De vuelta

Ya estoy de vuelta!

El día 22 me despedí por un tiempo, porque quería aprovechar estas fiestas al máximo y sabía que no iba a tener demasiado tiempo. Los que tenemos parte de nuestras familias en otros países, tratamos de aprovechar los pocos días que nos vemos con ellos al máximo, y en nuestro caso, eso nos ocurre por partida doble.

El día 22 volamos a casa de mis suegros, allí no se celebra con tanta pasión como aquí el Año Nuevo ni la Nochevieja, por lo que siempre, es allí donde pasamos la Nochebuena y la Navidad. Además, los Reyes Magos no se celebran, ni es día festivo ni nada que se le parezca, por lo tanto, quien trae los regalos es Père Noel el día 25. Así es que allí nos juntamos, para pasar seis días. Fueron días estupendos, el tiempo nos acompañó enormemente, salvo un día que hizo malo, el resto pudimos hacer planes interesantes, como visitar el puerto (qué gozada), ir a mercadillos navideños (eso de tener un mercadillo navideño frente al mar, a mí que vivo en Madrid, me da la vida), jugar en el jardín de casa de mis suegros a la pelota, ir al parque, visitar amigos que hace tiempo no veíamos y pasar tiempo con toda la familia reunida. Por supuesto, Père Noel se portó estupendamente con Pequeño G, que recibió muchísimos regalos por parte de todos!

El día 27 pusimos rumbo de nuevo a Madrid, donde nos encontramos con mi familia londinense! Tenía especiales ganas de verlos, porque para mí, mi tío es muy especial y porque mi prima pequeña tan sólo se lleva dos años con mi hijo, y tenía muchas ganas de verles juntos. Y de nuevo, más días mágicos. Todo el día juntos, y cuando digo todo, es todo. En nuestro parque, en el zoo, en casa de uno, casa de otro…es lo que tiene de nuevo, verse muy poco hace que sientas que no quieras hacer otra cosa cuando estamos todos juntos.

Y, de nuevo otro año ha pasado. Me siento inmensamente afortunada, rodeada de amor y de los que más quiero. No puedo pedir más a la Vida más que nos quedemos como estamos. No me gusta hacer propósitos de año nuevo, porque cualquier día es igual de bueno que el anterior para soltar todo aquello que nos atrapa y hace daño y empezar a descubrirnos como somos, porque sólamente cuando nosotros mismos nos conozcamos bien, podremos mostrarnos ante el mundo así exactamente, aceptándonos y siendo conscientes de lo fascinante que es vivir y de lo fácil que es muchas veces.

Ya se ha ido todo el mundo, ya nos hemos quedado los de siempre (que ya está bien), ya se han acabado las celebraciones, los Reyes Magos, que son los últimos en venir, ya han pasado, han dejado sus regalos, y se han vuelto camino de Oriente para trabajar duro y preparar su visita del año que viene. Mientras les esperamos de nuevo, aquí seguiremos, trabajando, disfrutando, riendo, llorando, blogueando, creciendo, pero sobre todo, viviendo y viviendo plenamente.

Tengo muchos de vuestros posts por leer, me tengo que poner al día en todas vuestras vidas! De momento deciros que espero que hayáis pasado unas Navidades estupendas, rodeados de amor, de familia y de amigos, que hayáis acabado estupendamente el 2015 y hayáis empezado con muchas ganas este 2016, porque promete!!! ¿Qué nos deparará? Vamos a ir descubriéndolo poco a poco, día a día!

Muchos besos!

Mamá G.

 

Nuestro viaje (Parte III)

Buenos días!

Acabar con el trabajo está siendo complicado. Mucho que cerrar y dejar bien para el siguiente que ocupe mi puesto…pero a partir de la semana que viene tendré tiempo y volveré a ser yooo!

Hoy quiero contaros la última parte de nuestro viaje. El último día, el lunes. Las aventuras correspondientes al sábado y al domingo las tenéis aquí y aquí.

Nos despertamos relativamente pronto, era el día que había que hacer las maletas y dejarlas en la recepción de los apartamentos antes de las 11.00. Así que nos despertamos con el tiempo suficiente para dar a Pequeño G su desayuno y organizar todo. Nuestros amigos reservaron para subir a la cúpula de San Pedro, algo que nosotros no hicimos porque lo vimos algo tedioso con un niño, así que de nuevo hicimos nuestro plan alternativo.

A las 11, y después de despedirnos de la casera que fue todo un encanto y que se tiraba ratos y ratos hablando con Pequeño G y jugando con él mientras nosotros cerrábamos las maletas o acabábamos de prepararnos (pese a que sólo hablaba italiano y nosotros no), nos fuimos a desayunar, a nuestra cafetería de siempre.

Después de desayunar nos dirigimos al Campo de’ Fiori, una plaza romana llena de encanto, al sur de la Piazza Navona. Hasta el siglo XV, en el lugar donde hoy está la plaza, había un campo florido, del cual viene su actual nombre. Hoy en día es un lugar de mercado, de lunes a sábado decenas de pequeños mercaderes ponen sus puestos vendiendo productos artesanos y productos típicos, pasta (evidentemente) de todos los tipos, colores y formas, aceites de oliva, especias para cocinar…un lugar muy agradable por el que pasear y curiosear si te gusta la cocina italiana y los mercaditos.

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Campo de’ Fiori – Imagen: Fuente

 

 

Una vez que paseamos y callejeamos un rato entre los distintos puestos, nos dirigimos hacia una de las calles que dan a la plaza, allí, por sorpresa encontramos una pequeña heladería. Sólo preparaba helados de frutas, pero eran totalmente artesanales, y como hasta entonces no habíamos tenido la oportunidad de degustar un helado italiano en condiciones, allá que fuimos. Escogimos un cucurucho para compartir, con dos sabores: trionfo di frutta (es una receta típica italiana donde se mezcla el melón, la sandía, el kiwi, la fresa, la piña y en ciertas recetas encuentras también coco) y limón. Estaba espectacularmente bueno. De verdad, yo no soy de helados precisamente, pero aquel me supo a gloria.

Nuestro plan era dirigirnos al Panteón de Agripa, en la Piazza della Rotonda, entre la Fontana de Trevi y la Piazza Navona, con lo cual teníamos un caminito andando, pero el tiempo estaba estupendo y además teníamos un helado para endulzarnos el camino.

Y como siempre ocurre, lo mejor pasa cuando no lo planeas. Por el camino nos topamos con una maravilla: La Feltrinelli. Es una librería, nos llamó la atención por su tamaño y por que en el piso superior se veía a través de los ventanales a la gente tomar algo en la cafetería (y porque casi siempre me paro en las librerías).

Entramos simplemente por curiosear y nada más entrar, el lugar ya me envió una señal en forma de libro: Raffaello Segreto. Nada me puede atraer más que un libro sobre los secretos que esconden las pinturas renacentistas y como ya os comenté, Rafael es mi pintor favorito, por lo que un libro con los entresijos de las obras de Rafael era algo que no podía deja escapar! Así que emocionada cogí una cesta y metí el libro. Después de ojear un poco lo que había, subimos de piso hasta el segundo, en el que se ubica la sección infantil. Una pasada!! Un espacio verdaderamente habilitado para niños, desde los más bebés hasta los más niños. Unas mini mesitas y unos tapices en el suelo para los más peques en el centro de un semicírculo llenito de cuentos super chulos. Así que allí nos sentamos los tres y nos pusimos a coger cuentos y más cuentos. Nos pasamos un buen rato mirando, leyendo, jugando (también había muñecos) y escogimos varios de los cuentos que más gustaron a Pequeño G para llevárnoslos a casa.

Una vez que salimos de La Feltrinelli, que si vais a Roma con niños, recomiendo encarecidamente, continuamos nuestro camino hasta el Panteón.

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Visitando el Panteón, Pequeño G y yo.

 

Lo más interesante de este lugar, para mí, es la tumba de Rafael, que murió el 6 de abril de 1520 (el mismo día en que nació 37 años atrás…curioso, no?). El epitafio que podemos leer en la tumba es bellísimo: «Aquí yace Rafael, por quien la Naturaleza, la Gran Madre de todas las cosas, temió ser vencida mientras estaba en vida. Hoy que ha muerto, ella misma teme morir».

Una vez que salimos del Panteón, nos fuimos caminando hasta juntarnos con nuestros amigos para comer, y de camino, de nuevo, nos encontramos con una tienda-taller, cuyo nombre no recuerdo, lo siento, en el que se fabricaban numerosos artículos de madera. Era una tiendecita llena de encanto, y nosotros, compramos este relojito para el cuarto de Pequeño G, con su nombre grabado.

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Ya no nos quedaba más que comer, saborear la última pizza romana que íbamos a tomar en compañía de nuestros amigos, y salir hacia el aeropuerto.

Así se pone fin a un viaje maravilloso, que siempre recordaremos con todo el cariño del mundo.

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Pequeño G despidiendo Roma.

Nuestro viaje (Parte II)

De nuevo amanece soleado en Roma, es domingo, y nuestros amigos finalmente reservaron la visita guiada por el Coliseo, el monte Palatino y el Foro Romano. Nosotros ya lo hicimos en nuestro viaje de novios hace dos años, así que decidimos no unirnos a dicho plan. Estar a las 9.30 de la mañana desayunados y en la entrada del Coliseo hubiera sido misión imposible, así que, de nuevo, hicimos un plan a nuestra medida.

Nada más salir de casa, lo primero fue desayunar, muy importante cuando vas a dedicarte a andar y andar, así que escogimos el mismo lugar que el día anterior, una terracita al lado de una placita pequeña incardinada en la propia Vía Serpenti, cerca de casa.

Una vez que cogimos fuerzas, nos dispusimos a andar camino a la Piazza del Campidoglio, situada en lo alto de la Colina Capitolina. El ascenso fue muy bonito, rodeando desde lo alto el Foro Romano, pudiendo pararnos a fotografiar sus ruinas, pasando por detrás del Monumento a Vittorio Emanuele, y sube que te sube conseguimos llegar a nuestro destino.

La Familia G en su ascenso a la Piazza del Campidoglio, con el Foro Romano a nuestras espaldas
La Familia G en su ascenso a la Piazza del Campidoglio, con el Foro Romano a nuestras espaldas

La Piazza del Campidoglio, coronando la Colina Capitolina, una de las siete colinas sobre las que se asienta Roma, fue diseñada en el siglo dieciséis por el gran Miguel Ángel Buonarroti, así que el resultado ha sido una de las piazzas más bellas de Roma, orientada hacia San Pedro, en tiempos de Miguel Ángel, el nuevo centro de la ciudad. En el centro de la piazza encontramos la estatua ecuestre en bronce de Marco Aurelio, con la que Pequeño G alucinó bastante. Con lo que le gustan los caballos (donde veraneamos nos pasamos las tardes dándoles de comer), creo que el ver un caballo tan gigante y tan quieto le llamó mucho la atención.

Imagen: Fuente
Imagen: Fuente

En la Piazza nos encontramos con tres palacios (imagínate cómo es la placita en cuestión…), el primero es el Palazzo Senatorio, hoy la sede del Ayuntamiento de Roma (espectacular, y las vistas son magníficas), y los otros dos son la sede de los Museos Capitolinos, abiertos en el año 1735 (uno de los museos públicos más antiguos del mundo), unidos por una galería subterránea, la Galleria Lapidaria.

Los motivos por los que entrar en los Museos Capitolinos fueron tres: (i) nunca antes lo habíamos hecho, (ii) había una colección temporal de Rafael (mi pintor favorito), y (iii) no son excesivamente grandes ni densos, por lo que pensamos que Pequeño G lo aguantaría bien.

El resultado fue totalmente un acierto. El museo consta de tres plantas, la baja más dos más y tiene ascensores, por lo que el llevar un carrito no era ningún problema.

Mi niño en su primer museo... <3
Mi niño en su primer museo… ❤

De lo más reseñable que tiene este museo: la Loba Capitolina, el Gálata Moribundo, alguna obra de Caravaggio, la Venus Capitolina o las ruinas del Templo de Júpiter, además de las obras de Rafael que había expuestas en la exposición temporal, maravillosa, con muchos bocetos y dibujos de sus obras más célebres que nunca antes había tenido la oportunidad de ver.

Estuvimos como una hora aproximadamente. Pequeño G fue andando todo el museo, salvo alguna parte que la hizo en brazos, y se portó estupendamente. Al final de nuestra visita, accedimos a la terraza panorámica, situada en la tercera planta, desde donde teníamos unas vistas estupendas de la ciudad eterna.

Para finalizar, nos pasamos por la tienda (siempre pico en las tiendas de los museos…) y nos llevamos un par de cosas que ya os enseñaré (tengo pensado un post con las adquisiciones para Pequeño G que hemos hecho en Roma).

Una vez que salimos de los Museos Capitolinos, era la hora de comer, así que decidimos volver a nuestro pequeño apartamento para que Pequeño G descansara un poco, jugara tranquilamente en casa, y comiera allí, algo más tranquilo que en un restaurante.

Después de comer, se quedó frito en el pecho, así que, lo metimos al carro y salimos en busca de nuestros amigos, que ya habían acabado su visita para comer juntos y continuar con la marcha.

Después del parón de comer, y de haber repuesto fuerzas, Pequeño G seguía durmiendo en su sillita, decidimos ir a ver un espectacular ejemplo del trampantojo italiano, la Cúpula de San Pedro vista desde la cerradura de la Orden de Malta.

Así que fuimos andando desde el restaurante hasta la parada de taxis que hay frente al Monumento de Vittorio Emanuele porque la Piazza dei Cavalieri di Malta queda algo retiradita del mundo.

Al llegar, no dudamos cuál era la cerradura en cuestión, porque había cola, así que nos pusimos a esperar pacientemente hasta que llegó nuestro turno. De verdad, es asombroso, cómo han podido hacerlo así. Justo mirando por la cerradura, ves perfectamente encajada la cúpula de San Pedro. No os pongo la foto hecha por mí porque estaba algo más oscuro ya (en Roma nos ha anochecido a las 5 de la tarde…telita) y se ve peor.

Imagen: Fuente
Imagen: Fuente

Después de que todos la hubiésemos visto, nos dimos una vuelta por la zona, estaba algo oscuro ya, pero pudimos pasear por un parque muy pequeño pero con unas vistas impresionantes, todo San Pedro iluminado.

Pequeño G ya llevaba despierto un rato paseando por ahí con nosotros, así que decidimos volver al centro para pasear por la Piazza Navona.

Tras tardar en encontrar dos taxis (ya os digo que la cerradura en cuestión está bastante retirada del centro), llegamos a la Piazza Navona. Tal y como la recordaba, espectacular.

En el centro, la maravillosa fuente barroca de los Cuatro Ríos de Bernini, construida entre 1648 y 1651. Recibe este nombre porque consta de cuatro figuras de mármol travertino que representan a los cuatro ríos más importantes de la época: el Nilo, el Danubio, el Ganges y el Río de la Plata. En el centro se erige un obelisco egipcio de granito de más de 16 metros de altura.

Un dato curioso es que frente a la fuente, en la misma piazza, se encuentra la Iglesia Santa Agnese in Agone, construida por Borromini. Por lo visto Bernini (el autor de la fuente) y Borromini (el autor de la iglesia) se llevaban fatal existiendo entre ellos una gran rivalidad y por ello, ninguna de las figuras que representan los cuatro ríos de la fuente de Bernini mira hacia la iglesia de Borromini, además el Nilo tiene los ojos cubiertos para no contemplar la iglesia, mientras que el Río de la Plata parece protegerse de su derrumbamiento.

La fuente vista desde la iglesia.  Imagen: Fuente
La fuente vista desde la iglesia.
Imagen: Fuente

Una vez que dimos una vuelta por la piazza, vimos los artistas callejeros retratando gente, los vendedores de abalorios, la gente sentada en la fuente, la gente paseando…decidimos que era momento de merendar algo, Pequeño G tenía que tomarse su fruta, así que aprovechamos para ir a una callecita perpendicular a una que había por detrás de la Piazza Navona para tomar algo (no nos pareció muy conveniente tomar algo en la misma plaza, turisteo total). Allí nos tomamos unos cafés calentitos y Pequeño G aprovechó para descansar, merendar y gatear a su aire un poco.

Cuando descansamos un poco, continuamos con la marcha. Esta vez, decidimos pasear hasta el Palazzo del Quirinale. Está en lo alto de la colina Quirinale, una de las siete colinas de Roma, y es una de las tres residencias del Presidente de la República. El palacio en sí no deja de ser un edificio institucional, pero el paseo hasta allí se hizo muy agradable.

Imagen: Fuente
Imagen: Fuente

Ya se acercaba la hora de cenar, y como la tarde había dado para mucho, la Familia G se despidió de sus amigos para ir a casa. Era hora de bañarnos, jugar, cenar y estar tranquilos en casita después del tute que nos habíamos dado. A prepararnos para el último día en Roma.

Nuestro viaje (Parte I)

Buenos días de martes amigas!!

Después del parón del puente, hoy vengo a contaros la primera parte de mi viaje, que dividiré en tres posts, por lo tres días que hemos estado. Allá vamos.

Viernes por la tarde, salgo del trabajo, voy a buscar a Amiga del Alma 2, que trabajamos relativamente cerca y nos vamos a casa (también vivimos en el mismo barrio). Papá G estaba ya en casa acabando de guardar las cosas que dejamos el día anterior preparadas, así que cerramos todo, nos montamos en el coche y nos dispusimos a ir a casa de mi madre para buscar a Pequeño G.

Pequeño G ya había comido, así que le di la teta, comimos nosotros rápidiísimamente y nos fuimos al aeropuerto. Allí, una vez que facturamos nuestro maletón, nos encontramos con Amiga del Alma 2 y Pareja y comenzamos a buscar una farmacia para comprar los tarritos de comida para Pequeño G. No hay farmacias en la T1 una vez pasado el control de seguridad. Muy bien. Yo quería comprar los tarritos en Madrid porque son los que ha probado, y ya que no es un gran fan de esta comida, prefería comprárselos aquí por aquello de más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, pero no pudo ser, porque no hay farmacias después del control y por el control no te dejan pasar éste tipo de comida de bebés según me dijeron cuando llamé. Así que, ya íbamos oficialmente a la aventura.

Pequeño G ya estaba por el aeropuerto que no podía más, todavía no se había dormido su siesta, así que me senté y le di la teta para que se durmiera (mi plan era que se durmiera en el avión, pero como salió con una hora de retraso, al pobre le entró sueño antes) así que mientras todos esperaban la cola para entrar, yo sentada con mi niño dormido…qué sensación!!

El viaje fue muy bien, despierto, porque nada más despegar abrió el ojo, pero tranquilo y jugando. Llegamos a nuestro destino, Amiga del Alma 3 nos está esperando, había llegado desde donde ella vive antes que nosotros. El reencuentro fue genial.

Montamos en un mini bus que contratamos para que nos llevara al apartamento, ya era tarde, y había que descargar, bañar a Pequeño G y darle sus cereales de cena antes de dormir, por lo que esa noche nada más pudimos hacer, simplemente conocer la que sería nuestra casita por tres días, y descansar para el sábado.

Come sei bella...Roma Imagen: Fuente
Come sei bella…Roma
Imagen: Fuente

Amanece en Roma, el sol entra por la ventana que tenía a mi derecha, me despierto con olor a café, qué típico, no? Pues sí, pero así es. Como ya os conté aquí, nuestros amigos habían reservado para esa mañana una visita a los Museos Vaticanos. Nosotros estuvimos hacía dos años y se tarda una media de tres horas en recorrerlos, por lo que decidimos que no era el mejor plan para Pequeño G, así que aprovechamos esa mañana que estábamos solos para ir los tres a recorrer el barrio. Es algo que siempre nos gusta hacer cuando vamos a algún sitio. No hay nada como conocer el barrio en el que uno se encuentra, qué tipo de gente hay, qué tipo de tiendas tienes, qué tienes cerca y qué no. Teníamos una farmacia justo enfrente de casa, así que compramos los tarritos de comida, marca Plasmon. En mi vida los había oído, son fabricados en Italia. No sabía cómo nos iba salir la jugada, pero no nos quedaba otra.

Después, subimos al apartamento otra vez a que Pequeño G tomara sus cereales, y una vez que hubo terminado, de nuevo en la calle, nos dirigimos al Coliseo. Lo teníamos en frente, así que fue cuestión de subir la Vía Serpenti durante 5 minutos mientras el inmenso monumento se iba haciendo cada vez más y más grande.

Caminando por nuestro barrio
Caminando por nuestro barrio

La Vía Serpenti es una calle encantadora, comercios de barrio, altares a la Madonna con sus flores y sus velas en plena calle, piazzas con sus típicos balcones con las contrapersianas entreabiertas, con sus vidas y sus historias detrás, trattorias,…así hasta que llegas al Coliseo. Enorme. Majestuoso. Te hace sentir pequeña y vulnerable ante el peso de la historia.

Imagen: Fuente
Imagen: Fuente

Sacamos a Pequeño G de su portabebés y nos pusimos a pasear de la mano con él. Encantado iba viendo palomas, bicis, vespas, gente y más gente, niños…estuvimos dando una vuelta, viendo la cantidad de gente de todo el mundo que se concentraba allí, persiguiendo palomas y haciendo fotos, hasta que nuestros amigos nos llamaron, ya habían salido de los Museos Vaticanos, así que nos juntamos para comer. Dónde? Cerca de la entrada de Villa Borghese. En un pequeño restaurante de una callecita estrecha, por donde los coches pasaban a duras penas.

Pequeño G estaba en su momento de siesta, así que comimos todos sentados, algo poco habitual cuando tienes un bebé de 13 meses contigo mientras comes. Después de comer bien rico, nos pedimos unos cafés, y es que el café italiano tiene algo de especial.

Así nos sirvieron el capuccino de uno de nuestros desayunos...por algo Roma es nuestra ciudad...
Así nos sirvieron el capuccino de uno de nuestros desayunos…por algo Roma es nuestra ciudad…

Pequeño G despertó de su siesta así que comió, poco…pero para mi sorpresa, algo comió. No tenía muchas esperanzas puestas en su comida, y me sorprendió para bien. No lo terminó, pero no lo dejó entero tampoco. Después la teta, y en marcha. Bajamos toda la Vía del Corso, una calle atestada de gente, tiendas de ropa, tiendas de decoración, tiendas de souvenirs y restaurantes y trattorias. Fue un paseo muy agradable, había muchos artistas callejeros que nos amenizaron la caminata. De vez en cuando se oía música, de algún músico que tocaba en la calle, es de lo que más me puede gustar, andar por la calle y escuchar música en directo, una maravilla.

Tardamos bastante en atravesar la Vía del Corso, porque cogimos un desvío para visitar la Fontana de Trevi, que justo estaba ya sin obras, ahora, más gente no podía haber, nosotros nos quedamos arriba porque no quisimos bajar con Pequeño G las escaleras, un poco agobiante con tanta gente y tanta cámara pero nuestros amigos sí, para tirar la moneda, nosotros mientras nos hicimos amigos de un hombre que vendía un volador de silicona en azul que cuando lo tiras arriba brilla y va cayendo, Pequeño G no lo quitaba ojo y claro, el señor se vino a hablar con nosotros…volvimos a retomar la Vía del Corso y cuando llegamos al final, nos paramos a reponer fuerzas en una terraza frente al Altare della Patria, también conocido como monumento de Vittorio Emanuele, ese imponente monumento en mármol blanco que no acabó de convencer nunca a los romanos pues su construcción supuso la destrucción de un área de la colina Capitolina, una de las siete colinas sobre las que se asienta la ciudad de Roma.

Imagen: Fuente
Imagen: Fuente

Tras tomar algo frente a él, nos dispusimos a cruzar el río Tíber para adentrarnos en el barrio del Trastevere. Sábado por la noche y Trastevere…una mezcla explosiva. Lleno de gente con ganas de fiesta, los restaurantes hasta arriba, pero aún así, siempre es agradable pasear por allí. Dimos una vuelta, recorrimos sus puestos ambulantes, con abalorios su mayoría y nos dispusimos a buscar un sitio para cenar.

Después de cenar, nos fuimos para casa, tocaba baño, cena de Pequeño G y a dormir, a prepararse para un segundo día en la ciudad eterna.

Mi pequeño cayó rendido después de nuestro primer día en Roma
Mi pequeño cayó rendido después de nuestro primer día en Roma

Planeando nuestro viaje (Parte II)

Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!! Viernessss!!!!!!!!!!!!!! No me lo creo!! Nos vamosss!!!

En cuanto llegue la hora de comer, saldré pitando del trabajo y a casa a cambiarme de ropa (ya dejamos todo preparado anoche), teta para Pequeño G, que ya habrá comido su puré y nos vamos!! Pero antes, tal y como dije ayer, hoy vengo a contaros la segunda parte de las cosas que me rondan por la cabeza cuando hemos estado preparando nuestro viaje. Si no has leído la primera parte, puedes hacerlo aquí.

El tema que viene ahora es lo que más me preocupa, la comida.

Pequeño G no es fan de la comida infantil preparada, y cuando digo que no es fan significa que no admite ni una cucharada. En casa siempre ha tenido su puré casero y cuando alguna vez le he dado uno de estos botecitos para probar me ha mandado bien lejos.

Así es que llegó el verano y nos fuimos 10 días a recorrer Inglaterra, empezamos en Londres, porque tenemos allí familia, y después hicimos un mini tour. Ante la poca suerte que tuve ofreciéndole un tarrito de comida, decidimos facturar maletón (algo que odio, siempre he viajado con lo puesto prácticamente) y en el maletón metí pasapurés, olla (sí, ole ole y ole, podéis reíros tranquilas) y dos termos de sólidos que tengo para poder salir a visitar cositas con el puré hecho y calentito sin necesidad de volver al apartamento a comer.

Los días que estuvimos en Londres fue muy sencillo porque nuestra familia vive en una casa como la de todo el mundo, con cocina, en un barrio, con sus súper al lado, y no tuvimos ningún problema.

Cuando hemos ido a visitar a la familia de Papá G, la cosa también ha sido sencilla porque ellos también viven en una casa normal donde se puede cocinar.

Ahora bien, una vez que nos alejamos de Londres este verano y empezó nuestra pequeña ruta, pese a que nos alojábamos en apartamentos con cocina, no fue nada fácil, las cocinas eran minúsculas, con una sola placa, de un tamaño inferior a mi olla, donde no podíamos hacerlo todo lo bien que nos hubiera gustado, ni todo lo rápido, con muy poco espacio, y al estar siempre situados en el centro de los lugares que visitamos, los súper nos pillaban algo más lejos que en Londres. Conclusión: pérdida de toda la mañana para hacer un puré. Como fuimos bastantes días, no me preocupó mucho el hecho de invertir media mañana en hacer puré, el problema con el que me encuentro ahora es que vamos tres días, y que ya no es verano, con lo que a las 7 de la tarde ya es de noche, así es que si empleas media mañana en hacer un puré para salir tarde y te anochece enseguida, pues planazo planazo lo que se dice no es.

¿Y por qué no haces el puré por la noche?, diréis algunas, pues porque hoy llego sin ingredientes para hacer ningún puré y por la noche prácticamente, por lo que nada estará abierto para comprarlos. Así es que el dilema de la comida del sábado ahí está.

Esta vez vamos a hacernos los chulos e intentar los botecitos de nuevo, a ver si del verano a aquí ha cambiado el paladar…pero no aseguro éxito alguno, de hecho, hemos tomado la valiente decisión de no llevar con nosotros esta vez la caharrería. Trataremos de subsistir con la comida en tarros y si no hay tu tía, entonces apañaremos un puré con el instrumental con el que me encuentre en el apartamento…si me decís que esto no es ir a la aventura…

No soy nada fan en absoluto de la comida preparada, ni para niños ni para adultos, y en casa no la consumimos nunca (vale, a veces nosotros sí, pero Pequeño G jamás), sin embargo, por muy poco que me guste, me consta que por tres días que Pequeño G comiera un tarrito no le iba a pasar nada de nada.

En fín! Que me interesaría mucho saber qué habéis hecho vosotras cuando os habéis ido fuera con bebés en edad de no tomar teta/biberón exclusivamente pero tampoco comida de adultos. ¿Alguna idea? ¿Any help?

Bueno chicas, muchas gracias de antemano por cualquier ayuda aportada.

Nos leemos de nuevo el martes, que os contaré cómo ha ido todo, y como me dijo La Hobbita ayer, cómo ha sido la realidad después de todas estas cosas que hemos planeado!! Será muy diferente? Seguro que sí!!

Besos gordos! Buen puente a las madrileñas y buen finde al resto!!!

Mamá G.

Preparando nuestro viaje (Parte I)

Buenos días amigas!

Ya es jueves!! Yupiii!!

Bueno, como sabéis, mañana salimos de viaje la Familia G al completo con Amiga del Alma 2 y Pareja, y Amiga del Alma 3 a pasar fuera el puente (en Madrid el lunes es festivo).

¿Cómo estamos? Con muuuuchas ganas.

La verdad es que en este momento de búsqueda de nuevas opciones, de hacer cálculos, de tratar de buscar un mejor equilibrio familiar, me viene fenomenal este pequeño break, vamos, lo necesito como agua de mayo.

El destino me apasiona, ya hemos ido, yo dos veces (la primera vez hace muuuchos años de jovenzuelas con Amiga del Alma 2) y Papá G una, pero nos da igual porque es una ciudad a la que volvería una y mil veces.

Cuando nos casamos Papá G y yo, hicimos un viaje de novios algo peculiar, cuando todo el mundo se estaba yendo a los combinados típicos, nosotros escogimos las ciudades que más nos gustaban e hicimos una ruta en coche por todas ellas (nos encantan los road trip), y ésta fue la primera de esa ruta. La primera parada, la primera ciudad que nos conoció como casados. Por eso es tan especial para nosotros y por eso me trae tan buenos recuerdos.

Por lo tanto este viaje lo cojo con muchas ganas, por desconectar un poco, por la ciudad en sí, porque nos juntamos Amiga del Alma 2, Amiga del Alma 3 y yo de nuevo (hacía mucho tiempo que no nos juntábamos para hacer un viaje), y por lo más importante, por vivir más aventuras con mi Pequeño G al margen de la rutina del día a día, porque me muero de ganas de ver su cara de emoción cuando ve el avión, porque me encanta enseñarle mundo (aunque él no se acuerde de estos viajes en un futuro) y porque me encanta vivir cada minuto del día con mi Pequeño G al lado.

Esta semana, ya sabéis que el trabajo no me ha dado mucha tregua, por lo tanto, como suele pasar casi siempre, no me ha dado tiempo a mirar todo lo que me gustaría y a preparar todo lo que hubiera querido, pero entre Amiga del Alma 2, los chicos y yo (Amiga del Alma 3 vive en otro país y tiene un horario de trabajo un poco contrario al del resto, así que no estaba disponible en los mails que han rulado sobre el tema) hemos tratado de planear un poco lo que ver, porque nos vamos tres días y la ciudad es inmensa, así que mejor priorizar y organizar un poco por adelantado y más viajando con un bebé. Por eso hoy vengo a contaros cómo hemos organizado este viaje llevando con nosotros a un bebé de 13 meses (la primera parte).

  1. Cuando os conté que nos íbamos de viaje, os pedí consejo aquí sobre si escoger un apartamento para todos o dos. Pues, al final hemos decidido, tal y como todas me aconsejásteis, coger uno para nosotros tres y otro para ellos tres. Lo bueno es que es un complejo con varios mini apartamentos y así podemos estar juntos pero no revueltos.
  2. Una vez que tuvimos los apartamentos reservados nos relajamos bastante y como siempre sucede no ha sido hasta esta semana cuando nos hemos puesto a planear qué ver. Pese a que tres de nosotros ya hemos estado en esta ciudad, Papá G y yo además recientemente (hace dos años), los demás no, por lo que quieren recorrer todos los museos más importantes de la ciudad. A mí me parece fenomenal, de hecho, cuando Papá G y yo estuvimos de luna de miel nos pateamos todos uno a uno, con nuestros audioguías en una mano y nuestra guía en la otra, para no perder detalle, es una ciudad que huele a arte, por donde pisas, cada paso es historia, y a mí no hay nada que me pueda gustar más que el arte y la historia (he aquí mi profesión frustrada). Por tanto llegó el dilema, es conveniente en uno de los museos reservar la entrada con antelación por internet para evitar colas, si no, son tremendas, y Amiga del Alma 2 me preguntó cuántas reservaba, pues bien esta vez hemos decidido renunciar a hacer este tipo de visitas, porque recorrer cuatro horas cada una de las salas de un museo (no es un museo cualquiera, es una obra maestra en sí), no es el mejor plan para Pequeño G. Como todo niño de 13 meses está en edad de explorar, de no querer ir en el carro más de lo estrictamente necesario, de tocar todo, de llevarse todo a la boca, de experimentar, y claro, plantarle al pobre 4 horas de carro por delante sin rechistar…ole las narices de los padres que hagan eso. Así es que, hemos tenido que generar un plan alternativo al tiempo que nuestros amigos estén allí. Y la verdad es que este plan alternativo pinta requetebien! Mucho más adaptado a un niño y además a Papá G y a mí nos permite ver cosas nuevas que no vimos en su momento.
  3. Solucionado este tema (la mañana del sábado estaremos divididos en dos grupos), se planteó el tema de las visitas guiadas a pie que contratas desde aquí. En otras ocasiones, viajando con mis padres y mi hermano, hemos utilizado estas visitas y la verdad es que están bastante bien, no suelen ser caras y te dan un paseo agradable por la ciudad enseñándote lo más importante y contándote sobre ello lo más reseñable. Sirven para conocer datos curiosos, la historia de lo que ves, y sobre todo para hacerte una idea de qué te ofrece la ciudad, para tú escoger en qué quieres profundizar y qué te interesaría visitar detenidamente. En esta ocasión, hemos mirado varias opciones de recorridos guiados y tan sólo una nos interesaba, sin embargo, la hora de quedada para comenzar el tour eran las 9.30 de la mañana. Conociendo a Pequeño G como lo conozco os digo que a esa hora ningún día está despierto. Imposible para nosotros estar a las 9.30 duchados y con Pequeño G desayunado, en ningún lado, por lo que también lo hemos descartado. Así es que finalmente no hemos contratado este servicio para nadie (parece que no somos los únicos a los que no les encanta madrugar jaja) por lo que estamos haciendo un listado de todo lo que nos interesa ver y lo haremos a nuestro aire.

Pues bien, estas son más o menos las primeras previsiones para nuestro viaje. Mañana os contaré la segunda parte, la que más miedo me da, las comidas…

¿Qué os parecen? ¿Habéis ido a algún museo con un bebé? ¿Cómo se ha portado?

Un beso grande y ánimo con el útimo empujón de la semana!

Mamá G.

Planeando un viaje con niños

Bien! Hemos llegado al ecuador de la semana!! Ya queda menos para el finde!!

Hoy os traigo un tema en el que estamos volcados desde hace un tiempo y es que en el puente de noviembre, Amiga del Alma 2 y pareja, Amiga del Alma 1 y la Familia G. se van de viaje!!

Sí, nos hemos liado la manta a la cabeza y hemos decidido hacer un viaje juntos! La última vez que viajamos juntos yo todavía no estaba embarazada de Pequeño G.

Planear un viaje cuando vas con un bebé no es fácil. Tienes que pensar en todo, no dejar mucho espacio a la improvisación. Pese a que nosotros somos bastante aventureros y yendo solos nos hubiese dado lo mismo el sitio, el alojamiento, la comida…ir con un bebé de 12 meses te obliga a planificar y a organizar con antelación, pensando en que él esté a gusto y pueda disfrutar.

Pero es que además de viajar con un niño, viajamos con tres personas sin niños, por lo que, tras esta experiencia que estamos teniendo, he de deciros, que no es nada fácil organizar, porque, obviamente, nosotros vamos a pensar más que en el destino, más que en lo que nos apetezca, más que en nada, en el bienestar de nuestro hijo, y claro, hay que encontrar la fórmula con la que todo el mundo esté contento con las “pequeñas restricciones” que ponemos.

El primero de los temas que comentamos fue el tiempo de duración del viaje en avión: no queríamos un viaje excesivamente largo porque, en los viajes en avión que hemos hecho hasta ahora, Pequeño G se ha portado muy bien, pero es verdad que tampoco hemos estado 5 horas ahí metidos, con tomas de por medio…eso no sé cómo hubiera salido. Así es que, para estar seguros de que Pequeño G no tiene problemas, hemos limitado el tiempo de avión a 3 horas. Nos parece relativamente razonable mantener distraído a Pequeño G 3 horitas, entre teta, juguetes, ponerse de pie en el sillón del avión y jugar con el de al lado…por lo que la primera restricción era un tiempo de avión no superior a 3 horas.

La segunda de nuestras preocupaciones venía dada por el clima: vamos en noviembre (frío de pelotas) pero es que si sales de España hacia arriba todavía más frío. Y no es como el año pasado que Pequeño G era un bebé de capazo, metidito ahí dentro, en su saco de pelo genial que tenía, con su buzo y el plástico de lluvia, y ya podías ir por plena Siberia casi que él iba tan calentito y sin inmutarse. No. Este año, Pequeño G quiere explorar, gatear, andar de nuestra mano, estar en el suelo y en el meollo, además ya no tiene carro, es una silla de paseo, donde él va mucho más expuesto a las inclemencias climáticas. Por supuesto que le hemos comprado un saco de invierno para la silla de paseo, pero aun así, no quería aparecer en Copenhague con 2 grados todo el día…me conozco y sé que no iba a visitar nada a gusto. Así que propusimos que, dentro de que en noviembre, en el hemisferio norte, hace frío en todas partes, fuéramos a un lugar no demasiado helador.

La tercera y última de nuestras limitaciones en el alojamiento. Nosotros necesitamos un apartamento para que yo pueda hacerle a Pequeño G sus comidas. No nos vale un hotel, que, desde mi punto de vista, es incomodísimo para una familia con un niño de 12 meses, que además de no comer igual que nosotros, y necesitar aún de los purés, necesita espacio para jugar, gatear, y no darse con la pata de la cama nada más girarse. Así es que, allá donde fuéramos, necesitábamos un apartamento.

Además de estas pequeñas limitaciones, viene otra limitación impuesta por Amiga del Alma 3, que ya sabéis que vive en Inglaterra. Ella vive al norte norte, así que necesitábamos un lugar que cumpliese nuestras características, y además, al que ella pudiera volar desde el aeropuerto más cercano a donde vive.

Tela…

Esto del viaje lo hablamos a principios de septiembre, en uno de los millones de mails que nos cruzamos Amiga del Alma 2 y yo desde el trabajo, en plena depresión postvacacional. Pues creedme si os digo que después de más de un mes mirando y mirando, (el domingo cenamos en casa con Amiga del Alma 2 y pareja para revisar de nuevo todas nuestras opciones) hemos conseguido reservar los vuelos ayer (nosotros 5 al menos) porque Amiga del Alma 3 todavía está mirando desde dónde puede volar…ayyys.

El destino lo mantendré en secreto hasta después de nuestro viaje, porque es muy especial para mí y quiero hacer unas entradas especiales a la vuelta contando nuestra aventura!

De momento sólo hay un vuelo comprado, estamos mirando apartamentos y pensando en las diferentes opciones: dos apartamentos, uno para nosotros tres y otro para ellos tres o un solo apartamento para los seis…pues hay pros y contras.

Pros: puede ser muy divertido estar todos juntos, todo el rato (los ratos en el sofá de charleta con mis Amigas del Alma son los mejores de los mejores).

Contras: nosotros no llevamos ningún plan de salir a cenar (a lo mejor, si Pequeño G no tiene mucho sueño sí, porque ya sabéis que es de naturaleza trasnochadora, pero si no, cenaremos algo en el apartamento) pero desde luego no llevamos ningún plan de copichuelas por ahí después. Amiga del Alma 2 y pareja son muy formales ellos pero Amiga del Alma 3 es cero formal, así es que seguro que propone salir de fiestecilla por ahí (100% vamos – y bien que haría, sin pareja y sin hijos, es un planazo). El caso es que no me gustaría que me despertaran a mi Pequeño G. si por algún casual llegan tarde y hacen algo más de ruido

Aquí ya sí que no sé qué hacer, a veces me decanto por un apartamento, otras veces por dos…y así seguimos…

¿Qué haríais vosotras? ¿Mejor el mismo apartamento o apartamentos separados? ¿Coincidís en mis condicionantes? ¿Añadiríais o quitaríais alguno?

Besitos.

Mamá G.

Los aviones y los niños

¡¡Hola!!

Hoy traigo un post que quería escribir desde los orígenes. Los aviones y los niños. Y es que, por el hecho de que Papá G. no es español y por tanto tenemos parte de familia en otro país y el hecho de que somos bastante correzapatillas y en cuanto juntamos unos días tratamos de emigrar, somos algo expertos en esto del los aviones. De hecho, ahora nos vamos por el cumple de Pequeño G. a pasarlo a casa de la familia de Papá G..

Bien, paso a contaros mis indispensables en un avión con un bebé (los míos, pero no tiene por qué coincidir con los del resto, que ya se sabe que cada niño es un mundo).

  1. Jersey bien gordo y pantalón largo. Este verano, con 45 grados en la sombra que hacía en Madrid, nosotros en el aeropuerto bien abrigaditos. Y es que el aire acondicionado que ponen en el avión no sé por qué pero es helador, así que se agradece mucho tener un jersey o una chaqueta y llevar las piernas cubiertas.
  2. Sus juguetes pequeños favoritos. Y es que un bebé en un avión se aburre cual piojo en la cabeza de un calvo si no le distraes en condiciones. A los bebés (salvo rara excepción) no les apasiona estar sentaditos, buenecitos y sin decir ni mu atados con su cinturón hasta llegar al destino. Así es que nosotros siempre salimos con sus juguetes favoritos, para que vaya jugando distraído.
  3. Una teta (o un chupete o biberón en su defecto). Los oídos de los bebés muy bebés pueden ser más sensibles que los nuestros a los cambios de presión que sufre el oído medio dentro de la cabina, por lo que es recomendable que el bebé trague, así ayuda a eliminar dicha presión.
  4. Llevar poco equipaje. Esto es importante. Un niño genera mucho equipaje (un niño bebé bastante más), pero es importante no hacer demasiado caso a los “por si acaso”. Es preferible tener las manos más libres para maniobrar con tu hijo más fácilmente que llevarte la casa encima y no poder atenderle cuando le da un berrinche, pide algo, o simplemente tiene hambre… Salvo que uno se vaya a dar voltios por el desierto del Gobi, es preferible pensar que si acaso pasa algo, ya comprarás lo que necesites en el país de destino.
  5. Ojo con el carrito! Está claro que se puede viajar con un carrito armatoste, pero siempre es mucho mejor con una sillita de paseo. Nosotros dejamos nuestro carrito aquí por no desmontarlo para facturarlo y porque sabíamos que para andar todo el día por allí un carrito más ligero iba a darnos la vida! Y acertamos! Aprovechando que Pequeño G. ya tenía edad de estar en un carrito más básico, adquirimos un Chicco Litteway. Desde mi punto de vista ha sido un acierto. Es muchísimo más manejable que nuestro anterior carro y se pliega en una sola pieza, no ocupando nada, ideal para facturar en el avión y para andar por la ciudad, subiendo y bajando de buses, trenes para ir de una ciudad a otra, escaleras de metro…no pesa nada! Y está homologado desde los cero meses, así que la hora de la siesta, Pequeño G. tumbado totalmente y bien tapado. Todos tan contentos.

Estos han sido nuestros aciertos a la hora de viajar en avión.¿Y vosotros? ¿Cómo lo hacéis? ¿Coincidís en alguno? ¿Tenéis algún otro truco para compartir?

Nos leemos pronto.

Mamá G.