A buscar el segundo bebé

Hace un tiempo, comenzamos a hablar sobre la posibilidad de traer al mundo a un futuro bebé.

Como ya os conté, las cosas no estaban muy fáciles porque yo estaba muy descontenta con mi horario de trabajo, y me negaba a traer otro hijo al mundo para no verle el pelo más que el fin de semana.

Sin embargo, como bien sabéis, la situación cambió y cambió para bien. Ahora puedo disfrutar de mi niño todo lo que quiero sin horarios infernales que me lo impidan y sin ataduras de ningún tipo.

Por lo tanto, con esta nueva situación, volvimos a hablar del tema Papá G y yo y tras pensarlo y darle alguna que otra vuelta, decidimos que sería un muy buen momento para buscar el segundo bebé. Cierto es que Pequeño G aún es pequeño y que quizá no va a comprender todo el proceso tan bien como lo comprendería un niño de 3 o 4 años, y eso era algo que me gustaba especialmente, que él formara parte. Pero cierto es también que siempre quise ser mamá joven y que la Vida me concedió este regalo. Cierto es también que ahora que Pequeño G es más «niño» nos hemos empezado a animar a retomar nuestra vida anterior, con nuestros viajecitos, nuestras escapadas de fin de semana, quedadas con amigos…Pequeño G al ser un pequeño fiesterillo lo lleva divinamente todo y hacemos un buen equipo de 3, así es que nos hemos animado, hemos conseguido confianza en nosotros mismos y hemos visto que no lo hacemos tan mal. Pequeño G es un niño feliz totalmente, nunca borra su sonrisa de la cara, nos lo llevamos a todas partes, y disfrutamos más con él que sin él, por lo tanto, no creo que lo hagamos muy mal siendo padres de dos. Además, los niños se llevarían algo más de dos años, lo que nos parece una distancia bastante apropiada a los dos.

En definitiva, que una vez que tomamos esta decisión, pedí cita en mi señor ginecólogo y allí que fuí a contarle el percal. Tras revisarme y ver que todo anda en orden me informó de algo que me desilusionó tremendamente y que yo desconocía por completo. Os recreo la conversación que surgió tras la revisión:

Yo: Mr. Ginecólogo, por cierto, vamos a empezar a buscar al segundo bebé, te lo comento para que me recomiendes algún ácido fólico y me digas cuánto tiempo antes de buscarlo es recomendable tomárselo, ya que con Pequeño G no lo hicimos.

Mr. Ginecólogo: el Natalbén Lactancia que estás tomando ya incluye ácido fólico, pero si quieres un complemento extra, te recomiendo Acfol, y lo recomendable es tomarlo de 1 a 3 meses antes de iniciar la búsqueda.

Yo: Muy bien, perfecto, gracias.

Mr. Ginecólogo: Pero espera, sigues dando el pecho, verdad?

Yo: Si.

Mr. Ginecólogo: A lo mejor tienes que destetar a Pequeño G si ves que no te quedas embarazada, porque es más difícil quedarse embarazada durante la lactancia.

Yo: No, pero si a mi ya me ha venido la regla.

Mr. Ginecólogo: No, no, eso ya lo sé. Pero independientemente de eso. La lactancia es un anticonceptivo natural que impide la ovulación, por lo tanto, pese a que no es imposible, si es difícil quedarse embarazada, pero una vez que la regla vuelve y ovulas de nuevo, viene otro problema y es que a causa de la lactancia, generas una hormaona en altas cantidades llamada prolactina que aunque ya no impida la oulación, afecta a la fase lútea (la que va desde la ovulación hasta la siguiente regla) haciendo que está sea demasiado corta, y por ello, aunque haya ovulación, es muy complicado quedarse embarazada.

Yo no tenía ni idea de esto y entre mis planes no estaba ni está el destete. Yo quiero un destete decidido por Pequeño G, no por mí, porque yo me encuentro la mar de agusto con nuestra lactancia, y a él le encanta, y si llega el momento de dar teta a dos a la vez, mejor que mejor, que esa experiencia estoy deseando probarla!

Así que después de escuchar sus palabras, decidí inmediatamente que ésto tenía que contarlo aquí para debatirlo con vosotras que seguro que me aportáis luz al tema!

¿Cómo de verdad es esto? ¿Alguien tenía noticia de ello? ¿Alguien está pensando en embarazarse próximamente y se encuentra con este problema también?

Tras volver a casa y contarle esto mismo a Papá G, quién tampoco sabía del tema, debatimos y lo primero que se nos vino a la cabeza fue comenzar a buscar ya, porque si en verdad es tan difícil quedarse embarazada siendo mamá lactante, pues cuanto antes empecemos antes llegaría.

Sin embargo, tras pensar y pensar y hablar y hablar más de ello (estamos un poco monotemáticos últimamente) decidimos que no, que íbamos a hacer como si nada. Empezar a tomar el ácido fólico en cantidades industriales tal y como me recomendó Mr. Ginecólogo y en un par de meses o tres comenzar la búsqueda. Y creo que es lo más razonable.

¿Cómo veis el tema? Gracias de antemano por toda la luz que podáis aportar a este asunto!

Un besote!

Mamá G.

Complementos vitamínicos durante la lactancia: ¿necesarios?

Buenos días amigas!

Hoy vengo a comentar un tema que el otro día, en una conversación con una compañera salió. Los complementos para mamás lactantes. A raíz de eso, y de que yo consumo estos complementos, me puse a investigar y hoy quiero contaros los resultados de mi búsqueda.

Hay varias marcas que comercializan complementos vitamínicos para mamás en periodo de lactancia. Por todos es sabido que la leche materna proporciona todos los nutrientes que necesita el bebé durante la primera etapa de su vida y le provee de los minerales y vitaminas que requiere para su desarrollo.

Por eso, si es tan importante, y esta responsabilidad recae sobre las mamás que damos el pecho a nuestros hijos, muchas veces nos planteamos, ¿es necesario un aporte extra? ¿un complemento alimenticio? ¿nuestra leche va a ser mejor si tomamos unas pastillas que nos proporcionen minerales y nutrientes extra? ¿va a estar mejor alimentado nuestro bebé?

Entre el abanico de respuestas que nos podemos encontrar hay de todo, como en botica.

Lo cierto es que durante el periodo que dure la lactancia, la mamá debe llevar una dieta sana, equilibrada y variada, para que pueda obtener los micronutrientes necesarios, tanto para ella, como para el bebé.

Según establece la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (AEDN), la alimentación, así como el aporte de vitaminas, durante la lactancia no tiene que ser muy distinta a la de otras etapas, porque, salvo casos extremos, como de desnutrición clara, el estado nutricional de la madre no interfiere en la producción de su leche ni en la calidad de la misma.

Esto tiene sentido si lo contrastamos con lo que dice al respecto el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP), y es que, por lo visto, la glándula que produce la leche tira sobre todo de las reservas de la mamá, por lo que  la composición de la leche materna “guarda escasa correlación con la dieta de la madre

Concretamente, los micronutrientes más importantes son el hierro, el calcio, el yodo y la vitamina A, fundamentales para un correcto desarrollo físico del pequeño.

Así es que si la dieta de la madre es correcta (por correcta entendemos variada y saludable), no tiene por qué producirse ninguna deficiencia de estos nutrientes en el niño, y por tanto, la mamá no tiene por qué tomar ningún suplemento específico.

Sin embargo, si bien tanto el hierro, como el calcio, o la vitamina A son importantes para el correcto desarrollo del bebé, el yodo es especialmente importante.

Si un bebé no obtiene suficiente yodo de la leche materna, puede provocarse un aumento del tamaño de la tiroides, y por consiguiente, ocasionar problemas respiratorios o de deglución. Además, la carencia de yodo puede provocar también retraso en el desarrollo del Sistema Nervioso Central así como en el crecimiento y la maduración de los huesos del bebé.

Como vemos, los niños necesitan ingerir una ración de yodo a diario para un correcto crecimiento y desarrollo intelectual. Los estudios demuestran que una cucharadita de las pequeñas de sal yodada al día es suficiente para cubrir estas necesidades y evitar problemas (sobre todo de tiroides) en los bebés. Sin embargo, el bebé no toma sal, todo el yodo que necesita, le viene a través de la leche, por eso es tan importante asegurarse de que la mamá cubre correctamente la ingesta diaria de yodo

 ¿En qué alimentos encontramos yodo (además de la sal yodada)?

Vegetales marinos (como las algas comestibles) son riquísimos en yodo, pero por lo menos yo, nunca los suelo consumir.

Pescados y mariscos (como el arenque, las gambas, los langostinos, el bacalao, los mejillones, el salmón o el lenguado). Es de aquí de donde más posibilidades tenemos, en una dieta normal, de cargarnos de yodo las mamás. Pero, ¿tomamos pescado a diario? Porque nuestro organismo necesita un aporte determinado de yodo al día.

Frutas rojas (fresas y arándanos sobre todo). Son estupendos antioxidantes además de ser ricos en yodo.

Leche y yogur. También son alimentos ricos en yodo.

¿Cuál es la conclusión?

Como conclusión a mi estudio, creo que la respuesta más acertada es que no es necesario un aporte vitamínico extra para la mamá durante el tiempo que dure la lactancia. Su leche es buena de todas formas, y alimentará estupendamente a su bebé. Siempre y cuando se ponga atención en comer de todo, variado, y cocinado de la manera más saludable posible.

Ahora bien, también creo que si crees que no consumes suficiente yodo, o para casos extremos como anemias o desnutriciones, o mamás adolescentes que están en pleno desarrollo, es importante suplementar tu dieta con algún complemento, siempre y cuando antes consultes con un médico y te recomiende uno, en caso de creerlo conveniente.

        ¿Cuál es mi caso?

Cuando fui a mi primera revisión ginecológica después de dar a luz (Pequeño G tendría un mes), mi ginecóloga me recomendó consumir una pastilla de Natalben Lactancia. Pongo la marca deliberadamente porque no me gusta hablar de lo que no conozco pero esto lo conozco bien, llevo tomándolas 1 año. Me la recomendó porque según ella, es el único complemento con la mayoría de nutrientes necesarios para una mamá lactante, concretamente me dijo que le interesaba el ácido fólico y el yodo, y a mí me pareció razonable. Igual que durante el embarazo tomamos ácido fólico o incluso se recomienda tomarlo tiempo antes de la concepción, pese a que muchos alimentos contienen ácido fólico, no me pareció disparatado complementar tu dieta durante la lactancia.

Pequeño G no se ha puesto malito ni una sola vez y yo sólo una, de un virus de tripa horrible que cogí. ¿Hubiera sido igual sin tomar mis suplementos? Puede que sí, seguramente sí, pero no lo sé. Hay gente que no los toma y gente que sí. Yo, porque me lo recomendó la doctora, porque lo he visto lógico, y porque no me ha ido mal, los seguiré consumiendo hasta nueva orden médica.

¿Qué os parece? ¿Habéis tomado o estáis tomando complementos?

Un beso.

Mamá G.

¿Será por la lactancia materna?

Ay amigas…sí! Literalmente no puedo más. Pero nada de nada más. Me voy arrastrando por las esquinitas…

No puedo tener más sueño, y hoy quiero saber si os ocurre lo mismo o es cosa únicamente mía.

Os cuento. Pequeño G. no duerme del tirón de nunca de los nuncas, sólo hace mucho tiempo, cuando era bebé empezó una racha en que dormía unas 6 o 7 horas seguidas. Yo era feliz. Pero claro, dicha racha acabó. Y es que yo me reincorporé al trabajo después de mi baja y Pequeño G. parece que lo olió y dijo: “ah, que no estamos juntos durante el día, pues estaremos durante la noche”, y dicho y hecho. Desde entonces, Pequeño G. no duerme de un tirón, su media es despertarse cada 3 horas aproximadamente. A veces más horas, a veces menos horas, pero por lo general, son 3 las que aguanta dormido sin despertarse a comer.

Cuando se despierta, lo hace medio dormido, y es sólo para comer, así que le pongo en la teta, y en cuanto come los dos pechos le vuelvo a poner en su cuna porque está roque ya.

Significa ello que la interrupción de mi sueño no es muy severa, es cuestión de 10 o 15 minutos y no tengo que hacer nada que conlleve un esfuerzo, pero despertarte un par de veces o tres durante la noche, aun siendo poca la interrupción, durante un año seguido, hace que una empiece a notar sus efectos…

Los hijos de mis compis del trabajo duermen del tirón todos, y todos han acabado ya con la lactancia materna, o han sido criados sin ella. Por lo que me hace intuir que nosotros seguimos como seguimos por el “enganche” de la teta.

Y aquí es donde necesito vuestra opinión. ¿Estoy en lo cierto? ¿Significa esto que mientras sigamos con la lactancia materna seguiremos sin dormir seguido?

Os agradezco enormemente cualquier contribución para esclarecer el asunto!

Y con esto y un bizcocho, me despido hasta el lunes. Pasad un finde estupendo, y disfrutad cada momento!! Un beso fuerte!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Crisis de lactancia

Hola!

Llegados al ecuador de la semana y superadas las dos primeras entregas de la trilogía “Celebración de cumple”, hoy os traigo otro tema: una crisis de lactancia.

Este fin de semana que hemos estado en casa de mis suegros nos ha acontecido una crisis de lactancia, bueno en realidad empezó el viernes aquí en los madriles.

Ya antes habíamos pasado por esto, y no ha supuesto nunca el fin de nuestra lactancia, pero ahora me ha preocupado especialmente porque en las anteriores crisis, Pequeño G. se alimentaba de manera exclusiva con la lactancia materna, sin embargo ahora ya come muchas más cosas y ya tiene un año, así que me da qué pensar…

Yo siempre he dicho que no quiero un destete impuesto por mí, que el destete sería espontáneo y llegaría cuando Pequeño G. decida un día que no quiera más teta. Pero el problema es que no quiero que llegue!!

Se nos llena la boca diciendo todo lo que nuestros hijos hacen, aprenden, dicen, y muchas veces, cuando otras mamás te cuentan lo que hacen los suyos que ya son algo más mayores, piensas, ay, a ver cuándo gatea y se mueve sólo por ahí, ay a ver cuándo anda, a ver cuándo habla…y no nos damos cuenta (o si nos damos pero no lo queremos pensar mucho) de que cada cosa nueva que van haciendo, les hace cada vez más autónomos y hace que cada vez nos vayan necesitando para menos cosas.

De alguna forma, la lactancia, para mí, supone que seguimos unidos como mamá y bebé, no como una mamá y un niño mayor, de alguna manera, en mi cabeza pienso que mientras tengamos la teta en común, esa etapa de bebé no acabará.

Y angustias y melancólica que es una de naturaleza, eso es lo que corría por mi cabeza desde que comenzó nuestra crisis de la lactancia.

Ya comenté aquí que Pequeño G. toma teta después de cada comida, soy yo la que se la ofrezco, porque, salvo que esté muy cansado él no la suele pedir, y él la acepta gustosamente. Cuando acabamos con un pecho, se inquieta un poco y te gruñe hasta que le das el segundo y se queda tan tranquilo.

Pues bien, desde el viernes me está haciendo la de negarse a tomar teta cuando yo se la ofrezco, y cuando la coge, toma un poco y enseguida se retira y desde luego no quiere la otra. Sólo cuando está cansado o ha comido menos es cuando pide teta y la acepta tan gustoso.

Ya os digo que no ha sido la primera vez que me hace esto. Ya hemos pasado por este tipo de situaciones antes, así es que espero que todo esto quede en una crisis, que acaba pasando, y volvamos a ser los de siempre con nuestra lactancia.

¿Habéis tenido crisis de lactancia vosotras? ¿Cuánto han durado? ¿Ha vuelto todo a la normalidad?

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Nuestra experiencia con la lactancia materna

¡¡Hola!!

Ya pasado el periodo de presentaciones, vayamos al grano. Comienzo mi blog con una de las partes que más me encantan de la maternidad, o de mi maternidad al menos: la lactancia materna, así es que vamos allá con nuestra experiencia.

Mi parto fue una cesárea programada a las 38+3 semanas de embarazo (ya explicaré el por qué algún día), por lo tanto, en aquel momento, ni mi cuerpo ni mi Pequeño G. estaban pidiendo un parto precisamente. Imagino a Pequeño G. tan tranquilo en su “casita”, se levantaría como otro día más, jugaría como todos los días a sus cosas,… (¿a qué cosas? Pues no sé, a agarrar el cordón umbilical y darle vueltas, a ensayar llaves de kárate…las cosas que les gustan a los bebés intrauterinos vaya…) total que de repente, supongo que sentiría que algo pasaba, algo que no era habitual, una mano cubierta por un guante de látex le agarraba y le sacaba de allí. Así sin más, sin él comerlo ni beberlo.

Correcto, así fue como mi Pequeño G. vino al mundo, por lo tanto, la leche tardó en subirme un poquito, fueron 6 días.

Si a este hecho añadimos que no pudimos hacer piel con piel por encontrarme yo en la sala de recuperación, nada más y nada menos que casi 4 horas y media (¿Hola? Sí, esto lo explicaré en otro post también), pues nuestra lactancia materna empezó francamente mal, vamos, que Pequeño G. se alimentaba a base de fórmula (esto de “se alimentaba” es mucho decir porque cuando Pequeño G. nació era más o menos misión imposible hacerle tomar 30 ml de leche, echábamos una hora de reloj en esta ardua tarea, y aseguro que no estoy exagerando, y aun así nunca los tomó enteros, siempre siempre se dejaba).

Como antecedente, diré que yo nunca había tenido ninguna duda sobre la lactancia materna, siempre pensé que era la única opción para mi hijo y para mí. Durante todo el embarazo lo tuve clarísimo, cuando la gente me preguntaba si le pensaba dar el pecho, mi respuesta era siempre un sí rotundo.

Total que, pese a que aquellos días hubo bastante poco de lactancia materna, yo nunca desistí y nunca jamás pensé que no iba a poder, simplemente pensaba que era cuestión de tiempo, es que ni siquiera me agobié porque tomara biberones, sabía que tarde o temprano la leche acabaría por subir y que dejaríamos los biberones, nunca, ni un solo segundo, lo puse en duda. Así es que yo, cada tres horas, cogía a Pequeño G. de su cuna y me lo ponía en el pecho, a veces no hacía nada, sólo dormitaba, otras veces, trataba de succionar y poco cogía de ahí el pobre…pero era cuestión de intentarlo y de ir poco a poco. Después de media hora en el pecho, y sin comer, porque allí no había ni leche ni calostro ni nada que se le pareciera, Pequeño G. recibía su ración de biberón.

Ya en casa (el tercer día en casa), la leche me subió en condiciones y Pequeño G. poco a poco, con el pecho fue saciándose cada vez más y necesitando cada vez menos el complemento de biberón de después, hasta que finalmente, llegó el día (aproximadamente a las dos semanas de haber nacido) en que ya no necesitó biberón nunca más.

A los cinco meses y una semana, momento en el que yo me incorporé a trabajar, Pequeño G. abandonó la lactancia materna exclusiva para pasar a tomar dos tomas de fórmula con cereales (con todo el dolor de mi corazón, me veis a mi compungida en el trabajo sabiendo que mi Pequeño G., con lo a gusto que había estado siempre con su tetita, estaba tomando papillas de fórmula, sí así de dramática era en los comienzos). Las dos tomas de fórmula con cereales coincidían con los momentos en los que yo no estaba en casa, las de media mañana y de media tarde, porque yo también tengo jornada completa y partida como le sucede a Díasde48horas. Los primeros días intenté sacarme leche, pero he sido absolutamente nula en este tema, lo he intentado con dos tipos de aparatos (de esto también hablaré en otro post) y no ha habido manera de sacarme suficiente leche, siempre salía pero no lo bastante.

Y así han pasado los meses, y tras la introducción de la alimentación complementaria, y a sus casi 12 meses de vida, nada ha cambiado (qué orgullosa estoy de ello ji ji, nuestro empeño le hemos puesto), Pequeño G. sigue con su ración de teta después de cada comida, salvo las dos que no estoy en casa de lunes a viernes, pues los fines de semana y vacaciones hace el mismo número de tomas que cuando era un bebé, unas 8, después de cada comida, teta, cuando no toca comida, teta, por las noches se despierta a por su teta, y así seguimos y ojalá sigamos muuuucho tiempo más.

He de decir como apunte final dos cosas: (i) gracias Pequeño G. porque has sido un niño muy muy ordenado, has demandado la teta como si tuvieras un reloj dentro, haciendo todo mucho más fácil y habiendo contribuido muy mucho a nuestra continuación con la lactancia materna después de mi incorporación al trabajo, y (ii) la lactancia materna para mí está siendo una de las experiencias más alucinantes de la vida y cada día me asombro más del cuerpo humano y de lo que es capaz de hacer, así es que me quito el sombrero ante la Madre Naturaleza por darnos estas maravillas.

Y vosotras, ¿cómo lo habéis hecho? ¿ha supuesto un problema en vuestra lactancia materna la incorporación al trabajo?

Nos leemos pronto.

Mamá G.