Dos críticas sobre crianza (Parte I)

Buenos días de miércoles.

Este puente ha dado para mucho. Tres intensos días en los que he tenido que trabajar un poco para sacar unos papeles, hemos ido a Ávila a pasar el día para visitar a Amiga del Alma 1 y pareja que viven allí, hemos ido al teatro (primer plan de pareja desde hace un año, ya os contaré) y he recibido dos críticas en mi forma de criar a mi hijo.

Así es que os cuento hoy la primera de las críticas y mañana vendré con la segunda.

El niño tiene que tener un horario, hay que dormirlo. Si por él fuera nunca se dormiría. Hay que entender que lloran para llamar la atención.

Esta fue la lindeza que escuché de mano de la cuñada de Amiga del Alma 1 que tiene un hijo de 8 meses que por lo visto duerme de maravilla y es gracias a sus padres que son unos expertos reputados en esto de la crianza.

Ya he comentado en otras ocasiones que yo soy bastante pasota. No me suele interesar lo que los demás hacen o dejan de hacer con sus hijos o sus vidas, siempre y cuando no afecte a la mía propia. Con esto quiero decir que no soy de las que voy por ahí diciendo cómo hago yo las cosas y dejando entrever que mi palabra es la verdad absoluta.

Por eso me fastidia que la gente no haga como yo, me fastidia la gente entrometida, que nacieron sabiendo todo.

Os pongo en situación: estábamos en Ávila, Amiga del Alma 1 y pareja se han ido a vivir allí por el trabajo de él y hasta ahora no habíamos podido ir para visitar la casa, así que el domingo aprovechamos y fuimos a pasar el día. Como el tiempo no acompañaba, nos quedamos a comer en casa, y el chico de Amiga del Alma 1 propuso entonces llamar a su hermana para que vinieran a tomar café con el nene, y así juntábamos a los dos pequeños. Nos pareció estupendo.

Llegaron. Ya desde el primer momento no me encantaron: “uyyy, ¿le tenéis aun durmiendo a las seis de la tarde? ¿Cómo hacéis eso, inconscientes?” No nos conocen de nada y nada más llegar, al ver que Pequeño G estaba en el dormitorio echándose la siesta, eso fue lo primero que nos dijeron. Pues qué queréis que os diga…a una se le queda cara de decir… “si quieres entro y me pongo a tocarle las castañuelas a ver si se despierta”.

A raíz de esta frase, yo le dije que nosotros no le dormimos, que cuando él tiene sueño se le nota bastante, y es ahí cuando le ofrezco la teta y se queda dormido, tanto para siesta como para la noche.

Entonces ella empezó a contarme que a los niños había que enseñarles a dormir, que no se podía hacer lo que yo hago porque si por ellos fuera, no dormirían nunca, sólo quieren estar despiertos “dando la lata”. Será el suyo, porque el mío sí quiere dormir. El da señales cuando tiene sueño y ahí estoy yo para interpretarlas y ponerle al pecho. Se duerme encantado, feliz, en su teta que es lo que le gusta, sin un lloro, tranquilito. Y eso es lo que me gusta. Personalmente no puedo soportar intentar dormir a mi hijo si está llorando y resistiéndose. A lo mejor lo hago mal, a lo mejor no, pero es mi manera de hacerlo y así quiero que sea, porque así le veo feliz, juega feliz y llega la hora de dormir sin ningún trauma PARA NINGUNO de los dos.

Esta buena mujer duerme a su hijo a las nueve de la noche, ya os lo conté aquí. Y lo hace metiéndole en la cuna y dejando que se duerma del agotamiento que le produce llorar y llorar a pleno pulmón.

No señora, no me parece ni medio normal lo que usted hace y no se lo digo, no creo que un niño llore para llamar la atención, creo que llora porque hay algo que le está molestando (dormir a las 9 cuando a lo mejor no tiene sueño aun, ¿¿puede ser??) y no creo que los niños sean seres biónicos, de otro planeta, que no necesiten nunca dormir, los niños se cansan igual que usted, que se va a la cama cuando tiene sueño y no todos los días sistemáticamente a las 9 de la noche.

Todo eso que pienso, y que no le dije, porque ni quiero entrar en polémica ni me interesa lo que me pudiera contestar, es lo que hago yo, porque así lo siento y porque creo que no entra dentro de las líneas generales de crianza con apego el dejar a tu hijo en la cuna hasta que del agotamiento físico que le produce llorar se acaba durmiendo.

Con esto quiero decir que cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero por favor, igual que yo no le digo nada a nadie, que no se pongan los expertos mundiales en crianza a hablarnos a los demás, que sólo somos padres intentándolo hacer lo mejor que sabemos.

Mañana continúo con la segunda perlita que me soltó, que es la que más me fastidió.

Besos.

Mamá G.

¿Cuándo buscar el segundo bebé?

Buenos días!!

Después de un parón de cuatro días vuelvo. ¿Y por qué este parón? Por trabajo. Estamos ahora mismo con una operación que se lleva todo mi tiempo que dedicaba al blog. Estoy trabajando más horas que habitualmente, y estaré así durante un tiempo hasta que consigamos cerrarla, así que os pido disculpas por adelantado si algún día no consigo actualizar, leer los blogs que sigo o responder vuestros comentarios. Será temporal, y cuando llegue una época más tranquila de trabajo, volveré a ser la que era.

Bien, hoy quería compartir con vosotras un tema que ronda mi cabeza desde que Pequeño G ya tiene un año. Una se para a pensar y, por muy tópico que suene, es verdad, el tiempo pasa y rápido. Así es que últimamente me ronda la cabeza la duda de cuándo ir a por un hermanito.

Yo tenía claro que quería familia, siempre me encantó pensar en tener una familia numerosa, aunque no estoy segura de ello ahora mismo. Como sabéis, trabajo fuera de casa muchas horas. Es algo que estoy intentando solucionar pero de momento todo sigue igual, así es que no quiero tener tres hijos y muy poco tiempo para dedicarles.

Ahora sí, lo que sé seguro es que no quiero que Pequeño G sea hijo único, no tengo nada en contra de los hijos únicos, es simplemente que pienso que un hermano es el mejor de los regalos que unos padres nos pueden dar. Un hermano es de por vida, es una persona de tu generación que estará ahí para todo, para lo bueno y para lo menos bueno. Así es que, tengo claro que, mínimo un hijo más sí quiero tener.

Una vez que esto está decidido, y habiendo valorado todo (circunstancias económicas, circunstancias con la pareja, circunstancias de espacio,…) hay que pensar en el mejor momento para empezar a buscarlo. Es aquí donde está la diversidad de opiniones:

  • Los hijos hay que tenerlos seguidos para que jueguen mejor juntos: de conformidad con esta tesis, el momento ideal para empezar a buscar al hermanito sería ahora. Ahora que Pequeño G tiene un año, entre pitos y flautas, se llevarían dos años. Una diferencia de edad muy razonable.
  • Los hijos hay que tenerlos más espaciados, para poder disfrutar del primero un poco: según esta otra teoría, todavía estoy lejos de empezar a buscarlo.

Lo cierto es que yo siempre he querido tener hijos más o menos seguidos. Pero ahora que tengo uno de verdad, le veo taaaaan bebé todavía, le veo mi bebé, tiene 12 meses, y es verdad que muchas veces ya le veo más niño que bebé, pero en el fondo sigue siendo mi bebé pequeño, cuando le veo enganchado a su teta, quedándose dormidito pienso, ¿pero cómo vas a tener otro niño ahora…?

Es verdad que cada pareja hace lo que cree que es mejor para su familia. Es verdad que todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes y he aquí mi listado:

Ventajas de tener niños seguidos:

  • Los niños serán compañeros de juegos y crecerán siendo amigos.
  • La pareja “pasa” todo a la misma vez, pasarán una única etapa de bebés, algo más larga que normalmente, pero una sola al fin y al cabo.
  • Menos celos. Cuanto más pequeño es el hermano mayor, menos celos puede desarrollar.

Inconvenientes de tener niños seguidos:

  • Agotamiento absoluto: ¿Cómo será criar a dos niños seguidos? ¿A dos bebés a la vez? Yo ya estoy muerta del cansancio con uno….imagina dos!
  • Escasa vida de pareja. Sí, no nos engañemos, la vida de pareja cambia cuando llega el bebé, ¡ojo! No estoy diciendo que vaya a peor, digo que cambia. Que los ratos que antes dedicábamos el uno al otro, ahora no podemos porque hay una tercera personita pequeña que necesita de nosotros. Que cuando encontramos un rato, generalmente cuando el bebé se ha dormido, tú estás tan agotada que no puedes tener los ojos abiertos. Estoy hablando de mi caso, no hablo del caso de mamás cuyos hijos duermen del tirón y se acuestan pronto. Hablo de mi caso, del caso de niños trasnochadores que se despiertan a comer varias veces por la noche. En este caso, el agotamiento es extremo y cuando el bebé se duerme, puede ser fácil medianoche, por lo que si hay poca diferencia entre los dos niños, haces que no te haya dado tiempo a recuperar tu anterior ritmo de pareja (si es que algún día se llega a recuperar).

Ventajas de tener hijos con más distancia:

  • El hijo mayor participa en el proceso: esto es algo que me encanta, hacer al mayor partícipe de lo que va a venir, de lo que va a pasar, compartir esos momentos con tu hijo, como un ser consciente ya, no tiene precio.
  • Mejor vida de pareja: si has dejado algo de tiempo correr entre el primer hijo y el segundo, seguramente te haya dado tiempo a recuperar ciertas costumbres que teníais, de encontrar más ratos para vosotros.

Inconvenientes de tener hijos con más distancia:

  • Vuelta a la etapa de bebé. Efectivamente. Cuando ya lo habías pasado, cuando ya habías dejado atrás los purés, las vacunas, el ir andando doblada para evitar grandes caídas, los pañales, esto es, cuando ya vivías con un niño algo más autónomo, por lo menos para sus necesidades de vida, vuelves a un bebé recién nacido, que vuelve a despertarse cada tres horas para comer y te necesita para todo absolutamente.
  • No serán compañeros de juegos. Se podrán llevar divinamente, de hecho tengo ejemplos familiares de distancias de hasta nueve años, y llevarse estupendamente los hermanos, pero desde luego no han crecido como amigos, compartiendo época, compartiendo infancia, ni jugando juntos.
  • Celos: si la distancia es muy grande no, pero si hablamos de distancias no tan grandes, es posible que se desencadenen los temidos celos del hijo mayor hacia el hijo pequeño.

Como veis, todo tiene ventajas e inconvenientes. Lo que hay que hacer, desde mi punto de vista, es valorar lo que te pide el alma (porque el cuerpo me pide un embarazo, cada vez que veo a una mujer embarazada me entra un gusanillo…) pero el alma me dice que no es el momento. Si veo a mi Pequeño G muy bebé todavía es que no estoy preparada, si no me imagino aún con otro niño es que no es nuestro momento. O por lo menos así lo interpreto yo.

¿Qué pensáis vosotras? ¿Qué creéis que es mejor: niños seguidos, o niños distanciados?

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Mis 28 primaveras

Ayyy amigas, hoy es el día en el que cumplo 28 añitos!! Ya vamos para arriba!!

Y como siempre que uno cumple años, se para a pensar y a hacer una especie de balance mentalmente.

¿Qué tengo? ¿Es lo que quería tener con esta edad? ¿Y comparativamente con la gente de mi edad? ¿Crees que tienes que trabajar más ciertos puntos de ti misma? ¿Te gustaría conseguir cosas que no tienes y esperabas tener ya?

Pues bueno, como es mi primer cumpleaños como bloguera, voy a hacer este análisis en alto, con vosotras.

A mis 28 años, llevo ya 5 trabajando en un lugar que me gusta, me gusta mi profesión y al fin y al cabo es para lo que me he preparado y he estudiado.

A mis 28 años, llevo casi 6 años con mi persona, la persona con la que comparto mi vida, que es inigualable. Es todo corazón. Me aguanta en los momentos malos y vuela conmigo en los buenos.

A mis 28 años he pasado por el altar en un día inolvidable.

A mis 28 años puedo presumir de tener buenas amigas, desde hace muuuuchos años.

A mis 28 años tengo lo más importante que la vida me ha dado: mi Pequeño G. que desde hace algo más de un año me convirtió en mejor persona, en la persona que no quiero dejar de ser nunca, me convirtió en mamá.

A mis 28 años siento que trabajo demasiadas horas y que paso mucho tiempo separada de mi hijo durante el día.

A mis 28 años me debato entre mi carrera, para lo que me he preparado durante años de universidad, para lo que me he formado estudiando fuera, trabajando duro, horas y horas, y mi papel de madre.

A mis 28 años me gustaría encontrar una solución, un término medio, no matar mi carrera, pero no pasar tantas horas separada de mi niño.

A mis 28 años, espero poder decir a mis 29 que ya lo he conseguido.

A mis 28 años sueño con más familia, con hermanos para Pequeño G, pero antes tengo que arreglar el punto anterior, necesito tiempo para estar con ellos.

A mis 28 años me agobia la situación laboral en España, me agobia que los jóvenes se preparen, sepan 3 y 4 idiomas, hayan hecho prácticas profesionales y no tengan trabajo y estén en sus casas, o peor aún, en trabajos mal pagados y con contratos vergonzosos.

A mis 28 años sueño con conocer el mundo junto a mi familia, con saber más sobre casi todo, con ser mejor persona, con ser mejor mamá, mejor mujer, mejor hija, con limar mis defectos para hacerlos cada vez más pequeñitos y superar mis miedos que aún conservo.

A mis 28 años doy gracias, porque el balance es muy positivo, y aunque sé en lo que me tengo que centrar y lo que tengo que trabajar como prioridad absoluta, mientras tanto, disfruto de la vida, de mi familia, de mi hijo, de mis 28 primaveras, de hoy.

Y ojo! A mis 28 años, llevo un mes y poco de blogger… 😉 Ahí queda!

Besitos!

Mamá G.

Planeando un viaje con niños

Bien! Hemos llegado al ecuador de la semana!! Ya queda menos para el finde!!

Hoy os traigo un tema en el que estamos volcados desde hace un tiempo y es que en el puente de noviembre, Amiga del Alma 2 y pareja, Amiga del Alma 1 y la Familia G. se van de viaje!!

Sí, nos hemos liado la manta a la cabeza y hemos decidido hacer un viaje juntos! La última vez que viajamos juntos yo todavía no estaba embarazada de Pequeño G.

Planear un viaje cuando vas con un bebé no es fácil. Tienes que pensar en todo, no dejar mucho espacio a la improvisación. Pese a que nosotros somos bastante aventureros y yendo solos nos hubiese dado lo mismo el sitio, el alojamiento, la comida…ir con un bebé de 12 meses te obliga a planificar y a organizar con antelación, pensando en que él esté a gusto y pueda disfrutar.

Pero es que además de viajar con un niño, viajamos con tres personas sin niños, por lo que, tras esta experiencia que estamos teniendo, he de deciros, que no es nada fácil organizar, porque, obviamente, nosotros vamos a pensar más que en el destino, más que en lo que nos apetezca, más que en nada, en el bienestar de nuestro hijo, y claro, hay que encontrar la fórmula con la que todo el mundo esté contento con las “pequeñas restricciones” que ponemos.

El primero de los temas que comentamos fue el tiempo de duración del viaje en avión: no queríamos un viaje excesivamente largo porque, en los viajes en avión que hemos hecho hasta ahora, Pequeño G se ha portado muy bien, pero es verdad que tampoco hemos estado 5 horas ahí metidos, con tomas de por medio…eso no sé cómo hubiera salido. Así es que, para estar seguros de que Pequeño G no tiene problemas, hemos limitado el tiempo de avión a 3 horas. Nos parece relativamente razonable mantener distraído a Pequeño G 3 horitas, entre teta, juguetes, ponerse de pie en el sillón del avión y jugar con el de al lado…por lo que la primera restricción era un tiempo de avión no superior a 3 horas.

La segunda de nuestras preocupaciones venía dada por el clima: vamos en noviembre (frío de pelotas) pero es que si sales de España hacia arriba todavía más frío. Y no es como el año pasado que Pequeño G era un bebé de capazo, metidito ahí dentro, en su saco de pelo genial que tenía, con su buzo y el plástico de lluvia, y ya podías ir por plena Siberia casi que él iba tan calentito y sin inmutarse. No. Este año, Pequeño G quiere explorar, gatear, andar de nuestra mano, estar en el suelo y en el meollo, además ya no tiene carro, es una silla de paseo, donde él va mucho más expuesto a las inclemencias climáticas. Por supuesto que le hemos comprado un saco de invierno para la silla de paseo, pero aun así, no quería aparecer en Copenhague con 2 grados todo el día…me conozco y sé que no iba a visitar nada a gusto. Así que propusimos que, dentro de que en noviembre, en el hemisferio norte, hace frío en todas partes, fuéramos a un lugar no demasiado helador.

La tercera y última de nuestras limitaciones en el alojamiento. Nosotros necesitamos un apartamento para que yo pueda hacerle a Pequeño G sus comidas. No nos vale un hotel, que, desde mi punto de vista, es incomodísimo para una familia con un niño de 12 meses, que además de no comer igual que nosotros, y necesitar aún de los purés, necesita espacio para jugar, gatear, y no darse con la pata de la cama nada más girarse. Así es que, allá donde fuéramos, necesitábamos un apartamento.

Además de estas pequeñas limitaciones, viene otra limitación impuesta por Amiga del Alma 3, que ya sabéis que vive en Inglaterra. Ella vive al norte norte, así que necesitábamos un lugar que cumpliese nuestras características, y además, al que ella pudiera volar desde el aeropuerto más cercano a donde vive.

Tela…

Esto del viaje lo hablamos a principios de septiembre, en uno de los millones de mails que nos cruzamos Amiga del Alma 2 y yo desde el trabajo, en plena depresión postvacacional. Pues creedme si os digo que después de más de un mes mirando y mirando, (el domingo cenamos en casa con Amiga del Alma 2 y pareja para revisar de nuevo todas nuestras opciones) hemos conseguido reservar los vuelos ayer (nosotros 5 al menos) porque Amiga del Alma 3 todavía está mirando desde dónde puede volar…ayyys.

El destino lo mantendré en secreto hasta después de nuestro viaje, porque es muy especial para mí y quiero hacer unas entradas especiales a la vuelta contando nuestra aventura!

De momento sólo hay un vuelo comprado, estamos mirando apartamentos y pensando en las diferentes opciones: dos apartamentos, uno para nosotros tres y otro para ellos tres o un solo apartamento para los seis…pues hay pros y contras.

Pros: puede ser muy divertido estar todos juntos, todo el rato (los ratos en el sofá de charleta con mis Amigas del Alma son los mejores de los mejores).

Contras: nosotros no llevamos ningún plan de salir a cenar (a lo mejor, si Pequeño G no tiene mucho sueño sí, porque ya sabéis que es de naturaleza trasnochadora, pero si no, cenaremos algo en el apartamento) pero desde luego no llevamos ningún plan de copichuelas por ahí después. Amiga del Alma 2 y pareja son muy formales ellos pero Amiga del Alma 3 es cero formal, así es que seguro que propone salir de fiestecilla por ahí (100% vamos – y bien que haría, sin pareja y sin hijos, es un planazo). El caso es que no me gustaría que me despertaran a mi Pequeño G. si por algún casual llegan tarde y hacen algo más de ruido

Aquí ya sí que no sé qué hacer, a veces me decanto por un apartamento, otras veces por dos…y así seguimos…

¿Qué haríais vosotras? ¿Mejor el mismo apartamento o apartamentos separados? ¿Coincidís en mis condicionantes? ¿Añadiríais o quitaríais alguno?

Besitos.

Mamá G.

Uno de los peores horrores de la vida

Buenos días amigas!

Hoy traigo una noticia que leí el jueves que me heló la sangre: la heredera de la marca Kipling intentó asesinar a sus hijas gemelas, de 14 años.

Por si queréis leer la noticia, os dejo aquí la fuente donde yo la leí. Por lo visto, la señora (que tiene una fortuna de alrededor de 170 millones de euros), intentó degollar a una de las niñas mientras ambas dormían. Afortunadamente la otra hermana se despertó por los ruidos y detuvo a su madre, luego escapó por la ventana para pedir ayuda a la niñera.

Y para más inri, en la noticia pone que la mujer ya había intentado anteriormente ahogar a sus gemelas como consecuencia de su depresión postparto.

Yo de verdad…no entiendo nada. ¿Por qué esta mujer estaba al cargo de sus hijas si ya había intentado ahogarlas anteriormente? ¿Por qué no se ha preservado la integridad del menor en este caso?

Lo peor de todo es que la noticia dice que este hecho puede deberse a que la mujer se acababa de divorciar y el padre había conseguido la custodia de las niñas. Para mi gusto no existe excusa sobre la tierra que justifique actos de este estilo.

Este tipo de noticias, como otras tantas que, desgraciadamente, vemos en la televisión y escuchamos en la radio, me parecen aberrantes y me parece, sinceramente, uno de los peores horrores de la vida, que mueras de mano de tus padres, que son quienes te han engendrado, quienes te han dado la vida, y a quienes se les supone un amor hacia ti incondicional.

Me parece que la vida de esta niña, aunque se haya salvado, ha quedado marcada de por vida, ¿cómo tiene que afectar emocionalmente que tu propia madre intente matarte?

Siento mucho mucho, de verdad, escuchar este tipo de historias, me ponen triste y me da una rabia tremenda ver que hay niños que, en teoría nacen con todo lo que puede desear cualquiera (en el primer mundo, con una fortuna inmensa, con salud…) y que al final no tienen lo más básico, que da la casualidad de que es lo más importante, lo que nos hace crecer y convertirnos en adultos felices: el amor de unos padres.

En fín…lo peor de todo es que este tipo de crímenes es muy difícil de frenar porque los hijos deben estar con sus padres y cuando al enemigo lo tienes en casa…no sé si hay alguna manera de prevenirlos, si hay familiares que son conocedores del estado mental de alguno de los padres, que se alerte a quien se tenga que alertar, y que se actúe antes de llegar a lo peor…no lo sé.

El niño es un ser lleno de bondad y de ingenuidad, que no conoce los problemas, ni las enfermedades, ni la envidia, ni la tristeza…y desde mi punto de vista, este estado hay que tratar de mantenerlo el mayor tiempo posible. Tendrán toda la vida para saber lo que es vivir, con lo bueno, y con lo malo, pero hay que tratar de preservar la infancia y no someter a los niños a este tipo de traumas de por vida.

Bueno amigas, hoy no ha sido una entrada muy alegre, pero es que me da una rabia tremenda que pasen estas cosas y quería compartirlo con vosotras, que seguramente tampoco entenderéis nada, como yo.

Nos leemos pronto!

Mamá G.

La mesa de luz de la Familia G.

Buenos días de lunes! Espero que hayáis pasado un finde genial!

Hoy os traigo, tal y como os dije el viernes, la historia de nuestra mesa de luz!

Cómo sabéis, las mesas de luz son un excelente recurso, proveniente de la filosofía Reggio Emilia, que en contra de lo que mucha gente piensa, no es un método educativo como puede ser Montessori o Waldorf, sino que se trata de una propuesta educativa, que proviene de Italia (de ahí su nombre, Reggio Emilia es una ciudad del norte de Italia).

Para situarnos, las cinco premisas educativas de la filosofía Reggio Emilia son las siguientes:

1. El niño es el protagonista: los niños son seres igual de capaces que los adultos y todos tienen un gran potencial para descubrir, experimentar y aprender.

2. Los docentes son también colaboradores, investigadores y guías: acompañan a los niños en la exploración necesaria para llegar al aprendizaje.

3. La participación de la familia: esto es fundamental. Las familias participan activamente tanto en la escuela como en casa en la educación del niño.

4. Uso fundamental del espacio: cada espacio tiene su propia identidad y significado.

5. La documentación de las experiencias: todo queda documentado, de tal manera que para el educador sea fácil evaluar al niño y para los padres sea fácil comprender las experiencias del niño en la escuela.

En este contexto, las mesas de luz son consideradas excelentes recursos de estimulación y experiencia sensorial para el niño.

Así es que, desde que supe de la existencia de las mesas de luz, en una de mis lecturas sobre los distintos métodos y filosofías educativas, tenía muy claro que quería una para Pequeño G. Y así se lo hice saber a Papá G. cuando estuvimos hablando de remodelar su cuarto.

Papa G., calladito, ha ido haciéndola, y nosotros sin darnos cuenta, hasta que el jueves por la noche me encontré con un paquete envuelto para regalo en casa (junto a mi Nonabox de septiembre) y al abrirlo: sorpresa! Nuestra mesa de luz!

Nuestra mesa de luz es totalmente DIY, y es que, cuando supe que quería una, investigué y me topé con el maravilloso blog de Aguamarina, De mi casa al mundo, que explica fenomenal el por qué de las mesas de luz en la infancia temprana y además explica muy bien también cómo hacerla, así es que este modelo es el que ha seguido Papá G:

  1. Fue a Leroy Merlín a comprar los materiales (todos son de allí y costaron en total 55 euros): (i) un cajón de madera de pino, (ii) una placa de vidrio plástico blanco, (iii) dos fluorescentes, (iv) seis escuadras pequeñas, (v) seis tornillos, (vi) un cúter para cortar plástico (no vale cualquier cúter).
  2. Además se necesita (o nosotros hemos utilizado): (i) celofán, (ii) papel de aluminio (el de envolver los bocatas).
  3. Primero se corta el vidrio con el cúter hasta dejarlo con el mismo tamaño que el cajón de madera.
  4. Después se pone papel aluminio por dentro del cajón de madera (Papá G. ha pegado el papel aluminio a la madera con celofán).
  5. Colocar los dos fluorescentes en la parte de dentro del cajón de madera recubierta de papel de aluminio (también los ha pegado con un poco de celofán).
  6. Luego ha colocado las escuadras con los tornillos (seis en total) para hacer corredera la tapa de vidrio.

Y listo, con esto tenemos el cajón de luz!!

Nuestra mesa de luz - El día que llegaste
Nuestra mesa de luz – El día que llegaste

Nuestra mesa de luz por dentro - El día que llegaste
Nuestra mesa de luz por dentro – El día que llegaste

En otra entrada os contaré qué materiales hemos utilizado para nuestra mesa de luz, porque los hemos encargado pero aún no los tenemos.

Espero que os haya gustado y os haya hecho animaros a las que no tenéis una todavía. Es muy fácil!

¿Qué os parecen las mesas de luz? ¿Tenéis una? ¿Qué materiales utilizáis?

Ánimo con el lunes.

Mamá G.

Mi Nonabox de septmiembre y nuestro regalo de ayer…

Buenos días de viernes amigas!! Parecía lejos el lunes, pero ya ha llegadooo!

Hoy vengo a contaros lo que me ha traído mi Nonabox del mes de septiembre. Nunca antes había recibido una, porque me suscribí a principios de mes, así que esta ha sido la primera.

Mi Nonabox de septiembre, monísima por fuera - El día que llegaste
Mi Nonabox de septiembre, monísima por fuera – El día que llegaste

La abrí muerta de la emoción, como un niño el día de Reyes, vamos. Y esto fue lo que me encontré.

Mi Nonabox por dentro - El día que llegaste
Mi Nonabox por dentro – El día que llegaste

Los productos de mi Nonabox - El día que llegaste
Los productos de mi Nonabox – El día que llegaste

Pues bien, si os digo la verdad, me decepcioné un poco. Como veis los productos no eran del otro mundo:

  1. Un babero de Aden+Anais. Esto fue lo que más me gustó, aunque en casa usamos los baberos plastificados por debajo, por aquello de que no cale al niño cuando se mancha…y este no es plastificado. Aún así, tengo alguna muselina de esta marca y me ha salido muy buena, además el babero en sí me encanta. Así que esto ya está lavado y sí que lo usaremos.
  2. Una botella de agua Solán de Cabras. Bueno…no viene mal nunca una botella de agua, pero…tampoco es que necesitara una ni que me venga bien. Además Solán de Cabras no es mi marca favorita, tiene una mineralización bastante alta comparado con otras aguas minerales, y a Pequeño G. le intento dar las aguas con menos mineralización posible, por ejemplo Bezoya.
  3. Un chupete. Este ni lo abriré. Lo dejaré cerradito y guardadito por si algún día alguien de mi entorno usa chupetes. Pequeño G. nunca ha sido de chupete, aunque claro, entiendo que este dato Nonabox no lo tenía.
  4. Dos tarritos de comida preparada para bebés, de merluza con verduras. Esto no lo solemos utilizar nunca. Cuando he intentado darle a Pequeño G. algún tarrito de comida preparada me ha mandado bien lejos, no le gustan, le dan arcadas. Cuando nos hemos ido de vacaciones, he ido cargando con toda la cacharrería y siempre a apartamentos para poder prepararle su comida yo misma. Pero bueno, no viene mal por si acaso un día vamos a pasar el día fuera o algo, intentaré dárselos a ve si esta marca (Naturnes) le gusta, que esta no la hemos probado.
  5. Unas pinturas para la cara. No sé. Pequeño G. tiene 12 meses y entre mis planes no estaba pintarle la cara…pero bueno, viene bien para un futuro, se puede guardar para usar más adelante.
  6. Dentífrico Chicco: Tampoco lavo los dientes a Pequeño G. todavía. Pero está bien para utilizar cuando se los empiece a lavar.
  7. Una muestra de ampolla revitalizante para la cara marca Germinal. Para una cosa que sí voy a usar ahora sólo me mandan una muestra…!! 😦

Pues esta fue mi Nonabox de septiembre. La verdad es que no he quedado muy contenta. Seguiré suscrita para darle una segunda oportunidad pero si la de octubre tampoco me encanta, seguramente me dé de baja.

Lo bueno fue que junto a mi Nonabox había otro paquete. Y al abrirlo me encontré con esta maravilla que Papá G. había construido para Pequeño G.

Mesa de luz - El día que llegaste
Mesa de luz – El día que llegaste

Vamos a estrenarla muy mucho este finde y el lunes os cuento tooodo y os traigo más fotos: cómo hemos jugado, qué materiales hemos utilizado y cómo la ha hecho Papá G. Es completamente DIY y su precio ronda los 55 euros en total! Me encanta!!

Bueno, ¿qué os ha parecido mi Nonabox? ¿Y la mesa de luz?

Pasad un finde estupendo!!! El lunes más y mejor!

Mamá G.

¿Por qué no me apasiona ir al parque?

Efectivamente, el hecho de ir al parque no es algo que me encandile precisamente. Ir voy, porque a Pequeño G. le gusta jugar con la arena, coger hojas, columpiarse, subir al tobogán,…pero si por mi fuera…otro gallo cantaría.

¿Por qué? Porque hay madres (y cuando digo madres, me refiero también a padres, abuelas y cuidadoras) que son bastante insoportables, las pobres.

Os pongo en situación. El parque al que vamos, está a un minuto a pie de nuestra casa, y es un parque bastante grande que agrupa zonas verdes abiertas, un pequeño lago, un parque para perros, un parque para niños mayores (más de 6 años), un parque para niños de entre 3 y 6 años y otro parque para niños de 0 a 3 años. La entrada a cada uno de estos parques está provista de su correspondiente cartelito contándote la edad del niño que tiene que haber dentro y las recomendaciones de seguridad básicas.

Pues bien, nosotros, por la edad de Pequeño G., siempre vamos al parque de los más pequeños, que está fenomenal para ellos, con un tobogán que me llega por la cintura casi, un arenero, unos columpios con correas, y unos animalitos diminutos en los que montar a los pequeñajos.

Me gusta especialmente este parque porque, además de tener su arenero, el suelo del parque es de arena y me encanta que Pequeño G. experimente con texturas, con elementos que existen en la naturaleza, que coja arena, hojas de los árboles que se caen, que arranque las cortezas de los árboles que hay,…además está bordeado de flores. La verdad es que es una maravilla, no es el típico parque urbano.

El problema es que la gente es especialmente pesada a veces. En este parque te encuentras con mamás de niños muy pequeños, muchos, como Pequeño G., ni caminan todavía, y todos se dedican a lo mismo: columpiarse, jugar en la arena, coger hojas, ir al tobogán…pero no entiendo muy bien por qué las madres tienden a comparar y a contarme las maravillas que hacen sus hijos. A mí me dan ganas de responder: ni aunque su hijo con 10 meses montara en bicicleta con los ojos vendados me importaría.

¿Por qué es así la gente? ¿Por qué ese afán de comparar? ¿De demostrar que su hijo lo hace todo antes que los demás niños del mundo?

Esto me cabrea especialmente, porque yo soy una persona muy tranquila a la que nunca le ha importado el qué dirán, ni me ha gustado la gente fanfarrona, ni me he juntado con ellos a lo largo de mi vida, creo que voy bastante a mi bola, que no hago daño a nadie, me preocupo exclusivamente de los míos y espero de los demás el mismo comportamiento.

En definitiva, todo esto viene porque ayer me escapé antes del trabajo a mediodía y pude ir al parque, que es donde Pequeño G. está hasta las 14.00 que se sube a comer aproximadamente. Allí me encontré con Pequeño G. que estaba con una niña y un niño.

En cuanto me vio no se quiso separar de mí ni un momento, sólo quería que le cogiera, y que jugara con él, cosa normal y corriente, desde mi punto de vista, porque soy su madre y porque al trabajar fuera de casa, una ve menos a su hijo y eso se nota en que cuando llego a casa, mi niño quiere estar conmigo más que con nadie durante un ratito, me da abrazos, besitos y estamos un rato los dos en brazos, momento que yo disfruto a tope, pero enseguida se le pasa y ya se pone a jugar tan normal con sus cosas, así que al ratito ya estaba tan normal y se puso a jugar con la arena.

Pues bien, las madres de la niña y del niño empezaron a decirme la mamitis que tenía mi hijo, que qué gracioso, desde tan pequeño con mamimitis (odio esta palabra…»itis» significa «inflamación» y se utiliza para designar una patología, por ejemplo otitis (oído inflamado), y yo no considero que querer estar con una madre sea una enfermedad ni una patología), que qué bueno que era mi hijo, lo tranquilo que era, que se podía tirar 3 horas jugando con la arena sin decir ni pío (no hemos estado 3 horas juntas en la vida, señoras), que qué es lo que le verá a la arena, que a su hija no le interesaba nada más de 2 minutos, que la dejas en la arena y al segundo ya quiere hacer otra cosa, que es muy inquieta, que por eso hacía esto y lo otro, que era espabiladísima, que el niño era un terremoto, que daba besitos, que sabía poner discos en el lector del DVD (¿qué proeza es esta?)…en fin…un millón de cosas más que hacían los benditos con 10 y 12 meses respectivamente que tenían.

A Pequeño G. le encanta la arena, y le dejas en el suelo y se entretiene mucho mirando andar a una hormiga cuando pasa (le encanta), coge hojas, me las enseña, las tira, coge puñados de arena y los lleva de un lado a otro…no sé, yo lo veo normal, es un niño de 12 meses, de hecho me gusta que sienta interés por la naturaleza y que le gusten este tipo de cosas. ¿Y por el hecho de que estuvo un rato entretenido jugando (hablamos de 15 minutos que estuve en el parque, que luego ya nos subimos a comer) dicen que mi hijo es un bendito que se entretiene con todo solo y que le puedes dejar ahí tranquilamente y acto seguido me empiezan a contar las proezas de sus criaturas? Y además se permiten opinar sobre la mamitis de mi hijo?

Pues podría haber entrado en el juego y empezar a contar lo que sabe hacer mi hijo (las cosas básicas que hacen los niños de esta edad, vaya: el cucú tras, las palmitas, señalar todos sus juguetes con entusiasmo, darte besitos, y decir adiós) pero no me voy a poner a jugar al “y yo más” porque siempre me ha parecido un juego que esconde algún complejo raro detrás, y yo, afortunadamente, no tengo complejos con respecto a mi hijo, no quiero que sea el más espabilado del mundo, ni el más travieso del mundo, ni el que más cosas sepa hacer del mundo, ni mucho menos tengo que demostrarlo ni ponerle a examen delante de nadie. Estoy feliz con él tal y como es, siendo como es me hace la persona más feliz del mundo, y no necesito que haga ecuaciones de segundo grado ni se sepa la lista de autores de la generación del 27 a día de hoy, por lo tanto, si lo que le apetece es jugar en la arena, que juegue, hay tiempo para todo.

¿Os pasa igual? ¿Por qué la gente se dedica a comparar niños y a tratar de demostrar que sus hijos son lo más?

Nos leemos pronto.

Mamá G.