. Un libro en el que haya monstruos.

¡Buenas noches, monstruos!

Autor: Lucía Serrano.

Me parece un cuento muy gracioso, donde se da la vuelta a la tortilla, porque cuando llega la hora de dormir, los monstruos son los que tienen miedo!!! Así que todos se quieren meter en la cama de Joaquín para dormir con él. Pero Joaquín no puede dormir bien con tanto monstruo miedica, le molestan en su cama.

12. Un libro clásico.

La Dama de las Camelias.

Autor: Alejandro Dumas.

Primera novela que amé. Lo leí siendo muy joven, tendría unos 16 años aproximadamente, o quizá menos. Lloré a lo largo de toda la trama como no he vuelto a llorar con ningún libro (y soy muy llorona). Es la obra cumbre del romanticismo literario, sin duda. La novela narra el amor de dos jóvenes: él, de buena familia, Armando Duval, y ella, una cortesana de París, Margarita Gautier. Después de luchar lo indecible por estar juntos, nos abrasa un final trágico. Preciosa historia de amor y muy bien escrito, por supuesto.

13. Un libro de varios autores.

Cuentos para niños de 1 año.

Autor: Equipo Todolibro.

No os descubro nada con esta saga de cuentos, los hay para todos los años hasta 6 (de esta editorial) y más años incluso de otras editoriales. Fue un regalo que nos hicieron y lo estamos intentando empezar a utilizar ahora, pero de momento, más que escuchar la historia que mamá nos lee, miramos las ilustraciones, muy bonitas por cierto, y pasamos las páginas.

14. Un libro de mi infancia.

Fray Perico y su borrico.

Autor: Juan Muñoz Martín.

Ayyyy!!! Tenía tantos y tantos para poner en esta categoría, me acuerdo de tantos!! Renata, Fray Perico, el Pirata Garrapata,…pero me he decantado por este porque es del que más me acuerdo, aunque si os soy sincera he tenido que recurrir a internet para refrescar un poco la historia, que se desarrolla en el siglo XIX, cuando Fray Perico y su borrico Calcetín llegan a un convento de Salamanca donde viven veinte frailes. Por supuesto la llegada de Fray Perico y su borrico revoluciona a todos y el convento no tardará en vivir situaciones disparatadas, muy graciosas y alegres!

15. Un libro que haya comprado por su portada o sus ilustraciones.

Cuentos para educar niños felices.

Autor: Begoña Ibarrola.

Este libro lo compré antes de que naciera Pequeño G y lo compré por la portada nada más. Sin embargo, cuando lo abrí me llevé una grata sorpresa, pues no se trataba de una compilación de cuentos preciosos, como yo me imaginaba sino que es un libro para los padres orientado a promover un crecimiento sano, feliz y equilibrado del niño. El libro se divide en 10 puntos que la autora considera fundamentales para educar niños felices: amor incondicional, desarrollar su autoestima, impulsar su autonomía, desarrollar la confianza en sí mismo, valorar su esfuerzo y constancia, vivir con honestidad y sinceridad, respetar su individualidad, saber aplicar límites y normas, aportarle seguridad y educarle en paz y tranquilidad. Cada apartado contiene una explicación sobre el punto en concreto y dos cuentos relacionados con él. Está bastante interesante.

16. Un cómic.

L’évangile pour les Enfants en BD.

Autor: Christine Ponsard.

Ojo al dato que tenemos un evangelio para niños! Y es que la bisabuela paterna de Pequeño G es bastante religiosa y nos ha regalado esto! Creamos o no, la cosa es que es bastante original, por lo menos yo nunca antes había visto un evangelio para niños en formato cómic.

17. Un libro que haya comprado sólo por coleccionar o tener.

La Divina Comedia.

Autor: Dante Alighieri.

Esta obra la compré en mi primer año de carrera, cuando me emocioné con la literatura clásica. Desde que leí La Dama de las Camelias, que os he reseñado anteriormente, quise hacer mi pequeña biblioteca de clásicos que voy nutriendo poco a poco, porque la cultura no ocupa lugar en la mente pero en la casa sí, y si quieres libros físicos, también cuesta dinero, además. Total, que me compré la Divina Comedia por esa especie de atracción inexplicable que siento hacia toda forma de arte ligada al renacimiento italiano. No quería leerlo en aquel momento, me consta que es una lectura difícil y hay que estar preparado en varios aspectos, primero tener tiempo suficiente y segundo tener conocimientos suficientes como para descifrar muchas de las alusiones que hay a lo largo de la obra a diferentes personajes o momentos históricos. En aquel momento (universitaria yo) tenía tiempo pero no me sentía capaz de poder entenderla como es debido. A día de hoy, todavía no la he leído. No sé si ahora tengo o no más conocimientos que antes, pero desde luego lo que me falta es tiempo.

18. Un libro de contenido científico.

El Origen de las especies.

Autor: Charles Darwin.

Esta obra no la compré, me entró en unos fascículos que estaba coleccionando. Pero la leí, no la buscaba especialmente, no es que yo sea muy científica, mi corazón es y siempre será de letras, pero la leí porque solía leer cuanto caía en mis manos. No hace falta sinopsis de esta obra, la explicación de la teoría evolucionista.

19. Un libro no literario (por no literario yo he entendido que no pertenezca al género de la novela)

Manifiesto comunista.

Autor: Karl Marx y Friedrich Engels.

Tampoco hace falta sinopsis de esta obra. No es que yo sea comunista, es que me parece una obra digna de leer, un clásico del pensamiento occidental en un momento puntual de la historia. Este manifiesto fue redactado por Marx y Engels y publicado en Londres en 1848, por encargo del segundo congreso de la Liga Comunista. Contiene el programa del partido, pero además, es un lúcido análisis de la sociedad capitalista del siglo XIX. No os penséis que es un panfleto político sino que se trata de (ojo al dato) del libro más difundido después de la Biblia!!

20. Un libro que se haya llevado al cine.

El Doctor Zhivago.

Autor: Boris Pasternak.

Este libro es un “tocho” de los de verdad. Difícil de leer (por lo menos a mí me resultó algo tedioso), narra la historia de Zhivago, como testigo de una de las épocas más trágicas de la historia rusa, la revolución bolchevique, donde lucha por sobrevivir junto a su esposa y a su amante, de la cual se enamora apasionadamente.

Pues bien, hasta aquí mi listado! Quiero dar las gracias a Liela porque siempre tiene buenas ideas para proponer retos y hacer entradas chulas como esta! Ha sido un post que he preparado con mucho tiempo, muy meditado y me ha encantado hacerlo!

¿Habéis leído alguno del listado? ¿Coincidís en algo conmigo?

Besos!

Mamá G.

Predecir el sexo del bebé: la tabla Maya

He de reconocer que este tema me encanta jiji

Me río mucho con cada vez que alguien trata de averiguar el sexo del bebé.

Yo siempre supe que mi bebé iba a ser un niño…no sé por qué pero lo intuí desde el principio. Hablaba con él en masculino sin darme cuenta y cuando supimos que estábamos embarazados y nos pusimos con el tema elección de nombre, en nuestro caso duró el tema 40 segundos. Yo sabía que era un nombre de niño, y barajaba dos: el que más me gustaba y el segundo, por si Papá G. no estaba de acuerdo, se los propuse, y para mi sorpresa, le encantó el que más me gustaba a mí. Así que así fue. Sin discusiones, sin listados, sin nada. Desde antes de saber el sexo del bebé sabíamos su nombre, y era un nombre de chico.

Efectivamente, las ecografías confirmaron que era un chico. Lo recuerdo muy bien. La eco de las 12 semanas, el ecógrafo callado mirando todo, y de repente acaba y dice “¿queréis saber qué es?” los dos dijimos que sí, a pesar de saberlo ya en nuestro fuero interno, “pues es un chico”, y entonces empecé a llorar. Lloraba de emoción, mi Pequeño G ahí estaba, en pequeñito pequeñito pero ya era mi Pequeño G oficialmente

Bueno, pues hasta la semana 12, todo el mundo se aventuró a decirme qué creían que era. Si bien es cierto que ganaba el “chico”, también hubo votos para la “chica”. Mi tía, por ejemplo, lo aseguraba totalmente, “va a ser una niña, ya lo verás”.

¿En qué se basan estos pronósticos? En mil cosas, la forma de la tripa, el embarazo bueno o malo que estés llevando, hasta lo guapa o menos guapa que estés (parece que si tienes un niño estás menos guapa…y yo siempre me vi monísima jaja).

A la gente le divierte adivinar el sexo del bebé basándose en estas creencias y en sus propios embarazos pasados: “yo tuve un embarazo horroroso y fue un niño, y en el segundo estuve fenomenal, ni me enteré y fue una niña, así que lo tuyo es niño seguro, vamos”. Ja ja! Me encantan

Pues bien, el último descubrimiento viene de la mano de una compi de trabajo. No sé si ya lo conocéis o no, yo no lo conocía y ahora nos pasamos el tiempo mirándolo entre todas viendo con quién ha acertado y con quien no! Estamos viciadas!

Se trata de la taba maya de embarazo. Aquí la tenéis.

tabla-maya

Por todos es sabida la grandeza de la civilización maya, en todos los aspectos, pero para esto, por lo visto, también fueron expertos. Al parecer, las mujeres maya eran capaces de conocer el día exacto en que darían a luz con un sencillo método: haciendo un nudo en una cuerda cada día de gestación que pasaba.

Además, se dedicaron a hacer estudios sobre la mamá y el sexo del bebé y a generar estadísticas, así que con ello, formaron una tabla para conocer el sexo del futuro bebé.

        ¿Cómo funciona la taba maya?

El funcionamiento de la tabla maya es muy simple. Tenemos dos ejes, el vertical marca edad de la mujer en el momento de la concepción (ojo! No del parto, en el momento en que concebimos a nuestros bebés) y el eje horizontal marca el mes de la concepción también.

Por lo tanto, se trata de mirar, en vertical, la edad que tenías cuando te quedaste embarazada, y en horizontal, el mes en el que te quedaste embarazada. Supuestamente, el resultado tiene que ser el sexo de tu bebé.

Así, si lo que quieres es una niña y tienes 30 años, por ejemplo, según la tabla maya deberías quedarte embarazada en los meses de enero, abril, junio, agosto, octubre o diciembre.

Yo no soy nada proclive a creer en estas cosas, siempre trato de buscar una explicación a todo, pero he de decir que conmigo ha acertado por completo y con mis compis del trabajo también.

¿Qué os parece? ¿Creéis en estas cosas? ¿Ha acertado la tabla maya con el sexo de vuestros hijos?

Besos.

Mamá G.

La estimulación musical temprana

Buenos días de lunes!

Hoy vengo a contaros que el sábado que viene, Papá G, Pequeño G y yo misma iremos a nuestro primer taller de estimulación musical temprana. Y digo primero, porque me encanta la idea! Espero que salgamos muy contentos y con ganas de repetir.

Todo esto viene porque en casa solemos escuchar música de fondo, ponemos un CD y nosotros seguimos con nuestras tareas, pero siempre me ha gustado tener un hilo musical detrás. A esto le añadimos que Pequeño G ha empezado a bailar. Sí sí, baila. Es muy gracioso verle, con su añito recién cumplido, levantar las manos y moverlas y a veces sube y baja el cuerpo. Te lo comerías.

Viendo que la música parece que le gusta, empecé a buscar a ver si podíamos atender algún taller, alguna clase,…y mirando y mirando al final he descubierto bastantes cosas interesantes sobre esto que llaman “estimulación musical temprana”.

Para empezar, es conveniente saber que el bebé nace con ritmo en el cuerpo, esto significa que nace con el 100% de sus aptitudes musicales, y dependiendo de su estilo de vida, educación, etc, las va manteniendo o no.

Un estudio llevado a cabo por el profesor de cognición musical de la Universidad de Ámsterdam Henkjan Honing demostró que el cerebro de los bebés es sensible al ritmo de la música, por lo tanto, pueden sentirlo desde pequeños, desde su nacimiento.

La estimulación musical temprana tiene como objeto el descubrimiento y desarrollo de las capacidades expresivas, musicales y psicomotoras del niño, se trata de presentar al niño una gran variedad de actividades y de estímulos musicales para así ayudarle a mantener su interés por el sonido.

La comunidad científica está de acuerdo en los múltiples beneficios de una estimulación musical temprana para los bebés, y coinciden en recomendar comenzar con la misma a partir del sexto mes de vida.

Pero no hace falta acudir a clases o talleres, porque la educación musical (como cualquier tipo de educación) nace desde casa, y es allí donde tiene que forjarse, pese a que puedas reforzarla o pautarla a través de clases, encuentros o talleres. Por ello, entonar canciones a tu hijo y escuchar música con él, cantar, bailar, desarrolla un fuerte vínculo afectivo entre ambos y estimula su inteligencia emocional. Asimismo, a nivel psicológico, despierta, estimula y desarrolla emociones y sentimientos.

        ¿Cuál es el mejor tipo de música para escuchar con mi hijo?

Pues la mayor parte de padres sucumbimos ante las canciones infantiles. Está muy bien escuchar canciones infantiles con nuestros hijos, porque suele recomendarse a edades tempranas escuchar música con letras simples y repetitivas. Palabras sencillas, no demasiado largas y presentes en el vocabulario habitual del niño.

Sin embargo, los expertos recomiendan no limitarnos en este tipo de música porque está demostrado que el niño tiene capacidad suficiente para escuchar, reproducir y amar cualquier otro tipo de música. Por lo tanto, otros géneros que suelen recomendarse son la música clásica y el jazz.

Cuando escuchemos música con nuestros hijos, es importante que le prestemos atención, que juguemos con ella, dando palmas, repitiendo sonidos instrumentales, o palabras cortas entonadas en caso de escuchar canciones infantiles, y que les animemos a imitarnos. Así es como irán aprendiendo.

En edades más avanzadas (a partir de los 2-3 años), en las escuelas musicales enseñarán a nuestro hijo a hacer ritmos con la voz o con partes de su cuerpo, a distinguir y entonar una nota alta o una baja y, a escribir o a reconocer las notas musicales mediante juegos.

A partir de los 6 años aproximadamente (hay escuelas que empiezan a los 5 años), se suele dejar de hablar estimulación musical temprana para hablar de formación musical. Es aquí donde el niño es consciente de sus preferencias y sabrá decantarse por un instrumento musical.

        ¿La música nos hace más inteligentes?

Hace poco leí un artículo de la revista Muy Interesante, que afirmaba que sí. Aquí tenéis el fragmento en cuestión:

Como comenta Mónica López Quintana, psicóloga y directora del centro DePsi en Vitoria, «cada día hay más evidencias de que los seres humanos, en su fase intrauterina y tras el nacimiento, son sensibles a la música, la cual favorece el desarrollo neurológico». También se pueden aplicar sus beneficios cuando son más mayores. Investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá) escogieron a varios niños de 6 años y, aleatoriamente, se les impartió clases de piano y voz. Otros no recibieron ninguna formación. El estudio concluyó que aprender a tocar un instrumento puede aumentar las habilidades para las matemáticas y el cociente intelectual en general.

Para finalizar mi análisis, os dejo algunos de los beneficios de la estimulación musical temprana:

  1. Facilita el desarrollo del lenguaje.
  2. Disminuye la agresividad.
  3. Aumenta la inteligencia emocional y social.
  4. Fomenta la creatividad.
  5. Aumenta las conexiones neuronales.
  6. Fomenta habilidades matemáticas y de cálculo.
  7. Agudiza la agilidad mental.
  8. Incrementa la sensibilidad innata del niño.
  9. Facilita la expresión de sentimientos e ideas.
  10. Favorece la integración sociocultural.

Después de investigar y leer mucho sobre ello, me acabé convenciendo y busqué un lugar apropiado donde poder ir a nuestro primer taller musical, para mí era algo fundamental que pudiéramos entrar los tres (en muchos de los lugares que encontré sólo permitían el paso a un adulto acompañando al niño), me parece que va a ser una experiencia muy enriquecedora para nuestra familia. Así es que la semana que viene, después de nuestro taller, os contaré qué tal ha ido!

Ánimo con el lunes!

Besos.

Mamá G.

La Felicidad

Buenos días!

Hoy, por ser viernes, mi día favorito, traigo un post que llevo queriendo hacer mucho tiempo y que llevo currándome algún tiempo, porque no es fácil hacer una entrada de este estilo. Al menos una entrada sincera. Han sido días de ir anotando en mi libreta de El día que llegaste pequeñas cosas cuando se me venían a la cabeza para no perder ni una y que todas las que pusiera fueran salidas de dentro, no inventadas en un momento para rellenar un listado lo más rápidamente posible.

De más joven descubrí el valor del ahora, es donde yo vivo, en aquí y en ahora, porque mañana no sé dónde estaré, así que como lo único que tenemos seguro es el ahora, es lo que hay que disfrutar.

Por esto precisamente hay que ver el lado bueno de las cosas, porque la felicidad radica en ver el lado bueno de lo que haces día a día, no se puede vivir esperando ser feliz cuando estemos de vacaciones, cuando nos toque la lotería, cuando nuestro hijo crezca un poco, cuando a nuestra pareja el trabajo le vaya mejor, cuando nosotros encontremos empleo, cuando…no, porque no sabes si eso llegará algún día. Es más, la vida es caprichosa, y muchas veces nada llega como te lo imaginaste. Por lo tanto, hay que sacar lo bonito de lo cotidiano, y disfrutarlo, alejarnos del ruido de la vida y centrarnos en los detalles que nos alegran el día, que nos hacen felices.

Y para demostrar que la felicidad está en lo cotidiano, a continuación os presento las 50 cosas que más feliz me hacen, verás cómo coincidimos en muchas. Si al final va a ser que somos felices y no nos damos cuenta…! Aquí van:

  1. Escuchar (que no es lo mismo que oír) a los pájaros cantar.
  1. Ver y escuchar a mi hijo reír.
  1. Observar a mi hijo dormir.
  1. Remolonear en la cama con mis dos chicos.
  1. Despertarme sin despertador.
  1. Los abrazos y besos de mi hijo.
  1. Salir después de comer un día de principios de primavera.
  1. Los viernes por la tarde.
  1. Empezar a ver los almendros en flor.
  1. Días de mucho frío pero mucho sol.
  1. El primer baño en el mar en verano.
  1. Encontrar un aparcamiento a la primera y cerca del destino.
  1. Entrar en una cama con sábanas recién lavadas, a estrenar.
  1. El olor de la lluvia.
  1. Viajar.
  1. Cocinar un plato y que me encante al probarlo.
  1. Una charla larga con mi madre y mi abuela.
  1. Pisar descalza la hierba en la piscina.
  1. El primer día de mis vacaciones de verano.
  1. La Navidad.
  1. El momento de preparar una maleta antes de un viaje de placer.
  1. Acabar de leer la última página de un libro.
  1. Oler un libro recién comprado.
  1. Perderme por una biblioteca o una tienda de libros.
  1. Que suene una canción que me guste en la radio.
  1. Que suene una canción que me gustó tiempo atrás en la radio y que todavía me sé de carrerilla.
  1. Un whatsapp inesperado de un amigo que hace tiempo que no sé de él.
  1. Una buena valoración tras el trabajo bien hecho.
  1. Dejar que se me contagie la risa de otra persona.
  1. Caminar sin prisa.
  1. Irnos de fin de semana.
  1. Planear un viaje.
  1. Cenas con Amigas del Alma.
  1. Reuniones familiares.
  1. Ducharme con mi chico.
  1. Dormir a mi hijo al pecho.
  1. Despertarme a dar el pecho a mi hijo, mirar el despertador, y ver que todavía me queda una hora más durmiendo.
  1. Comprar algo bonito para mi casa.
  1. Los cereales con leche.
  1. Estar pasando frío y entrar en una cafetería calentita.
  1. Que me dé tiempo a desayunar antes de ir a trabajar.
  1. Vestir con un vestido en verano.
  1. El olor de la casa de la sierra de mis padres.
  1. Caminar de la mano de mi chico y que me diga «te quiero».
  1. Ver la cara de emoción de mi hijo al ver un autobús.
  1. Encontrarme una nota de mi chico debajo de la almohada.
  1. Recibir una sorpresa.
  1. Notting Hill y Love Actually.
  1. Ver cómo mi hijo ha aprendido algo nuevo y se emociona cuando lo hace.
  1. Ver reír a la gente que quiero.

¿Coincidís en alguna? ¿Os animáis con vuestro listado? ¿Qué os hace feliz?

Pasad un fin de semana estupendo!

El lunes más!

Besos!

Mamá G.

Dos críticas sobre crianza (Parte II)

Buenos días amigas!!

Hoy os traigo la segunda de las críticas que me hicieron el domingo pasado sobre la forma de criar a un niño. Si quieres ver la primera de ellas, la tienes aquí.

El caso es que, después de soltarme el rollo de que al niño hay que enseñarle a dormir, tomamos un café en el salón mientras Pequeño G estaba durmiendo su sagrada siesta en el cuarto.

Mientras tanto el niño de esta buena mujer estaba rodando de brazo en brazo, de su madre, a su tío, de su tío a su padre, y así sucesivamente, y es que claro, el niño, quería jugar en el suelo (como todos los niños del mundo, vaya), pero la mamá no quería dejarlo en el suelo porque si no “hay que estar todo el día detrás que este niño es un demonio” No le vi mucha cara de demonio al pobre…pero bueno.

A todo esto, Pequeño G se despertó. Muy simpático, después de haber dormido dos horas, tú me dirás. Bueno, pues, lo sacamos del cuarto, le presentamos a esta nueva gente, y acto seguido le dejo en el suelo mientras voy a coger las cositas que llevamos para que merendara.

Papá G. fue al bolso del carro a sacarle los juguetes que siempre llevamos encima (sobre todo porque el camino Madrid-Ávila en coche es largo y a Pequeño G hay que distraerlo en el coche, que no le gusta nada), y se los puso en el suelo junto a él para que jugara.

Pues en cuanto volví de la cocina con la merienda de Pequeño G le faltó tiempo a la buena mujer para decirme: “no va a la guardería, ¿verdad?

Verdad, no va.

Buf, es que si al mío le pongo en el suelo no para quieto con nada de nada, se nota mucho la guardería, éste ha pegado un cambio enorme desde que va, está fenomenal para los niños de esta edad ya”.

Ya he dicho en más ocasiones que Pequeño G es un niño bueno, chica, qué quieres que te diga, he tenido esa suerte, se duerme tarde, se despierta para la teta varias veces por la noche, pero en compensación, es un niño relativamente tranquilo.

No entiendo el afán de ciertos padres, me ha pasado también en el parque, de estar orgullosos cuando su hijo es el más malo entre los malos. “Mi hijo es un bicho” es una frase que oigo mucho y además dicha con orgullo.

No lo entiendo. De verdad. Yo disfruto mucho de Pequño G, me gusta mucho su carácter, es un niño inteligente, que aprende rápido, cualquier cosa que le enseñas dos veces ya la ha aprendido, precisamente porque tiene un carácter observador, es cuidadoso, no toca algo que no conoce, primero pone un dedo, si ve que no le pasa nada, se lanza, si no le gusta lo que toca, no lo vuelve a tocar. Es muy expresivo con la cara, me encantan sus gestos, es capaz de comunicarse contigo perfectamente sin hablar. Es un niño que lo dejas en el suelo con sus juguetes y se entretiene jugando con ellos, no está todo el rato lloriqueando porque se aburre. Pues qué quieres que te diga, me gusta cómo es, y no tengo porque sentirme mal por ello por mucho que otros padres te traten de hacer ver que si no es un bicho, si no es el más malo entre los malos, es que es una pena…

Y lo del tema de las guarderías me pone muy negra. Pequeño G no va a guardería porque de momento puede permitirse no ir. Si no tuviese familia cerca disponible y con ganas de ayudarme, iría a una guardería, porque no habría otro remedio. Pero la guardería lo veo como el último caso. No tengo nada en contra de ellas, pero tampoco creo en sus beneficios, o al menos no tanto como los papás de guardería tratan de hacerte ver.

El juego social en un individuo no se desarrolla hasta pasados los tres años de edad. Y esto no es algo que digo yo, es un hecho objetivo. Los niños, hasta esa edad, se fijan en otros niños, por supuesto, voy al parque y a Pequeño G le gusta ir donde hay niños, te los señala, sí, cierto, se puede sentar a su lado y puede mirarle mientras coge un puñado de tierra o intentar tocarle, cogerle la mano, todo eso sí, pero un niño hasta los tres años no deja de ser individualista, no entiende el juego como algo para compartir, no por nada, sino porque la base de la socialización es el lenguaje, y el niño no ha desarrollado esa herramienta tan importante todavía.

A esto le añadimos el cerebro privilegiado de un niño, rápido, ágil, absorbente. Si tu niño de 3 años entra al cole habiendo estado antes en la guardería, se sabrá los colores en inglés, sabrá contar, sabrá yo que sé cuántas cosas más, sí. Pero no significa nada, porque un niño que no ha ido a la guardería y entra con 3 años en esa misma clase, a lo mejor no sabe esas cosas (si es que no las ha aprendido de casa ya) pero a la semana siguiente se sabrá todo de carrerilla igual de bien que el que ha ido. Es así amigas. El cerebro de un niño a esa edad es una esponja y su capacidad de imitar y aprender nos sorprende día a día.

Ya basta con el rollo de la socialización. Las guarderías se han inventado porque la mujer se ha incorporado al mundo laboral, no nos engañemos, antes todo el mundo se criaba en casa con sus madres hasta la edad de escolarización y todo el mundo ha sobrevivido. Ahora parece que tienes que apuntar al niño a la guardería hasta si tienes posibilidades de que no vaya (bien porque la mamá puede cuidarlo, bien porque tiene a familiares que se lo cuiden, bien porque el papá puede hacerlo…) para que no se quede sin sus maravillosos beneficios.

¿Qué es esto? ¿Es que acaso el que socializa antes socializa mejor? Yo no creo que esto sea así.

Y con todo esto no quiero que penséis que estoy en contra de las guarderías, porque yo las usaría si no tuviese otra opción. De lo que estoy en contra es de los padres que te tratan de vender sus beneficios, porque cada uno es libre de pensar lo que quiera y de hacer con su hijo lo que crea mejor para él. Yo no he ido a ninguna guardería, es más, no estuve en el cole hasta segundo de infantil, o sea que me incorporé un año más tarde que mis compañeros, hasta los 4 años estuve en mi casa, y os aseguro que no tengo ningún problema de socialización ni de integración en la sociedad.

Un beso.

Mamá G.