Érase una vez una encía morada…

El otro día, echando su aceite a Pequeño G después del baño, desnudito encima de su toalla, que es como más le gusta estar en la vida, pues, como siempre, se partía de la risa, abriendome y cerrándome las cremas y jugando conmigo a darme sus pies para que me los comiera.

En medio de esta idílica escena, de repente veo algo raro: parecía que tenía algo morado en la encía de la derecha, arriba. «No puede ser, será la sombra de la comisura del labio». Seguimos con nuestras cosas.

Pero ahí estaba otra vez esa «sombra», era muy difícil de percibir si no le abrías la boca tú porque está justo encima de la comisura del labio al reir. O sea, es la encía de una muela. Como me pareció verla otra vez, ya tuve que meter el dedo para poder verla bien…una bola morada morada era esa parte de la encía…ayyysss!

El susto que me llevé fue bastante grande. En cuanto vino Papá G, se lo mostré a él también a ver que le parecía. Entre los dos pensamos que sería algo relacionado con los dientes, evidentemente por la ubicación del ematoma…en una encía poco más puede ser, pero oye, como aquello estaba tan hinchado y tan morado, pedí cita para el pediatra al día siguiente.

Así que allí nos plantamos. Cuando nos nombraron y entramos, le conté mi hallazgo del día anterior y la buena mujer, cogió su instrumental y se puso manos a la obra para tratar de verlo bien entre los lloros de mi hijo que no se deja urgar nunca jamás. Carácter no le falta, no.

Cuando acabó, no mostró la más mínima preocupación, algo que me tranquilizó profundamente. Me dijo que tenía las cuatro muelas listas para salir, porque las encías estaban ya muy transparentes en esa zona. Y que justo esa, estaba como estaba porque, seguramente, al hacer presión la muela hacia abajo para romper la encía, por su camino se habría llevado alguna venita, y si no la había roto, se había formado una especie de ematoma, un moratón de toda la vida, pero en la encía, por lo tanto nada de que preocuparse. Se iría sólo cuando saliera la muela.

A mi me extrañó que le estuvieran saliendo las muelas porque no tiene los dientes anteriores a las muelas, tiene los cuatro de arriba y tres de abajo, pero aún le faltan los colmillos antes de llegar a las muelas, sin embargo ella me dijo que los dientes no tienen por qué salir en orden, que pueden salir como quieran…ya aprendí algo nuevo aquel día.

También me dijo que lo estaba pasando muy mal, que la salida de las muelas es muy dolorosa, y que a él se le habían juntado las cuatro…que le diera paracetamol si veía que lo necesitaba. En este punto podéis imaginaros mi cara de póker mirando a esta buena mujer…¿lo está pasando muy mal? No le veo pasarlo nada mal, no tiene fiebre nunca, no se queja de la boca jamás mi pobre hijo, está siempre jugando tan simpático, tan risueño, lo único que tiene es mucha rabia que le viene de repente y se vuelve loco por morder algo, pero le dura una décima de segundo (de verdad, no llega a un segundo) y en cuanto muerde durante esa décima de segundo su propia mano vuelve a jugar tan pichi como antes. ¿De verdad lo está pasando mal? A lo mejor tiene un umbral del dolor muy alto y tolera todo estupendamente (no se parece a mí entonces, que quejica soy un rato y cualquier cosa me duele muchíiiisimo).

Así es que, a día de hoy, así estamos, tenemos una muela prácticamente fuera ya, con todos sus piquitos, la parte de las encías correspondiente a otras dos muelas muy blanquitas y un moratón en la cuarta. Esperando a que se vaya con la llegada de la muela.

¿Qué os parece? ¿Os ha pasado algo así con la salida de los dientes?

Besos.

Mamá G.

La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy – Séneca.