Reto: Music On

Vamos que nos vamos…un mes extacto después de que mi amiga Liela, de Desde Tú nos retara con este pedazo de reto, pues vengo yo a unirme a él!

NuestrasCanciones

Me encanta la idea de que entre nosotras nos vayamos lanzando retos, ideas de entradas, o como queramos llamarlo, y Liela (que, por cierto, tiene un blog estupendo al que si no habéis entrado aún, os recomiendo que lo hagáis ahora mismo) siempre tiene buenas ideas y lanza cositas de estas.

Lo dicho, que allá va la banda sonora de mi vida! Espero que os guste!! Vamos a animar el viernes!!!

  • Una canción que asocie a mi pareja.

Je t’aimais, je t’aime et je t’aimerai (te quise, te quiero y te querré) – Francis Cabrel – Mi amor, que es muy romántico, me dedicó esta canción hace años, y desde entonces es «la suya».

  • Una canción que asocie a mi hijo.

The wheels on the bus – obviamente, no podía ser otra!! Se me ilumina la cara de escucharlo y le echo de menos por aquí ahora que está dormido…es su canción desde siempre, le encantan los buses, se emociona como nada cuando ve uno en la calle y es escuchar esta canción y ponerse a señalar todo con su dedito!! Mi corazón!!!

  • Una canción que asocie a mi pareja y a mí.

La vie en rose – Edith Piaf – Es nuestra canción, claramente, la que escogimos para nuestro primer baile como casados, la que bailamos llenos de emoción y uno de los momentazos de mi vida que recordaré siempre!

 

  • Una canción que me de buen rollito.

Banana pancakes – Jack Johnson– No me digáis que no da buen rollito…es la pera!! Uno de mis favoritos…la escuché muchíiiiisimo durante mi embarazo y se la cantaba taaaanto a Pequeño G que creí que iba a salir con cara de Jack Johnson…

  • Una canción que sea triste.

Recuérdame – Pablo Alborán – Ayyyyy muy bonita muy bonita pero muuuuuuy triste…qué pena tan grande da ésta canción…se me encoge algo por ahí dentro…

  • Una canción que me recuerde a mi infancia.

Punky Brewster – OBVIO tenía que meter esta aquí! Una banda sonora de mi vida no estaría completa sin la canción del comienzo de Punky Brewster!! Me recuerda taaanto a mis veranos, a levantarme con mi hermano y ponernos los dos a desayunar en el salón viendo Punky Brewster. Al acabar nos poníamos el bañador y a buscar a los amigos por las ventanas de sus casas, sí sí, a grito pelao como se hacía antes, y hala en bici todos a la piscina…para qué querías más! LA FELICIDAD!!!

  • Una canción que me recuerde a mi adolescencia.

Pienso en aquella tarde – Pereza – Ayyyyy que no hemos bailado estooooo…toooodas las discotecas de Madrid la ponían y la ponían…sin parar!! Qué recuerdos…!!

  • Una canción que haya escuchado en el último concierto al que haya ido.

Sugar – Maroon 5 – 18 de junio, Palacio de los Deportes (o Barclaycard Center como se llama ahora…) ahí estabamos Papá G y yo en la primera salida después de ser papás solos solitos…fue el regalo de Papá (G) Noel de la Navidad anterior y llevaba muuuucho tiempo esperando verles!! Qué bien lo pasamos y qué estupendos estuvieron!! Cerraron el concierto con Sugar y fue impresionante!! Besos para Maroon 5 que seguro que me están leyendo 😉

  • Una canción que se me venga a la mente muchas veces y odie profundamente.

Rolling in the Deep – Adele – Lo siento en el alma pero no soporto a esta chica…no me ha hecho nada…no es nada personal…pero nací así de serie, con una grave aversión hacia Adele…no sé por qué…no aguanto esta canción y cada vez que se me viene a la mente, que lamentablemente es bastante, sufro…así soy yo…siento haberos estropeado la fiesta al meter a esta mujer después de los MAROON 5…

  • Una canción que me relaje.

Sunday morning – Maroon 5 – repito con Maroon 5 pero es que esta canción tiene un no se qué que me encanta, no es que sea muy paradita pero a mi me relaja, me pone de buen humor, y me da paz!!! Me encanta!

Compartís alguna conmigo??

Gracias a Liela de nuevo!!

Que tengáis un finde estupendo!! Besos!!

Mamá G.

Nuestro viaje (Parte III)

Buenos días!

Acabar con el trabajo está siendo complicado. Mucho que cerrar y dejar bien para el siguiente que ocupe mi puesto…pero a partir de la semana que viene tendré tiempo y volveré a ser yooo!

Hoy quiero contaros la última parte de nuestro viaje. El último día, el lunes. Las aventuras correspondientes al sábado y al domingo las tenéis aquí y aquí.

Nos despertamos relativamente pronto, era el día que había que hacer las maletas y dejarlas en la recepción de los apartamentos antes de las 11.00. Así que nos despertamos con el tiempo suficiente para dar a Pequeño G su desayuno y organizar todo. Nuestros amigos reservaron para subir a la cúpula de San Pedro, algo que nosotros no hicimos porque lo vimos algo tedioso con un niño, así que de nuevo hicimos nuestro plan alternativo.

A las 11, y después de despedirnos de la casera que fue todo un encanto y que se tiraba ratos y ratos hablando con Pequeño G y jugando con él mientras nosotros cerrábamos las maletas o acabábamos de prepararnos (pese a que sólo hablaba italiano y nosotros no), nos fuimos a desayunar, a nuestra cafetería de siempre.

Después de desayunar nos dirigimos al Campo de’ Fiori, una plaza romana llena de encanto, al sur de la Piazza Navona. Hasta el siglo XV, en el lugar donde hoy está la plaza, había un campo florido, del cual viene su actual nombre. Hoy en día es un lugar de mercado, de lunes a sábado decenas de pequeños mercaderes ponen sus puestos vendiendo productos artesanos y productos típicos, pasta (evidentemente) de todos los tipos, colores y formas, aceites de oliva, especias para cocinar…un lugar muy agradable por el que pasear y curiosear si te gusta la cocina italiana y los mercaditos.

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Campo de’ Fiori – Imagen: Fuente

 

 

Una vez que paseamos y callejeamos un rato entre los distintos puestos, nos dirigimos hacia una de las calles que dan a la plaza, allí, por sorpresa encontramos una pequeña heladería. Sólo preparaba helados de frutas, pero eran totalmente artesanales, y como hasta entonces no habíamos tenido la oportunidad de degustar un helado italiano en condiciones, allá que fuimos. Escogimos un cucurucho para compartir, con dos sabores: trionfo di frutta (es una receta típica italiana donde se mezcla el melón, la sandía, el kiwi, la fresa, la piña y en ciertas recetas encuentras también coco) y limón. Estaba espectacularmente bueno. De verdad, yo no soy de helados precisamente, pero aquel me supo a gloria.

Nuestro plan era dirigirnos al Panteón de Agripa, en la Piazza della Rotonda, entre la Fontana de Trevi y la Piazza Navona, con lo cual teníamos un caminito andando, pero el tiempo estaba estupendo y además teníamos un helado para endulzarnos el camino.

Y como siempre ocurre, lo mejor pasa cuando no lo planeas. Por el camino nos topamos con una maravilla: La Feltrinelli. Es una librería, nos llamó la atención por su tamaño y por que en el piso superior se veía a través de los ventanales a la gente tomar algo en la cafetería (y porque casi siempre me paro en las librerías).

Entramos simplemente por curiosear y nada más entrar, el lugar ya me envió una señal en forma de libro: Raffaello Segreto. Nada me puede atraer más que un libro sobre los secretos que esconden las pinturas renacentistas y como ya os comenté, Rafael es mi pintor favorito, por lo que un libro con los entresijos de las obras de Rafael era algo que no podía deja escapar! Así que emocionada cogí una cesta y metí el libro. Después de ojear un poco lo que había, subimos de piso hasta el segundo, en el que se ubica la sección infantil. Una pasada!! Un espacio verdaderamente habilitado para niños, desde los más bebés hasta los más niños. Unas mini mesitas y unos tapices en el suelo para los más peques en el centro de un semicírculo llenito de cuentos super chulos. Así que allí nos sentamos los tres y nos pusimos a coger cuentos y más cuentos. Nos pasamos un buen rato mirando, leyendo, jugando (también había muñecos) y escogimos varios de los cuentos que más gustaron a Pequeño G para llevárnoslos a casa.

Una vez que salimos de La Feltrinelli, que si vais a Roma con niños, recomiendo encarecidamente, continuamos nuestro camino hasta el Panteón.

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Visitando el Panteón, Pequeño G y yo.

 

Lo más interesante de este lugar, para mí, es la tumba de Rafael, que murió el 6 de abril de 1520 (el mismo día en que nació 37 años atrás…curioso, no?). El epitafio que podemos leer en la tumba es bellísimo: «Aquí yace Rafael, por quien la Naturaleza, la Gran Madre de todas las cosas, temió ser vencida mientras estaba en vida. Hoy que ha muerto, ella misma teme morir».

Una vez que salimos del Panteón, nos fuimos caminando hasta juntarnos con nuestros amigos para comer, y de camino, de nuevo, nos encontramos con una tienda-taller, cuyo nombre no recuerdo, lo siento, en el que se fabricaban numerosos artículos de madera. Era una tiendecita llena de encanto, y nosotros, compramos este relojito para el cuarto de Pequeño G, con su nombre grabado.

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Ya no nos quedaba más que comer, saborear la última pizza romana que íbamos a tomar en compañía de nuestros amigos, y salir hacia el aeropuerto.

Así se pone fin a un viaje maravilloso, que siempre recordaremos con todo el cariño del mundo.

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Pequeño G despidiendo Roma.

Llegó el momento

Buenos días a todos!!

En primer lugar, mis disculpas por no haber aparecido por aquí en algo más de una semana, pero hay una importante justificación.

¿Recordáis que aquí os contaba que necesitaba un cambio? Pues ese cambio llegó!

En la vida de una persona, a veces llega un momento que se convierte en punto de inflexión. Puede ser un hecho que nos acontezca, puede ser algo que veamos,… en mi caso han sido unas palabras de una persona cercana. «Así tampoco vas a ser feliz«.

Y es que muchas veces tendemos a «engañarnos» o «conformarnos», tratamos de creernos que nos va bien, que somos felices, porque por fuera eso parece. Yo tengo un buen trabajo, un buen sueldo, una familia a la que adoro, unos amigos estupendos, un marido que vale su peso en oro y al cual no puedo querer más y un hijo que es mi vida. ¿Qué más se puede pedir?

Pues aún así, algo no encajaba, pese a tener todas las notas, la melodía no sonaba bonito…y yo lo sabía, sabía por dónde desafinaba el tema…eran las horas, las horas del día que nunca eran bastantes, porque no podía emplearlas en mi hijo, tenía que robar horas al trabajo y al sueño para pasarlas con mi hijo…y eso no debe ser así.

Pese a saberlo, trataba de decirme a mí misma que tenía todo lo que a muchas personas les gustaría tener. Que había estudiado muchos años para estar en la cresta de la ola, y que en el fondo es ahí donde quería estar. Es lo que se llama engañarse a sí misma.

Por ello, por saber dónde estaba el problema, empecé a moverme, a intentar solucionarlo, a intentar encontrar una solución que me permitiera desarrollar mi carrera y mi profesión y criar a mi hijo. He estado meses buscando, entrevistándome con gente, trabajando duro,…hasta que un día esa persona me dijo la frase reveladora, la frase que hizo que en mi mente se oyera un «clic«: «así tampoco vas a ser feliz«.

¡Cuánta razón! No estaba encontrando nada que me convenciera. Sin perder mucho en sueldo, no encontraba un horario que me gustara, a lo mejor adelantaba una hora o dos la hora de salida, pero ello supondría llegar a mi casa tarde igualmente…

Así que tomé una decisión. Rápida pero meditada. La consulté con toda la familia, como se toman las decisiones en mi casa…todos me apoyaron, especialmente mi marido , que vive conmigo, que sabe lo que pasa por mi cabeza, y que sabe lo profundamente infeliz que me hacía el horario que tenía.

Sé que es la decisión correcta, porque cuando una decisión se toma sola significa que era lo que sentías pero que no te atrevías a decir en voz alta. Pues lo dije. Lo dije en voz alta, y todo el que me escuchó estuvo de acuerdo.

La vida es cuestión de prioridades. Está bien luchar por conseguir todo, yo he tratado de hacerlo. Pero el tiempo pasa, y mi hijo va cumpliendo meses y va creciendo, y entre tanta lucha que no parecía llegar a ningún lado, mi vida se iba pasando y yo me iba perdiendo el desarrollo de mi hijo, su día a día, sus despertares, sus siestas, sus horas de parque, sus meriendas, todo vamos.

Por lo tanto, ahora sí, soy feliz. No puedo quitar la sonrisa de mi cara. El tomar esta decisión ha sido como quitarme un peso de encima, algo que llevaba arrastrando y que no me dejaba avanzar.

Mi plan de vida desde el próximo martes es especialmente atractivo: ser mamá.

Muchas gracias por leerme, y por preguntarme y preocuparos durante este tiempo!

Un beso enorme!!!!!!!!

Mamá G.

Reto Supermami: cosas que cambian tras la maternidad.

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Buenos días! Hoy vengo con el reto que acepté el viernes pasado y que nos proponía Liela de Desde Tú. Aquí lo tenéis.

El reto consiste en escribir un post contando qué es lo que ha cambiado en nuestra vida una vez que hemos sido mamás (para el caso de las que lo somos) y qué es lo que creen que va a cambiar para el caso de las que aún no lo son.

Pues bien, en mi caso, suscribo todas y cada una de las cosas contadas por Desde Tú y por Almademami que se sumó al reto ayer, y además añado las siguientes:

  1. Dormir del tirón: Desde hace algo más de 12 meses que Pequeño G. llegó, no duermo del tirón. Ya comenté aquí que no sabía si era por la lactancia materna o no, pero el caso es que es bastante bebé todavía y se sigue levantando a por su ración de teta un par de veces cada noche, por lo tanto, eso de levantarte después de dormir 13 horas y juntar el desayuno con la comida…se acabó!
  2. Ver una peli seguida después de cenar: si dormir del tirón lo echo de menos esto ya lo echo muuucho de menos. Me encanta el cine, y siempre he sido de las que después de cenar se ponían una peli mientras me tomaba mis cereales con leche que tanto me encantan. Pues bien, esta estampa ha pasado a mejor vida, y es que, como contaba aquí, Pequeño G. es de naturaleza trasnochadora, por lo que, normalmente, después de cenar, todavía tiene cuerda para rato, así es que hemos sustituido las pelis por los cuentos, los coches y las carreras por el pasillo detrás del campeón de los 100 metros lisos en gateo.
  3. Leer: Ya sabéis que me encanta leer. De toda la vida me he devorado libros uno tras otro. Tengo mis géneros favoritos, pero no creas que he sido muy exquisita, he leído de todo. Pues desde hace un año estoy estancadísima. No leo nada de nada. A veces, ingenua de mí, hago el intento, cojo un libro y a los dos minutos de reloj, mis ojos se han caído. Estoy roncando casi…y es que estoy muerta del sueño, no puedo leer, y lo poco que leo ahora se centra en la crianza.
  4. Ir al cine: esto se puede hacer extensible a cualquier otra actividad, ir al teatro, ir a un museo, ir de compras para una misma…y es que Pequeño G. hasta ahora ha sido muy bebé y no he podido hacer nada de esto. Cuando yo estaba de baja, no me he podido ir al cine y dejarlo porque si pedía teta ¿qué? Y ahora que no estoy de baja no le dejo con nadie los findes porque son mis dos días para disfrutar al 100% de él, por lo que, en definitiva, la última peli que vi en el cine es El Niño, el día de nuestro primer aniversario de boda, embarazada yo de 37 semanas…
  5. Cocinar algo elaborado: ayyyy esto también lo echo de menos! Me encanta cocinar, me encanta inventar cosas nuevas, hacer platos que no había hecho antes, tengo mis libros de cocina, tengo mi cocina, tengo todo, pero no tengo tiempo para hacer nada. Veréis, yo trabajo durante todo el día fuera de casa, y cuando llego, ya bastante tarde, no me da tiempo más que para bañar a Pequeño G., darle sus cereales, y darle la teta, cuando acabo de hacer estas tres actividades ya es la hora de cenar de los adultos, por lo que no me voy a poner a hacer nada, primero porque Pequeño G. sigue despierto y me gusta jugar con él, ya que durante el día no estamos juntos, y segundo porque nos pondríamos a cenar a las 12, algo que no es viable, así que nuestras cenas son de lo más ligeras y simples.
  6. Monotema, yo??: sí sí, no me digáis que no! Nos hemos convertido en las petardas que antes mirábamos como diciendo…y esta pesada no tiene otra cosa en su vida para que sólo hable de sus hijos? Exacto, desde que te conviertes en mamá sólo hablas de tus hijos (hay raras excepciones, pero vamos a generalizar) y es que quedas con alguien (ja! nunca quedas con alguien) o hablas por teléfono con alguien, y el tema se centra en más de un 70% en tu hijo.
  7. Tener todo: no existe esto. Es una ficción. Cuando ves en las pelis americanas a una mamá mega rubia con el pelo planchado y fijado con laca, alta, delgada, vestida con un traje ajustado de falda lápiz y americana a juego de Armani Prive, unos stilettos Louboutin y una manicura francesa perfecta en sus delicadas y cuidadas manos con las que sujetan una taza rebosante de café humeante y un iPhone con el que no para de atender llamadas de la oficina porque es una súper mega ejecutiva imprescindible sin la cual la empresa no toma ni una decisión, pero luego llega a buscar al colegio a sus hijos, a llevarles a sus actividades extraescolares, a preparar una cena riquísima, a cenar todos en familia, a acostar a sus maravillosos hijos, a estar en el sofá abrazada a su marido (que suele ser un buenorro de libro) junto a una chimenea humeante, y a acostarse a las 10 de la noche. Esto es lo que vemos en las pelis, y la realidad es otra muuuuuuuy distinta, la realidad la forjas a base de decisiones. ¿Quieres ser una mega ejecutiva brillante? No verás a tus hijos más que en las fotos del móvil que te las irá mandando quien se quede a su cuidado. ¿Quieres recoger a tus hijos del cole y llevarles a sus actividades extraescolares y hacerles la cena? Pues no serás ninguna mega ejecutiva agresiva, y así sucesivamente. La maternidad es una elección ya de por sí, y su desempeño conlleva elecciones también. Triste, pero cierto.
  8. Los abrazos mañaneros: oye, pero no todo van a ser cosas que he dejado de hacer, porque la vida te cambia para mejor, y porque estar profundamente dormida y que antes del despertador oigas a Pequeño G. en su cuna hablándote y extendiendo su mano para tocarte la cara…eso sí que paga todo lo que dejas de poder hacer. Todas las mañanas lo cojo y lo meto en la cama con nosotros un rato hasta que suena el despertador, y desde luego, es mi rato favorito del día, que los fines de semana dura mucho más.

Muchas gracias a Desde Tú por iniciativas como esta, y que paséis un día estupendo!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

La habitación del bebé que no es tan bebé

¡Hola chicos!

Qué alegría, que alboroto…LUNES! Vaya M….

Bueno, no pasa nada, deportividad, ya queda menos que ayer para que vuelva el finde (lo sé, está fatal vivir pensando en el finde ya, pero una, que se pasa mil horas al día en la oficina, prefiere estar de fin de semana…).

Hoy vengo a contaros lo que deberíamos haber hecho este finde y no hemos hecho: dar vueltas y más vueltas para encontrar cositas monas que nos gustaran para cambiar un poco el cuarto de Pequeño G. Queda pendiente para la próxima ocasión.

Y es que Pequeño G. se acerca peligrosamente al año de edad…y eso significa que ya no es tan bebé como a mí me gusta pensar…él gatea que se las pela por todas partes, pero no sabemos por qué siempre tiende a ir a la misma esquina del salón a jugar. Mira que es grande el salón oye, pues sólo va a esa esquina, donde además (oh, casualidad de la vida) se concentran dos de los picos más peligrosos del mueble grande… En fín, que ya que se pasa la vida en el suelo jugueteando a sus cosas, se nos ocurrió (más a mí que a Papá G.) cambiar un poco su cuarto, porque a día de hoy, no vale para nada.

El cuarto ahora mismo tiene los siguientes elementos a eliminar:

  1. Un cambiador: ya es muy mayor para cambiadores de mueble, y dicho mueble sólo me vale para guardar sus cosas del baño, el resto de cosas que hay no me valen para nada ya (creo que hay hasta compresas post-parto que me dieron en el hospital…tela). Cuando le cambie, a partir de ahora le cambiaré en el maravilloso cambiador portátil que Carmen, de Nosoyunadramamá ya elogió como se merece aquí. Así gano mucho espacio en el cuarto.
  2. Una mesa y una silla monísimas: en los orígenes las cogí prestadas de Mamá de Mamá G. para poner la lamparita de mesa y la silla cómoda para darle el pecho. ¿Qué pasó? Que las habré utilizado dos veces en total en mi vida…porque creo que le he dado el pecho en todas partes menos en su cuarto. Así es que ambos muebles serán devueltos a Mamá de Mamá G. para hacer más espacio también.
  3. Un mueble que nos regaló Tía de Mamá G. cuando amueblamos la casa. Al ser blanco lo quisimos poner en el cuarto de Pequeño G. (antes de existir el proyecto Pequeño G.) pero no nos vale para mucho porque no es muy grande, y además es estrecho, así es que no puedes almacenar muchos juguetes.

Una vez eliminados estos elementos, vamos a incorporar los siguientes:

  1. Una mesa y una silla de niño. Desde hace tiempo quería una mesa para que Pequeño G. pudiera trastear y experimentar a gusto con distintos materiales, texturas… Sí, sé que es muy pequeño, pero como no tengo intención de volver a cambiar el cuarto hasta el día en que meta una cama dentro, pues lo quería poner ya.
  2. Un mueble de almacenaje en condiciones: Pequeño G. tiene una cantidad ingente de juguetes que no hay manera de ubicar. Así es que necesitamos un mueble en condiciones, donde meter cajitas para ir colocando sus juguetes. Este mueble tiene otra importante función y es que, es abierto y las cajitas están a la vista, con sus juguetes, luego él mismo, sin nuestra ayuda, podrá sacar y recoger sus juguetes solo (olé toque Montessori que he metido aquí).
  3. Una pequeña biblioteca: los libros de Pequeño G. aún no son tantos como para llenar una biblioteca, pero poco a poco, todo se andará, y me gusta que tenga una biblioteca a la vista donde poder ver sus libros expuestos.

Pues bien, todo esto es lo que deberíamos haber hecho y no hemos conseguido hacer este fin de semana (muy mal, fatal), así es que queda pendiente! Si es que los findes son muy cortos…no da tiempo a hacer nada!!

¿Qué os parece? ¿Cómo tenéis los cuartos de vuestros pequeños?

Ánimo con el lunes, que la fuerza os acompañe!

Nos leemos pronto.

Mamá G.

El bilingüismo en un niño

¡Hola de nuevo!

Hoy traigo un tema que me afecta personalmente como es el bilingüismo.

Ya expliqué aquí que Papá G. no es español, por lo tanto, nosotros en casa hablamos a Pequeño G. en el idioma de Papá G.

El problema es que Pequeño G. pasa todo el día en casa de Mamá de Mamá G., pues al no ir a la guardería todavía, es ella quien se encarga de cuidarle mientras Papá G. y yo trabajamos. Así es que durante todo el día habla español.

Entro eso y que vivimos en España, ando algo angustiada pensando que no sea suficiente el tiempo que Pequeño G. interactúa con el idioma de Papá G.

Así es que, como sé que muchas tenéis la coyuntura del bilingüismo también presente, pensé en escribir sobre ello a ver si me aportáis luz al tema.

Lo que he leído al respecto no me alienta mucho, pues veo que el idioma que predomina en el niño es el que llaman el “idioma social”, es decir, el idioma en el que interactúa con los demás una vez que aprende a interactuar, se entiende. Esto es, el español, pues vive en España, durante el día habla con mi familia en español, sus amigos del cole serán españoles,…y solamente en casa hablará el idioma de Papá G.

Obviamente, siempre se puede reforzar “académicamente” acudiendo a clases extraescolares y demás técnicas, pero sería preferible si lo sacara de casa de manera natural a tener que andar yendo a clases para reforzarlo…

El problema es que cuando yo estoy sola con él, hablo español,…y aquí entono un mea culpa, porque debería hablarle exclusivamente en el idioma de Papá G. pero me sale así, me sale hablarle a mi hijo en mi idioma, aunque hago el esfuerzo cuando estamos los tres, de hablar el otro idioma, cuando estoy sola no me sale, mi cerebro piensa en castellano.

Otro problema: las salidas con amigos. Tenemos un par de parejas de amigos muy cercanos: Amiga del Alma 1 y pareja, y Amiga del Alma 2 y pareja. Cuando salimos con ellos (Pequeño G. siempre se apunta a estas quedadas), hablamos castellano con él. Aquí entono yo el mea culpa de Papá G. porque no tiene perdón, siendo él no-español, que hable en español a su hijo cuando estamos fuera con amigos (sí, cariño, es así).

En definitiva, que me consta cuales son los dos puntos que tenemos que mejorar, pero aun así, si Papá G. y yo le habláramos exclusivamente en el idioma de Papá G. (con amigos, sóla, acompañada y de cualquier manera), no sé si sería suficiente viviendo aquí y pasando el día entero en casa de Mamá de Mamá G…

¿Qué opináis? ¿Algún consejo que me podáis dar? ¿Cómo lo hacéis vosotras?

Muchas gracias.

Nos leemos pronto.

Mamá G.

Dime cómo duermes y te diré quién eres

¡Hola!

El otro día (yo soy muy de esta expresión y a lo mejor se trata de un día de hace dos meses y medio, pero bueno, ya me iréis conociendo…) leí un artículo que me hizo gracia, pues indicaba que según cómo duermes con tu pareja, un señor, que dice ser experto en el tema, puede venir y decir cómo vais como pareja en ese momento.

Ya…comprendo…pues a ver, yo, de toda la santa vida he dormido y duermo y dormiré de lado y mirando hacia fuera de la cama. Nunca miro hacia la cama, ¿por qué? Por la misma razón por la que me gusta más el color naranja que el amarillo…o sea por nada en especial, porque la vida es así y punto. Duermo así de toda la vida, desde que dormía en mi camita de casa de mis padres, siempre de lado mirando hacia fuera de la cama.

Papá G. duerme igual que yo más o menos, pero él pertenece a una facción más radical porque literalmente tiene que tener la cabeza fuera de la cama, poco más y le cuelga un día…

Así es que ni nos rozamos ni nos rozaríamos por muchas ganas que tuviéramos porque dormimos bastante lejos el uno del otro (tampoco tan lejos, mi cama es de 1.40 m).

Vamos que según este artículo, si ese señor tan experto viene a mi casa mientras dormimos (no por favor, ¡vaya susto!), diría que nuestra relación está en sus últimas, es muy mala posición para dormir una pareja porque, parece ser que necesitamos poner distancia de por medio.

Bueno vale, ¿y esta tontería? estaréis diciendo…pues nada, que a raíz de leer este artículo se me ha ocurrido contaros como son nuestras rutinas por las noches desde el día que Pequeño G. llegó.

Hasta ese día yo siempre he sido de dormir (y Papá G. más casi…) pero de dormir dormir, o sea, de despertarte del dolor de cabeza que te ha producido dormir 13 horas (se sobrentiende que este lujo, porque es un lujo, lo hacía los fines de semana, vacaciones y fiestas de guardar) y juntar casi el desayuno con la comida.

Una vez que empezamos a ser una familia de tres, la fiesta cambió de temática. Pequeño G. como todo niño pequeño, se despertaba cada tres horas a comer y allí estaba su madre (una servidora) con su teta para darle de comer y volverle a acostar. Pero siempre en su cuna. ¿Por qué? Por dos razones: (i) Pequeño G. siempre ha sido de dormir de maravilla, sólo se ha despertado por las noches a comer, y se despierta dormido y come dormido, así es que no requiere ningún esfuerzo acostarle de nuevo, vamos que no abre ni el ojo, todavía a día de hoy es así, y siempre ha dormido y descansado de maravilla en su cuna, nunca se ha quejado para nada, entonces ¿por qué poner a dormir al niño en nuestra cama cuando en su cuna duerme fenomenal, despertándose para comer las veces que necesite, comiendo estupendamente y volviéndose a quedar frito al instante?, y (ii) porque me daba pánico no, lo siguiente, meter a Pequeño G. tan tan tan tan tan tan chiquitirritín en nuestra cama, me imaginaba una escena en la que aplastábamos a nuestro Pequeño G. o le hacíamos daño o vete tú a saber cuántas historias más.

La cosa cambió un poquito. Todo empezó en una escapada que hicimos los tres cuando Pequeño G no había cumplido aún los cinco meses. El hotel nos proporcionó una cuna que dejaba bastante que desear y el frío que hacía en la habitación era muy considerable, vamos, que tuvimos que sacar las típicas mantas gordas marrones que están en los altillos de los armarios de los hoteles para añadir una capa más a la cama. Os estoy hablando de finales de enero. Así es que me moría de la pena de ver a mi Pequeño G. en esa cuna, tan tan bajito, casi a ras de suelo, y con tan poca ropa de cama que le pusieron. Así fue como le metí en nuestra cama gigante bien tapadito entre los dos. Ni que decir tiene que esa noche no dormí prácticamente, dormí a cabezadas, despertándome cada rato, dada mi inexperiencia en esto del colecho y mis miedos rondándome la cabeza en cuanto al aplastamiento se refiere.

La siguiente noche, ni intentamos meterlo en su cuna, directamente se durmió con nosotros y algo mejor dormí yo al ver que de la experiencia de la noche anterior, mi Pequeño G. había salido airoso sin ningún hueso roto.

Total que a día de hoy nunca dormimos toda la noche los tres juntos porque siempre lo acostamos en su cuna (la cuna está en mi lado de la cama a un palmo y medio de mí), pero muchas veces cuando se despierta para comer, lo meto en nuestra cama, porque no sé si hay muchas más sensaciones tan bonitas para comparar…la verdad es que si no me diera pánico (me sigue dando un poco) lo metería más a menudo (contribuiría mucho el hecho de tener una cama más grande…), despertarte con su mano en tu cara es una cosa inexplicable, y sí, cuando él está en el centro de la cama, duermo mirando hacia dentro de la cama, a lo mejor significa que nuestra relación es mucho más bonita ahora que somos tres…

¿Y vosotros? ¿Practicáis el colecho? ¿No os da miedito como a mí?

Pasad un muy buen fin de semana!! Nos leemos pronto.

Mamá G.